El desorden espantoso en el que ha quedado sumida la Ciudad de México como resultado de la celebración de la Copa Mundial de la FIFA 2026TM evidenció una vez más que si bien por tamaño nuestra capital es una de las más importantes del mundo por población, no así por modernidad administrativa y tecnológica.
Desde la década de 1990 se habla de la necesidad de conexión y comunicación entre las grandes ciudades del mundo, al margen de los gobiernos nacionales.
Hay foros internacionales de alcaldes donde se intercambian mejores prácticas, casos de estudio exitosos en la gestión urbana y un largo etcétera. No sé si la Ciudad de México forma parte actualmente de alguna de estas redes pero en todo caso no aprovecha dicha pertenencia. Son muchas las ciudades que han sido sedes de grandes eventos deportivos y podrían haber compartido su experiencia para asesorar a la Jefatura de Gobierno de nuestra capital. Claramente no se hizo.
Los políticos mexicanos requieren dedicar mayor atención a la internacionalización de la gobernanza. No solamente se benefician los gobernados, quienes aparentemente no le importan a nadie, sino los propios gobernantes encuentran mayores facilidades en su trabajo cuando aprovechan experiencias externas. No sé si a nadie se le ocurrió o a nadie le importó consultar a autoridades de otras grandes urbes, pero hubiera sido pertinente también que se discutiera esa opción en el Congreso local de la capital. Entre más gente se hubiera involucrado en la supervisión de los preparativos la ciudad hubiera destacado más ante los visitantes internacionales.
Resulta muy desconcertante que en un México infinitamente más provinciano, en una era previa a la globalización, las autoridades capitalinas se preocuparon por consultar a expertos internacionales en la gestión de la anfitrionía de un evento de esta categoría. Alfonso Corona del Rosal, legendario gobernante de la capital mexicana, refiere en sus memorias los viajes que hizo a Francia y otros países europeos para saber cómo se preparaba una gran ciudad, en aquel caso, para recibir unos Juegos Olímpicos. No solamente pidió apoyo técnico en la construcción de la primera línea del Metro sino también en asesoría de seguridad, planeación urbana, inauguración de obras y hasta recepción de visitantes en el aeropuerto.
Pifias
A la inversa, hoy en la era del internet y la globalización el gobierno capitalino cometió pifias tan absurdas como el cambio de colores en la decoración metropolitana. Adicionalmente, el aeropuerto capitalino, la puerta de conexión mexicana con el resto del planeta, se está cayendo a pedazos y hasta se inunda en determinadas zonas.
De igual manera, la infraestructura urbana de servicios públicos se encuentra en sus peores momentos.
Da la impresión de que lo único que se privilegió fue la seguridad y en dicho terreno sí se advierten resultados.
Quizá convenga establecer una comisión ciudadana para trabajar en la conexión de la Ciudad de México con otras grandes ciudades, tanto para efectos de eventos internacionales, como para la supervisión cotidiana de la conducción de la capital mexicana.

