El Universo no es solo inhóspito: no tiene códigos ni leyes ni tratados ni organismos regulatorios: el que llegue primero impondrá sus leyes y condiciones.
La misión Artemis II no solo marca la vuelta del ser humano a la órbita lunar: también inaugura una nueva era para la exploración del Universo, con la Luna como objetivo supremacista y el interés de llegar a planetas como Marte.
El sueño lejano de la conquista del Universo ya no lo es tanto gracias a los avances tecnológicos y a la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA).
Que cuatro astronautas —tres hombres y una mujer— hayan viajado más lejos que ninguna nave en su aproximación a la Luna es en sí misma toda una odisea.
El pasado 6 de abril una nueva página se añadió para la historia de la exploración espacial: Artemis II superó el récord de distancia recorrido por la misión de Apolo 13 (lanzada el 11 de abril de 1970) al llegar a los 406 mil 778 kilómetros desde la Tierra hacia la cara oculta de la Luna, un sitio al que los astronautas realizaron fotografías, videos y varias observaciones con finalidades científicas y técnicas dado el interés de la NASA en establecer una base en el polo sur lunar.
Este hito lo han hecho posible cuatro astronautas: por la NASA, Reid Wiseman, Víctor Glover y Christina Koch; y por la Agencia Espacial Canadiense, Jeremy Hansen.
Primera frontera
No cabe duda: en Estados Unidos ha resurgido con ímpetu el interés por las misiones espaciales, sosteniendo una competencia con países como China y Rusia con las mismas ambiciones.
El Universo no es solo inhóspito: no tiene códigos ni leyes ni tratados ni organismos regulatorios; es como el salvaje Oeste y el que llegue primero impondrá sus leyes y condiciones.
Y la Luna es la primera frontera 53 años después de la última misión realizada por el Apolo 17 y en la que tres astronautas, luego de alunizar exitosamente, pasaron tres días recogiendo muestras y fotografías.
Ahora hay una guerra espacial revitalizada. Y si en la década de 1960 la rivalidad por poner al primer ser humano fuera de la órbita de la Tierra estaba entre Estados Unidos y Rusia, en la actualidad el pulso frenético se mantiene entre EU y China.
De hecho, el programa espacial chino tiene como meta para 2030 alunizar a varios de sus astronautas; para las ambiciones supremacistas norteamericanas este proyecto ha revitalizado al programa de retorno de la NASA.
China lleva décadas incluyendo en sus planes quinquenales la conquista del espacio y ha venido preparando su programa espacial para no repetir los errores de los programas norteamericanos y rusos.
Presupuestos
Para lanzar cohetes al espacio hay que tener dinero. Al respecto el periodista, científico y editor de la revista Time, Jeffrey Kluger, explicó que el presupuesto de la NASA para el año fiscal 2024 fue de 24 mil 875 millones de dólares, mientras que “en la era Apolo, cuando Estados Unidos pasó de estar parado en 1961 a la superficie lunar ocho años después, el gasto espacial alcanzó 4% del presupuesto federal. Ahora es de 0.4 por ciento”.
¿Cuánto ha costado la misión Artemis II? De acuerdo con la NASA, aproximadamente 93 mil millones de dólares para todo el desarrollo del programa y la nave Orión; y solo el lanzamiento tuvo un costo de entre cuatro mil y cuatro mil 200 millones de dólares.

Por ende, si EU quiere volver a la Luna el próximo año o en 2028, y que los astronautas esta vez alunicen para construir la primera fase de una cápsula lunar, el presupuesto deberá ser mucho más holgado: la única forma de llegar primero que los chinos es gastando más.
¿Por qué tanta prisa? Kluger, quien publicó el libro Apolo 8: la emocionante historia de la primera misión a la Luna, escribió que aproximadamente seis mil 800 millas separan el pasado y el futuro de la humanidad en la superficie de la Luna.
“Es la distancia aproximada entre el Mar de la Tranquilidad, donde Neil Armstrong y Buzz Aldrin, del Apolo 11, aterrizaron por primera vez el 20 de julio de 1969, y el cráter Shackleton en el polo lunar sur. Las cercanías de Shackleton se usarán probablemente por los astronautas de EU y de China para alunizar, dado que ahí han sido localizados depósitos locales de hielo que son útiles para obtener agua, oxígeno respirable y combustible para cohetes”, explicó el experto en ciencia espacial.
