La resistencia que aparentemente existe para proporcionar datos biométricos para algún trámite o para obtener un instrumento oficial de identificación con la CURP no tiene razón de ser: en términos reales, desde hace bastantes años —ya sea como empleados o usuarios de servicios bancarios, por ejemplo— se hace uso de datos biométricos de las personas para validar su identidad.
Incluso se utilizan como medida de seguridad para desbloquear teléfonos, tabletas o computadoras, así como para realizar la validación de acceso legal a servicios de banca móvil.
En el plano más elemental, en un número importante de empresas del sector privado los controles de asistencia o acceso a áreas restringidas se realizan mediante lectores de huellas digitales o el rostro. Aunque hay casos en los que se requiere la verificación mediante la pupila ocular.
El uso de datos biométricos en la actualidad es una acción que incluso se usa para acceder a algunos domicilios.
Al margen, debemos considerar que hay dispositivos electrónicos —como la afamada Alexa— que pueden programarse para responder a la voz de una persona, exclusivamente, para realizar determinadas acciones.
En tanto, desde hace años el INE al momento de tramitar la credencial toma foto y huellas digitales de los usuarios por medios electrónicos.
Mientras que en las instituciones bancarias se realizan acciones similares con la finalidad de brindar a los usuarios de sus servicios un nivel considerable de certeza.
En suma, los datos biométricos como vía de validación de identidad están lejos de ser algo novedoso y negativo, aunado al hecho de que brindan certeza y credibilidad.
Los datos biométricos están ligados intrínsecamente a las nuevas tecnologías. En esencia, su uso agrega un mayor grado de seguridad al reemplazar la manera de autentificar que tiene una persona para acceder a información sensible que le pertenece.
En resumen, actúan como control de acceso en entornos seguros, tanto físicos como digitales.
Características básicas
Los datos biométricos se definen como las características físicas o de comportamiento que pueden utilizarse para identificar digitalmente a una persona. En esencia son un paso adelante para evitar, en principio, el robo de identidad.
Entre los datos biométricos destacan huellas dactilares, patrones faciales e identificación de voz.
Lo que tienen en común es que se consideran únicos en cada persona y su uso combinado representa un mayor grado de certeza sobre la identidad de alguien.
Por otra parte, hay que señalar que un identificador biométrico se relaciona con las características humanas y se dividen en físicos o de comportamiento.
En este plano, lo evidente es que los más utilizados son los datos biométricos físicos.
En esencia, las huellas dactilares tienen un patrón único e irrepetible. De hecho, son la forma de autentificación más común. Los patrones faciales generalmente son únicos también. La retina, al igual que las huellas digitales, tiene patrones únicos y puede ser escaneada. La voz también permite la identificación personal. Por ejemplo, existen asistentes digitales que usan el reconocimiento de voz para identificar.
Finalmente, el ADN se considera el dato biométrico por excelencia.
Por todo ello, no queda más que concluir que los datos biométricos están desde hace años entre nosotros y su uso como medio de identificación es más común de lo que parece.

