En la actualidad las redes sociales influyen en la formación de la personalidad, en el carácter y en la toma de decisiones.
Especialistas en salud mental alertan en México que los adolescentes que pasan más de tres horas al día en redes sociales corren el doble de riesgo de sufrir síntomas de ansiedad y depresión.
La adicción al contenido hace que los menores, en especial, pierdan la noción del tiempo y muchos contenidos son fuente de dopamina, que promete una recompensa inmediata, pero también reduce la estimulación de la concentración al ofrecer solo una gratificación breve y poca concentración para las tareas.
En su búsqueda de identidad y pertenencia a un grupo de pares los adolescentes crean códigos propios de comunicación que los diferencian del resto. En la actualidad las redes sociales han ampliado este fenómeno, permitiendo la creación de macrogrupos donde líderes de opinión ejercen gran influencia sin necesidad de contacto personal.
Se trata de un fenómeno que plantea un peligro significativo: influencers que, bajo sus propias ideas, establecen “reglas” que presionan a sus seguidores jóvenes a aplicar determinadas ideologías, sintiéndose identificados y protegidos dentro de estos macrogrupos, especialmente si han experimentado rechazo o falta de validación por parte de sus pares.
En este sentido, Gabriela Cámara, presidenta honoraria de Voz Pro Salud Mental CDMX, advierte que “durante la adolescencia una parte de la corteza prefrontal sigue en desarrollo, lo que provoca numerosos cambios en su vida; entre ellos destacan la formación de la personalidad, el carácter, así como la toma de decisiones. Además, en esta etapa cobra gran importancia la necesidad de pertenecer a una comunidad social, donde puedan desenvolverse y sentirse integrados y valorados”.
En este contexto, recientemente una serie de éxito que se exhibe en las plataformas digitales de entretenimiento muestra cómo en ciertos grupos de adolescentes se refuerza una ideología que margina a las mujeres. También plantea dilemas en la crianza, evidenciando la desconexión familiar generada por padres ausentes y algunos métodos de educación contradictorios.
“Mientras instituciones como las escuelas enfrentan el reto de adaptarse mediante medidas como la prohibición de celulares, el fomento del pensamiento crítico y el aprendizaje en línea, hay algunos ejemplos exitosos como el de las escuelas danesas”, comenta Cámara.
En tanto, el doctor Leonardo de Benito Avendaño (médico cirujano con especialidad de siquiatría en el Instituto Nacional de Psiquiatría, con subespecialidad infantil y de la adolescencia en el Hospital Juan N. Navarro, y fundador de Avalon) señala que la tecnología y el ciberespacio han revolucionado la manera en que interactúa la sociedad, generando impactos tanto positivos como efectos negativos.
En la pandemia, por ejemplo, el desarrollo tecnológico permitió que los estudiantes retomaran sus programas educativos. Sin embargo, con el desarrollo tecnológico también se presenta un aumento exponencial del uso de las redes sociales en menores y adolescentes, sin que muchos padres tengan control al respecto. Incluso, especialistas señalan que el uso patológico de las redes sociales es un fenómeno en crecimiento.
Nuevas generaciones
Aunque el país se posiciona entre los mejores del mundo en bienestar mental para los adultos mayores, sus jóvenes evidencian un deterioro sostenido que genera cada vez mayores problemas para afrontar los retos de la vida y funcionar de manera productiva, advierte el nuevo Global Mind Health Report 2025, el informe anual del Global Mind Project, desarrollado por Sapien Labs.
“Hoy en día casi la mitad de los jóvenes adultos sufre problemas de salud mental de importancia clínica, que afectan sustancialmente su capacidad para desenvolverse de forma productiva en la vida diaria”, explica la doctora Tara Thiagarajan, fundadora y científica en jefe de Sapien Labs.
“Esto supone más del cuádruple que sus padres y abuelos. En conjunto, es un patrón de disminución de la salud mental en cada generación más joven”. El informe de 2025 se basa en datos de más de un millón de personas en 85 países, siendo el estudio continuo más amplio del mundo sobre bienestar mental. La medición se realiza a través del Mind Health Quotient (MHQ), un indicador que evalúa 47 capacidades cognitivas, emocionales, sociales y físicas que determinan la habilidad de una persona para desenvolverse de forma productiva en la vida diaria.
