No es la sede con los mejores estadios ni la que tiene la mejor infraestructura o la que alojará la mayoría de los partidos, pero México se ha convertido en el alma de la Copa Mundial de la FIFA 2026TM, el lugar donde la pasión se llena de colores y la afición recibe a todos por igual.
Desde el partido de la inauguración el Estadio Ciudad de México brilló con una afición que se entregó a la fiebre mundialista. Cantó, bailó, hizo fiesta desde antes de ingresar a las gradas y bromeó con todos los extranjeros que se dieron cita. Esa picardía que contagia a los presentes le da sabor a lo que sucede fuera de la cancha.
A diferencia de Canadá y Estados Unidos, el Fan Fest montado en el Zócalo de la capital reunió a más de 100 mil personas, mientras que en las transmisiones en las alcaldías de la ciudad se registraron otras 200 mil.
Al mexicano le gusta celebrar y vivir con intensidad su parte de la fiesta mundialista. Las escenas hablan por sí solas: aficionados tricolores levantando por los aires a seguidores coreanos, celebrando goles junto a canadienses o japoneses e incluso aplaudiendo con entusiasmo un empate de Cabo Verde. Basta identificar a un aficionado extranjero para que los mexicanos lo adopten por unas horas y se sumen a su causa.
La FIFA lo tenía fríamente calculado. Es por ello que le brindó el partido inaugural a la Ciudad de México y extendió la localía a los estadios más modernos en la actualidad para garantizar la presencia del país en este primer torneo con 48 selecciones participantes.
A falta de las comodidades que ofrecen las sedes de Estados Unidos, México recibe a las selecciones con mariachi, viste los hoteles de concentración y centros de entrenamientos con los colores de las naciones visitantes, organiza bienvenidas memorables y el aficionado presente los apoya como si fuera el equipo de casa.
Una pieza fundamental del éxito de México como anfitrión es la riqueza de su cultura. Catrinas, piñatas, el juego de pelota prehispánico, la lucha libre, el tequila, el mariachi y un sinfín de expresiones tradicionales llenan de color y autenticidad las calles de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, proyectando al mundo la identidad festiva de nuestro país.
Pasión
En lo futbolístico, se acerca la última jornada de la fase de grupos, donde 32 selecciones pasarán a la segunda ronda. Con la oportunidad de clasificarse hasta ocho mejores terceros lugares las posibilidades se incrementan para países que por lo menos hayan logrado un empate después de dos juegos.
Para el equipo de Javier Aguirre la meta es clasificar en el primer lugar del grupo. Eso le brindaría la posibilidad de disputar hasta dos partidos en casa y cumplir su meta histórica de llegar a los cuartos de final. Ante Chequia se lo juega todo.
El evento ya regaló sus primeras sorpresas. Varias selecciones consideradas modestas levantan la mano para desafiar los pronósticos y convertirse en las revelaciones del torneo.
Mientras la competencia comienza a trasladar su foco hacia las sedes estadunidenses, México deja una marca única a través de su afición: una pasión que convierte al futbol en más que un deporte y que se entrelaza con el colorido de nuestra cultura.

