EL COSTO DE PRESCINDIR
El diálogo puede servir sin generar confianza
El diálogo puede servir sin generar confianza
El INE no puede inventar infracciones para remediar vacíos del legislador.
La audiencia contemporánea no está cautiva de nada
“Inteligencia, intercambio oportuno de información, investigación financiera y coordinación permanente entre instituciones”.
Durante décadas, los economistas discutieron cuál sería el recurso estratégico del siglo XXI. El petróleo, la Inteligencia Artificial (IA), los semiconductores, el litio o los datos dominaron esa conversación. Sin embargo, una de las transformaciones más profundas de nuestro tiempo avanza casi en silencio. No proviene de una nueva tecnología ni del descubrimiento de un mineral. Proviene de un hecho mucho más simple: vivimos cada vez más.
La economía ya no enfrenta solo riesgos. Enfrenta algo difícil: incertidumbre permanente.
Mientras millones descubren cada semana nuevas aplicaciones de Inteligencia Artificial (IA), en silencio se libra una de las disputas más importantes del siglo. No ocurre solo en los laboratorios de Silicon Valley ni en los centros de investigación asiáticos: ocurre también en congresos, tribunales, organismos internacionales y oficinas de gobierno.
Una tragedia natural suele revelar la calidad real de un Estado. No porque un gobierno pueda impedir que la tierra tiemble sino porque sí puede prepararse mejor, reaccionar más rápido, informar con más claridad y coordinar con mayor eficacia. Los terremotos que golpearon a Venezuela no solo derrumbaron edificios: exhibieron las grietas de un aparato público acostumbrado a controlar el relato, pero mucho menos capaz de administrar una emergencia de gran escala.
La elección colombiana concluyó. Los votos fueron contados; el ganador, declarado. Sin embargo, como ocurre con frecuencia en política, el resultado más importante no se encuentra en las cifras sino en lo que estas revelan sobre el momento histórico que vive una sociedad.
La historia económica puede contarse de muchas maneras: a través de guerras, imperios, revoluciones o descubrimientos científicos. Pero existe una forma más sencilla de entenderla. La historia del progreso humano es, en gran medida, la historia de nuestra capacidad para crear riqueza.