Un juicio sin precedentes busca frenar el paso de megabuques por un área específica del Golfo de California y blindar uno de los santuarios marinos más importantes del planeta.
El Golfo de California, uno de los ecosistemas marinos más importantes del planeta, se encuentra en el centro de una batalla legal sin precedentes: un juzgado federal concedió una suspensión definitiva a favor de las ballenas que habitan y migran por esta región, medida que impide el ingreso de buques metaneros vinculados al Proyecto Saguaro, diseñado para exportar más de 15 millones de toneladas anuales de gas natural licuado hacia Asia.
La resolución frena el tránsito de megabuques de más de 300 metros hasta que se emita sentencia final, marcando un precedente en la defensa de la biodiversidad marina y reabriendo la discusión sobre declarar al Golfo como hábitat crítico.
Mucho antes del litigio el Golfo de California ya era un santuario. Conocido como “el acuario del mundo”, este mar semicerrado concentra una biodiversidad excepcional y es zona clave de alimentación, reproducción y migración de cetáceos.
El biólogo marino Omar García Castañeda, especialista de la Facultad de Ciencias de la UNAM, explica que su riqueza responde a condiciones naturales únicas. “Tiene ciertas peculiaridades, desde el ambiente y su latitud, que hacen que tenga temporadas y zonas muy específicas para la vida marina”.
Entre sus especies emblemáticas destaca la ballena de aleta, el segundo animal más grande del planeta. A diferencia de otras especies migratorias, en el Golfo existe una población residente. “Aquí nacen, aquí crecen, aquí se alimentan, aquí se reproducen, aquí hacen todo”, afirma el especialista, al subrayar su aislamiento genético.
Pero el santuario está bajo amenaza. La ruta proyectada para los buques del Proyecto Saguaro cruza el centro del Golfo, una de las zonas de mayor productividad biológica y tránsito de cetáceos. Para científicos y ambientalistas, el riesgo es directo.
“Actualmente llegan a medir 300 metros; en comparación, el registro histórico más grande de una ballena azul es de 30 metros”, explica García Castañeda. La conclusión es contundente: “Si colisionan con una ballena no lo sienten”.
A ello se suma la contaminación acústica. “Lo usan para todo”, resume sobre el papel del sonido en la orientación, alimentación y reproducción de ballenas y delfines.
El tránsito constante de megabuques, advierte, puede alterar comportamientos vitales y rutas migratorias.
Para especialistas el problema no es solo la presencia de barcos sino la transformación de un corredor biológico en una ruta industrial, expuesta a colisiones, ruido submarino y riesgo de derrames.
Blindaje
Entre los más de diez juicios de amparo que actualmente tienen frenada la construcción de la planta de licuefacción de gas natural licuado (GNL) Proyecto Saguaro destaca la demanda interpuesta por las ballenas como quejosas en septiembre de 2025 y que exige la revocación de las autorizaciones de impacto ambiental del proyecto; su reconocimiento como seres sujetos de derechos en México, y la declaratoria del Golfo de California, su hogar, como hábitat crítico.
“El juzgado encargado otorgó a mediados de marzo la suspensión definitiva a las ballenas, ordenando a las autoridades responsables suspender y abstenerse de permitir el acceso de buques metaneros vinculados a dicho proyecto al Golfo de California”, dio a conocer en conferencia de prensa Nora Cabrera, abogada y directora de la organización ambientalista Nuestro Futuro.
Para Cabrera el litigio no se limita a detener temporalmente el tránsito de megabuques: uno de los objetivos de fondo es lograr que el Golfo de California sea declarado hábitat crítico, figura prevista en la Ley General de Vida Silvestre, que permitiría establecer un régimen de protección reforzada frente a actividades de alto impacto.
“Cuando hay una amenaza latente, como en este caso es el gas, se tiene que hacer esta categoría reforzada”, dice a Vértigo.
La relevancia jurídica de esta figura radica en que obligaría a la autoridad ambiental a evaluar cualquier nuevo proyecto bajo un estándar más estricto, reconociendo que se trata de una zona esencial para la reproducción, alimentación y migración de especies.
La implicación, explica, sería inmediata. “Si tú vas a impactarlo porque vas a meter buques de 300 metros, pues no se puede autorizar”.
Cabrera precisa que la demanda de amparo está dirigida contra autoridades del Estado por actos administrativos que permitieron el avance del proyecto y por la omisión de proteger integralmente el Golfo. “Estamos demandando tanto actos como omisiones”, puntualiza.
Añade que la empresa responsable del Proyecto Saguaro puede intervenir en el proceso como tercero interesado, al tratarse de una resolución que impacta directamente la viabilidad de la obra.
El litigio, además, ha abierto un frente político. Cabrera señala que dentro del propio gobierno federal existe presión para privilegiar el desarrollo energético sobre la protección ambiental. “Hay una presión enfocada exclusivamente en un valor económico”.
Este señalamiento coloca la disputa en el centro de un debate mayor: el choque entre una visión de desarrollo con base en inversión e infraestructura, y otra que advierte sobre los costos ambientales, sociales y climáticos de largo plazo.
Para la abogada la rentabilidad del proyecto no puede medirse sin considerar los daños potenciales sobre biodiversidad, pesca, turismo y seguridad alimentaria.
La defensa legal del Golfo, indica, también se sostiene en el principio precautorio, reconocido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), que establece que cuando existe evidencia suficiente de daño potencial a la naturaleza un proyecto no debe avanzar.
“Sí estamos a tiempo de que se frenen estos proyectos. Cuando existe la duda suficiente de que hay un impacto a la naturaleza, no puede continuar desarrollándose”, sentencia.
Futuro en disputa
La suspensión definitiva no cierra el caso: solo gana tiempo. La sentencia de fondo definirá si el Proyecto Saguaro avanza o si el Golfo de California queda blindado frente al tránsito de megabuques metaneros.
Lo que está en juego rebasa a un solo proyecto. El fallo podría sentar un precedente sobre el alcance del principio precautorio y la posible declaratoria de hábitat crítico para uno de los ecosistemas marinos más valiosos del país.
Más que una disputa legal, el caso confronta dos visiones de futuro: la expansión de la industria gasera o la protección de un santuario clave para la biodiversidad, la pesca y la resiliencia climática.
“Defender el territorio es la forma de defender el derecho al futuro que tenemos todas y todos”, resume Cabrera.
El destino del Golfo todavía no está resuelto, pero la batalla ya redefinió el debate sobre qué se está dispuesto a sacrificar en nombre del desarrollo.

