Kibera is the biggest slum in Africa. Slums in Nairobi, Kenya.
Nikolay N. Antonov
22 marzo 2021
Katia D'Artigues
Columnas

LA PANDEMIA DE LAS DESIGUALDADES

La pobreza en el planeta crecerá a más de 350 millones de personas.

El otro día en la escuela de mi hijo un par de sus compañeras de escuela faltaron a clase porque se fueron a vacunar contra el Covid-19 a Estados Unidos. Cada día sé de más casos cercanos y otros muchos que piensan hacerlo. Los medios balconearon ya a conductores de televisión y políticos que lo han hecho. “Turismo de la salud” es el eufemismo utilizado.

Hay hasta paquetes que incluyen la vacuna, algo de viaje y regresar a tu país de residencia.

No solo es Estados Unidos, que nos queda más cerca a los mexicanos, sino también otros países. Un club de viajes británico, Knightsbridge, ofrece un paquete de tres semanas por Dubai, traslado, alojamiento de lujo y la vacuna por 55 mil dólares. En India Gem Tours & Travels incluso presume su creación: el paquete de cuatro días de viaje de Bombay a Nueva York con vacuna incluida por mil 700 euros.

Saltarse la fila de la vacunación que debería ser primero para los grupos que están más en situación de vulnerabilidad —e incluir, por cierto, a personas con discapacidades y/o enfermedades que los compromete más a morir si les da Covid-19—, seré sincera, me indigna.

Si algo ha hecho esta pandemia es poner una lupa sobre las desigualdades preexistentes. Y el turismo de vacunación es una de ellas. Una raya más al tigre en este país y mundo desigual de manera clara y dolorosa.

Pasa en casi todas las esferas. No es lo mismo un niño que sí tiene una computadora, internet y clases personalizadas, que otro que apenas si puede más o menos seguir la tele (si es que la tiene). Porque sí, hoy en México 11% de los hogares rurales no tiene televisor.

Los débiles son cada día más débiles y los fuertes cada vez más fuertes.

Afectados

La Organización Mundial del Trabajo, según su más reciente observatorio, apunta que en 2020 se perdió 8.8% de las horas de trabajo a escala mundial, que equivalen a 255 millones de empleos de tiempo completo.

Los estímulos fiscales anunciados por los países del mundo corresponden en 88% a países de ingreso alto. En México, por la sencilla razón mezquina de que no se le ocurrió a Morena, no se ha podido ni siquiera acordar un ingreso mínimo vital, que urge para por lo menos cuatro millones de personas.

El Banco Mundial estima que la pobreza en el planeta crecerá a más de 350 millones de personas, 100 millones de ellas en pobreza extrema. Solo en Latinoamérica, según la CEPAL, 30 millones de personas más podrían caer en pobreza extrema y 46 en pobreza.

¿A quiénes afecta más? A jóvenes, adultos mayores y mujeres. Grupos de por sí en situación de vulnerabilidad prepandemia. También entre personas indígenas o afrodescendientes. O las poblaciones migrantes que van en aumento porque huyen de la pobreza, de la violencia y cada día más huirán también por los efectos del cambio climático. En ese mundo una de cada tres personas —según UNICEF— vive sin agua potable. Lavarse las manos —mantra de la pandemia— es una quimera; es un lujo para millones.

Por el contrario, según datos de Bloomberg hay cinco hombres, cuatro de ellos blancos y estadunidenses, que han aumentado su fortuna por mucho. Jeff Bezos —creador de Amazon— es uno de ellos, por supuesto. El boom de las compras digitales por la imposibilidad de salir lo beneficia. Los otros son Bill Gates, Elon Musk, Mark Zuckerberg y Mukesh Ambani, ciudadano indio y dueño de Reliance Industries (dedicado lo mismo a energía, petroquímicos, textiles, recursos naturales, ventas y telecomunicaciones).

Y solo apunto algo más, porque merece un texto aparte: la infodemia y las teorías de la conspiración a todo lo que dan.

Al inicio de la pandemia era más optimista. Me parecía que el confinamiento temporal (que se ha alargado creando también otra pandemia de salud mental) nos daría al mundo una suerte de clase de mindfulness, de valorar lo básico, lo verdaderamente importante.

Ojalá pudiéramos aprender que solo somos tan fuertes, como humanidad, como el eslabón más débil. Ojalá.