Deloyacuartoscuro_765435_impreso.jpg
30 noviembre, 2020
Guillermo Deloya
Columnas

QR (¿QUIÉN RESPONDE?)

En un contexto de enorme incertidumbre por el breve conocimiento que se tiene de un patógeno como el Covid-19 los esfuerzos que involucran vanguardia en la aplicación tecnológica para su combate son ampliamente bienvenidos. Pero la existencia de herramientas que faciliten una mejor estrategia en el confinamiento selectivo y en el mapeo epidemiológico no es suficiente si no se establece una corresponsabilidad social para poder abatir un escenario que raya en lo catastrófico.

México rebasa fronteras que jamás imaginamos: más de un millón de contagios y encontrarnos arriba de los 100 mil muertos apremian medidas novedosas que puedan equilibrar el cuidado de la salud con la reactivación económica.

Es en esta preocupante fase de la pandemia donde la Ciudad de México busca contar con mejor información al establecer una especie de check in de personas en los establecimientos comerciales mediante la utilización de un código QR. Este código es una evolución del antiguo código de barras; la diferencia es que en tal se puede contener mucha más información de calidad.

Para ello la Agencia Digital de Innovación Pública de la ciudad hace un verdadero esfuerzo al identificar con los correspondientes códigos personalizados a 75 mil unidades comerciales de un universo de cerca de 250 mil. Dichos identificadores se encuentran en la entrada de los establecimientos y el paso siguiente para su uso y arranque de la solidaria cadena de búsqueda de contagios recaería en el ciudadano responsable.

Sin embargo, como en muchos otros temas donde se precisa de un intercambio voluntario de las personas, existen férreas resistencias para colaborar. Lo anterior muchas veces sustentado en falsos conceptos, desinformación o meramente desidia y egoísmo puro. Si todos siguiéramos a pie juntillas la indicación sugerida para que mediante nuestro teléfono celular registráramos nuestro ingreso a un comercio estaríamos contribuyendo poderosamente a un mapeo colectivo que a nosotros mismos beneficiaría.

Responsabilidad

En este escenario inédito cuando un individuo se llega a contagiar en el mejor de los casos avisaría a los que hubiesen estado en contacto con él o ella, y que son aquellos a los que la memoria le permitiese recordar. Con la sistematización de un seguimiento como el propuesto por la CDMX se opta por un espectro mucho más amplio de visibilidad para aquellos casos positivos con quienes se comparte un espacio y de quienes sería imposible recibir la advertencia de su contagio. Esa experiencia resultó exitosa en países asiáticos donde incluso se implementaron medidas estrictas, mismas que en estas latitudes se considerarían invasivas de la privacidad, como el geoposicionamiento de ciudadanos en tiempo real.

Pero como todo tema que involucra la compartición de datos, por mínimos o no reveladores que sean, existe una fuerte polémica que deriva en la no participación voluntaria en un esfuerzo colectivo que necesitamos con urgencia. Estamos adentrándonos ya en la época de mayor proclividad al contagio de enfermedades respiratorias y al igual estamos en una época de gran circulación en centros comerciales y restaurantes como puntos de reunión. La decisión de salir y exponerse implica una contraprestación de responsabilidad; lo mínimo sería acceder a registrar nuestra presencia en aquellos lugares que hoy se consideran focos de contagio.

Colectivos como R3D, la Red para la Protección de los Derechos Digitales, manifestaron su preocupación por las implicaciones que esta acción puede tener ante el manejo de datos personales. La respuesta del gobierno de la ciudad es de atención y allanamiento a los planteamientos que se externan. Ahí cabe aclarar que el correcto y probo manejo de datos se garantiza con candados como el borrado automático cada 15 días de los registros atrasados, la no obtención de datos pormenorizados de identificación personal, el no cruce con otras bases oficiales más que con los datos derivados de los laboratorios de detección, así como la creación de un sistema de datos exclusivo para este programa.

Con tales seguridades vale la pena reflexionar sobre lo que a nosotros como ciudadanos corresponde y eso se reduce a participar activamente en el programa. A mayor comunidad usuaria, mayor calidad de información y consiguientemente mayor protección a todos en conjunto. No es momento de inseguridades ni egoísmos. ¿Quién responde al urgente llamado?