Los datos del estudio muestran que México ocupa el puesto número tres a nivel mundial en salud mental entre los mayores de 55 años, un resultado que refleja altos niveles de estabilidad emocional, resiliencia y capacidad de adaptación en este grupo poblacional. Sin embargo, el panorama cambia para los adultos jóvenes entre 18 y 34 años, quienes ocupan el puesto 52 dentro del ranking global. Es una de las brechas más grandes a nivel global.
Para 2025 Sapien Labs analizó los cuatro factores más grandes que están determinando este deterioro de la salud mental en el mundo y para México, los cuales explican muy bien las brechas que separan a ambas generaciones, pues están directamente relacionados con los hábitos del mundo moderno.
Cuando se habla de consumo frecuente de alimentos ultraprocesados, por ejemplo, tanto adultos mayores como jóvenes ocupan un lugar muy similar en el ranking mundial (puesto 15 y 18, respectivamente), lo que permite tener una radiografía de cómo los hábitos alimenticios han moldeado la salud mental de la población.
No obstante, la brecha entre jóvenes y adultos mayores se amplía cuando se habla de espiritualidad: los mayores de 55 años ocupan el puesto cinco en el ranking mundial, mientras los jóvenes ocupan el 44.
En cuanto al uso temprano de smartphones la tendencia sigue siendo clara, pues México ocupa el puesto 14, subrayando el hecho de que cuanto más temprano es el contacto con teléfonos celulares mayores probabilidades hay de tener un deterioro mental en la adultez.
Y el cuarto factor, referente a los vínculos sociales y familiares, la brecha también pone la lupa sobre cómo la cercanía con otros afecta la salud mental de cada generación. En México la población mayor ocupa el puesto 15 del ranking, mientras los jóvenes ocupan el puesto 31.
Pese a este último resultado, América Latina en general destaca por su fortaleza en los lazos sociales y familiares, que actúan como un amortiguador frente al deterioro de la salud mental. Los países de habla hispana dominan los rankings globales de vínculos familiares estrechos y la región concentra buena parte del Top 10 mundial en salud mental para adultos mayores.
Según el informe, el debilitamiento de los vínculos familiares cuadruplica el riesgo de sufrir angustia mental clínica. El declive de la espiritualidad se asocia a diferencias de hasta 20 puntos en el MHQentre jóvenes con niveles altos y bajos. El acceso temprano a smartphones, especialmente antes de los 13 años, se vincula a ideación suicida, agresividad y desconexión social en la adultez. Y el consumo de alimentos ultraprocesados se considera responsable de entre 15 y 30% de la carga total de problemas de salud mental.
Algunas causas
Entre los principales motivos que dan lugar a que se registre deterioro en la salud mental de los jóvenes están los siguientes cuatro:
» Alimentos ultraprocesados Su elevado consumo de alimentos ultraprocesados está asociado a un mayor riesgo de depresión, ansiedad, deterioro cognitivo y trastornos de la conducta alimentaria. Estos productos generan adicción similar al tabaco, alteran la microbiota intestinal, provocan inflamación crónica y afectan la estructura cerebral, deteriorando el estado de ánimo y la salud mental.
» Uso temprano de dispositivos móviles Su uso excesivo antes de los 13 años se asocia con un mayor riesgo de graves problemas de salud mental en la adolescencia y adultez joven, incluyendo depresión, ansiedad, baja autoestima, pensamientos suicidas, agresividad y adicciones digitales. Esta exposición constante provoca alteraciones en el sueño, dificultades de atención, aislamiento emocional y menor resiliencia emocional, afectando el desarrollo cognitivo y social.
» Espiritualidad El uso excesivo de dispositivos móviles también impacta en la espiritualidad al reducir la capacidad de silencio, concentración y presencia, distrayendo de la oración y el recogimiento interior. Fomenta la ansiedad, la inmediatez y la comparación, dificultando la conexión profunda con lo divino y la comunidad, promoviendo a menudo un uso inconsciente y evasivo.
» Vínculos sociales y familiares Asimismo, el uso excesivo de dispositivos móviles deteriora vínculos familiares y sociales al disminuir la comunicación cara a cara, provocando desconexión emocional y aislamiento. Genera phubbing (ignorar a otros por el celular), dependencia y ansiedad; asimismo, reduce el desarrollo de habilidades sociales y la empatía, afectando especialmente la convivencia. Provoca desconexión emocional, aislamiento social, menos empatía y dificultad para comunicar.
Fuente: Informe La salud mental mundial 2025