Libro azul chino
La competencia por ver quién pisa de nuevo la Luna ya comenzó: el presidente Donald Trump quiere que su país sea el primero en retornar y ha pedido a empresarios como Elon Musk, con su empresa SpaceX, que cooperen y se coordinen con la NASA para hacer todo lo posible a fin de que los próximos lanzamientos con astronautas puedan alunizar.
Aparentemente, China está mejor organizada en materia de planificación. Además del dinero para la nueva carrera espacial, la tecnología es imprescindible y China tiene un control centralizado que le permite planificar y financiar proyectos durante décadas e incluso está recopilando información actualizada del espacio y de la propia Luna gracias a sus misiones espaciales robóticas, que han llegado más allá de las estadunidenses.
En agosto próximo se lanzará la misión robótica Chang’e-7 con un novedoso explorador: se trata de un rover que tiene como finalidad buscar agua en el polo sur de la Luna. Todo apunta a que el sitio del aterrizaje sería el mismo de Neil Armstrong en 1969.
Las metas espaciales chinas están perfectamente bien calculadas y planificadas: en 2023 el gobierno del mandatario Xi Jinping presentó el Libro azul de las actividades de ciencia y tecnología aeroespacial de China, un documento que detalla minuciosamente los planes espaciales de ese país.
Destaca que para 2030 el programa espacial chino pretende alunizar y crear una Estación Internacional de Investigación Lunar con socios como Rusia, Bielorrusia, Pakistán y Sudáfrica.
Este documento responde a las peticiones del Grupo de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China con planes especiales para ubicar al gigante asiático como una potencia espacial. “Pretende batir récords de lanzamiento, completar el lanzamiento inaugural del país desde su primer puerto espacial comercial y multiplicar constelaciones de satélites”.
Dentro de los planes quinquenales del gobierno está la mirada puesta en acelerar la construcción del poder espacial con aspiraciones tales como alcanzar un récord nacional de 100 lanzamientos a partir de 2024.
Al igual que Estados Unidos, China pretende enviar dos naves tripuladas a la órbita lunar y completar dos misiones de regreso e iniciar la construcción de su base lunar.
“Para lanzar cohetes al espacio hay que tener dinero... y China lo tiene”.
No quedarse atrás
Si China ya tiene sus socios espaciales, la NASA ha pedido la colaboración para su plan de retorno y colonización lunar a sus socios occidentales: Estados Unidos en su proyecto Artemis ha contado con la colaboración de 36 países, que han firmado un convenio con la NASA para facilitar la exploración lunar liderada por los norteamericanos.
“El modelo es en muchos aspectos similar al consorcio de 15 naciones que construye, mantiene y tripula la Estación Espacial Internacional (EEI). China no forma parte de esa colaboración, en parte debido a la Enmienda Wolf, una ley estadunidense de 2011 que prohíbe a la NASA colaborar con China sin la aprobación directa de los legisladores en el Capitolio, por temor a robos tecnológicos”, explicó una fuente de la Agencia Espacial Europea.
Para EU, como para China, el objetivo de retornar a seres humanos a la Luna esta vez no es solo con fines científicos, sino también con el objetivo claro de colonizar el satélite. Y esta vez llegar para quedarse.
El presupuesto inicial de la NASA ronda los 20 mil millones de dólares para construir una cápsula cerca del polo sur lunar con una instalación para rovers y sistemas nucleares de abastecimiento de energía.
Jared Isaacman, administrador de la NASA, planea que tras el retorno de Artemis II el 10 de abril, ya sea en 2027 o en 2028 puedan hacer otros lanzamientos y enviar dos misiones de alunizaje. “La Luna es clave para llegar a Marte”.
Este enfoque, “revisado paso a paso para aprender, desarrollar memoria muscular, reducir riesgos y ganar confianza, es exactamente como la NASA logró lo casi imposible el siglo pasado. Esta vez el objetivo no son banderas ni huellas: es quedarse”, de acuerdo con Isaacman.

Tecnología europea
Hay tecnología europea apoyando a la NASA e incluso el Centro Espacial de Canarias, en España, proporciona el enlace radioeléctrico que permite la comunicación entre la NASA y la nave Orión. También ha participado en telemetría, para saber a qué distancia se encuentra la nave y su velocidad.
Y está la tecnología europea en la fabricación del Módulo de Servicio Europeo de Orión, construido por Airbus, vital para que el vuelo tenga éxito y para la vida de los astronautas dado que suministra la propulsión, la energía eléctrica, el agua y oxígeno, así como el control térmico para un vuelo lunar de diez días.
