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19 julio 2022
Javier Oliva Posada
Columnas

LA PERSISTENCIA DE LA INCERTIDUMBRE

“También es una oportunidad para lograr estadios superiores de desarrollo”.

En términos generales puede afirmarse que la historia de la humanidad, al menos desde la instauración del Estado Nación y la democracia liberal (siglos XVI-XVII), la incertidumbre ha sido una característica fundamental. Sin embargo, ha habido etapas, prolongadas incluso, en las que el pesimismo, la preocupación y la violencia son de tal magnitud, que ponen en tela de juicio la viabilidad de la especie humana. En este sentido, conforme transcurre el tiempo, los desafíos y conflictos a procesar van reclamando cada vez más disposición, capacidades de negociación y solidaridad entre las sociedades, sus organizaciones y gobiernos.

Ahora vivimos una de estas prolongadas etapas donde campea la incertidumbre. Somos testigos de varios y determinantes acontecimientos, tanto a nivel nacional como internacional, que exigen nuestras mejores capacidades en cada uno de nuestros ámbitos para estar en condiciones de prever un razonablemente mejor futuro y por lo tanto construir bases de certeza y de confianza.

En el contexto externo concurrimos a la primera pandemia de alcance mundial; el renacimiento de la guerra —me refiero a la invasión de Rusia a Ucrania—; la perspectiva inmediata de una hambruna derivada de ese mismo conflicto; manifestaciones de desequilibrio del medio ambiente y afectaciones definitivas e irreversibles a la naturaleza que generan el agravamiento del cambio climático; migraciones forzadas en varias partes del mundo; y, en suma, a una visión fragmentada para atender los problemas por parte de los gobiernos y de los organismos multilaterales, lo cual va en detrimento de las capacidades para hacerles frente.

Si algo demostró y demuestra la pandemia es que no se le puede hacer frente a los antagonismos globales desde la perspectiva unilateral de los gobiernos, por poderosos en lo económico, militar, comercial o diplomático que puedan ser. La breve lista enunciada en el párrafo anterior en ninguno de los casos ofrece posibilidad alguna para poder enfrentarlos desde la perspectiva aislacionista: o hay colaboración, cooperación y protocolos de confianza, o no habrá soluciones razonables.

Esa es una sustancial y decisiva enseñanza. Por lo que hace a México, debemos añadir especificidades: en las expresiones de la violencia destaca de mala forma la actividad de las organizaciones de la delincuencia organizada y común.

Perspectiva dialéctica

Esa perniciosa variable, tanto como los antagonismos globales, requiere de atención y contención compartida entre gobierno y sociedades, de la extendida región geopolítica que va desde Colombia hasta Canadá, incluyendo desde luego los países ubicados en el Mar Caribe.

La persistencia en las propuestas que sobre esa variables se hacen en cuanto a las positivas intenciones de hacerle frente, se diluye rápidamente cuando sigue la propensión a valorar las opciones de salida desde perspectivas unilaterales. De ninguna forma se pone en cuestión la disposición y buena voluntad de los gobiernos de la referida región para mejor atender opciones viables, pero la ausencia de políticas, programas y medidas compartidas provoca que los esfuerzos en esa dirección sean fragmentados y, por lo tanto, los resultados igual.

No obstante, desde una perspectiva dialéctica la incertidumbre también es una oportunidad para lograr estadios superiores de desarrollo. Hay dos ejemplos fundamentales en la historia: los Tratados de Westfalia (1648) y la Sociedad de Naciones (1919). En ambos casos se trató de acuerdos posteriores a terribles guerras, para tratar de evitar en el futuro nuevos conflictos de esas magnitudes.