Ante la mirada de millones de espectadores Estados Unidos televisó su evento masivo por excelencia: el superbowl (o supertazón). Más que el partido de futbol americano entre Seattle y Nueva Inglaterra, los comentarios giraron en torno del espectáculo de medio tiempo estelarizado por Bad Bunny. Cientos de miles de opiniones, análisis y reacciones a un concierto que duró tan solo cerca de 13 minutos demuestran que el interés del público general por el evento deportivo ha sido superado.
Ciertamente, el superbowl debe verse como algo más que la final de la National Football League, pues es un espacio comercial donde convergen diferentes fenómenos que vale la pena analizar por lo que revelan sobre la sociedad.
No cabe duda de que el espectáculo del medio tiempo acaparó los reflectores y, por ello, se pueden encontrar miles de análisis con diferentes perspectivas. Sin embargo, me parece que, acompañando al superbowl, hay un síntoma preocupante sobre el tipo de sociedad que se está proyectando a través de los comerciales. Como muchos sabrán, tan magno evento deportivo es acompañado por una gran cantidad de anuncios por los cuales empresas y monopolios pagan para obtener un lugar. No es de extrañar, considerando que es el programa más visto en Estados Unidos y uno de los más televisados en el mundo. De ahí que sea un espacio de sumo interés comercial, al grado de que los anuncios del superbowl tienen su propia fama.
Pues bien, siempre suele haber distintos productos que buscan llegar al público; tal vez, si no para su compra, sí para hacerle saber que ya son una realidad… y una bastante invasiva, como pudimos observar este año.
Ilusiones
Empecemos por los más notorios: los grandes modelos de lenguaje, mejor conocidos como Inteligencias Artificiales (IA). En los minutos en que no se transmitía el juego los anuncios de estas IA invadieron nuestras pantallas. OpenAI, Copilot, Gemini y Anthropic tuvieron sus espacios, al igual que otras nuevas inteligencias de las que nunca había escuchado. Pero además de instarnos a comprar una suscripción (que, por supuesto, es lo que buscan), nos recordaban de manera agresiva, una tras otra, que ya son una realidad cotidiana.
Otro comercial que llamó mi atención fue el del fármaco GLP-1 para bajar de peso, protagonizado por la tenista Serena Williams. En el anuncio ella se lo inyecta mientras presume sus beneficios. En este caso el cuerpo se convierte en el receptor de una sociedad que se reinventa constantemente sobre sus estándares de los cuerpos ideales.
No faltaron los comerciales con famosos, quienes por lo general aparecen en anuncios de aseguradoras, cervezas y casas de apuestas, entre otros. Pero algo que resaltó para mí fue el uso de tecnología de rejuvenecimiento digital; particularmente, en el de Xfinity (empresa de telecomunicaciones) con los actores de la primera entrega de Jurassic Park. En el anuncio aparece nuevamente el reparto, pero utilizando dicha tecnología para hacer que los actores luzcan jóvenes otra vez. El resultado es algo inquietante pues, aunque ciertamente se ven jóvenes, uno no puede dejar de percibir cierta incomodidad, como si supiera que no es real y que lo que observa es una falsedad corpórea.
Estos fueron los comerciales, los productos dirigidos a la sociedad estadunidense, aunque televidentes de otros territorios pudieron ver los mismos anuncios. No son el futuro sino un presente en el que las ilusiones y las falsedades conforman el modelo económico actual.