Este módulo está formado por 33 motores construidos en las instalaciones de Airbus en Bremen, Alemania, que luego se transportaron para su integración en Orión en Cabo Cañaveral, Florida.
Desde la Agencia Espacial Europea explicaron a Vértigo que es fruto de un esfuerzo conjunto que suma el talento de ingenieros de la propia Agencia Espacial Europea y del Centro Europeo de Investigación y Tecnología Espacial: “Tuvimos una coordinación para monitorizar toda la misión junto con la Sala de Evaluación de Misiones del Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston; no nos despegamos de Artemis II ni un minuto”.
A su vez, Marc Steckling, jefe de Observación de la Tierra, Ciencia y Exploración Espacial de Airbus, señaló que en Artemis II participan los más talentosos ingenieros de diez naciones europeas.
Hay además un pequeño satélite de una startup alemana, que ha formado parte de dicha misión y es muy importante porque sirve para recopilar información sobre los efectos de la radiación espacial en las naves.
Por su lado, en diversas declaraciones Isaacman se mostró orgulloso de contar con un amplio grupo de socios internacionales: “Su ayuda y cooperación ha hecho posible el éxito de Artemis II”.
La NASA ha confiado en las capacidades de la ingeniería europea para un módulo dotado con características no vistas; por ejemplo, su capacidad para transportar 90 kilogramos de oxígeno y 240 kilos de agua potable.
Un novedoso sistema de control térmico para regular la temperatura de la cabina dependiendo de los extremosos cambios de temperatura del espacio, a fin de salvaguardar la salud de los astronautas. Y una nave dotada con paneles solares de cuatro palas capaces de generar suficiente energía para abastecer a la nave.
Los 33 motores de Orión ya mostraron su capacidad en el despegue, precisamente uno de los momentos más críticos para la vida de los astronautas, como lo es su retorno a la atmósfera terrestre.
La ingeniería europea también ha contribuido a que la nave cuente con comunicaciones láser que permiten a la tripulación transmitir videos en alta definición casi en tiempo real. Y, por último, también dotó a Orión de mayor autonomía que permite a los astronautas volar manualmente en operaciones de proximidad en la órbita terrestre en su reentrada.
Airbus ya mira más allá de esta misión, no solo para mejorar la tecnología del módulo, sino también para sus planes de naves comerciales destinadas a aterrizar en la Luna.
Y mientras la tecnología europea fluye a favor de la NASA, la Agencia Espacial Europea sigue presionando a Estados Unidos para que en sus futuras misiones a la Luna incluya a astronautas europeos. Eso está en veremos…
La Luna no es de queso
De acuerdo con Science, tanto Estados Unidos como China, Rusia y otras potencias como India y varios países europeos quieren llegar a la Luna y colonizarla para explotar sus recursos naturales. “La extracción de materiales útiles de la propia Luna será beneficiosa para los esfuerzos de sostener la presencia humana”.
Por eso es que las misiones robóticas buscan agua y otros recursos vitales. Gracias a estas exploraciones se sabe que hay presencia de agua, pero hay que buscarla en mayores cantidades.
“Es importante, porque además otros volátiles como gases nobles, así como sustancias químicas contenedoras de nitrógeno, carbono y azufre, están presentes junto con el agua. Estas especies son de gran interés científico porque pueden ayudarnos a determinar la fuente original del agua de la Luna”, de acuerdo con Science.
En cuanto a los recursos minerales, el suelo lunar muestra un gran atractivo, pero requerirá de perforaciones en el subsuelo, al igual que para encontrar agua.
Rusia, sin misión
Más de cuatro años de guerra en Ucrania están dejando a Rusia sin presupuesto para una carísima carrera espacial rumbo a la Luna. Hace unos días Moscú confirmó que pospone el lanzamiento de tres misiones lunares.
De acuerdo con la agencia de noticias Interfax los lanzamientos de las naves rusas Luna-28, Luna-29 y Luna-30 se postergarán hasta la etapa de 2032 a 2036, según información de Serguéi Chernyshev, vicepresidente de la Academia de Ciencias de Rusia.
Chernyshev no especificó cuándo estaban previstos para despegar originalmente, pero los retrasos inexplicables siguen a los aplazamientos del año pasado para otras misiones lunares y espaciales rusas y al accidente de su nave no tripulada Luna-25 en la superficie lunar en 2023.

