LA ILUSIÓN DE LA TREGUA

“No es un cierre: es un compás de espera”.

Tregua
Columnas
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El alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán no es un acuerdo de paz sino una pausa táctica en una guerra que ninguno puede cerrar y ninguno quiere perder.

Se anunció como tregua, se vendió como victoria; pero en Medio Oriente, cuando todos dicen haber ganado, lo más probable es que todos perdieron algo. Para muestra: dicha “tregua” llegó acompañada de más ataques, más amenazas y más incertidumbre.

Lo que sí hay es confusión. Versiones cruzadas, planes que cambian según quién los cuente y una diplomacia que se mueve más en declaraciones públicas que en acuerdos verificables. Se habla de un “plan de diez puntos” pero nadie sabe exactamente cuál es el verdadero. Y cuando la paz depende de documentos que nadie ha visto, no es paz: es narrativa.

Lo que es un hecho es que las negociaciones arrancan con un problema de origen: las partes no negocian lo mismo. EU habla de condiciones “aceptables”. Irán habla de condiciones “irrenunciables”. Y entre ambas posturas hay una brecha que no se llena con comunicados sino con poder. Porque en este conflicto, como en casi todos hoy, la diplomacia ya no sustituye a la fuerza sino que la administra.

Ejes

El primer punto de quiebre está fuera del acuerdo: Líbano. Mientras unos dicen que no forma parte de la tregua, otros lo colocan en el centro. Y sobre el terreno, la realidad es más clara que cualquier declaración. Israel intensifica ataques, Hezbolá responde y la guerra se expande, aunque el papel diga lo contrario.

El segundo eje es el verdadero corazón del conflicto: el estrecho de Ormuz. No es un tema regional: es el punto donde la geopolítica se convierte en economía global. Por ahí transita cerca de 20% de la energía del mundo. Y por eso Irán no necesita ganar la guerra: le basta con encarecerla. Amenazar con Ormuz es suficiente para mover mercados, presionar gobiernos y recordarle al mundo que el petróleo sigue siendo un arma.

Luego está el tema que nunca desaparece: el programa nuclear. Washington asegura que su objetivo está cumplido, pero el uranio altamente enriquecido de Irán sigue sin aparecer. Y mientras exista, la posibilidad de una bomba sigue sobre la mesa. Aquí no hay ambigüedad técnica: hay ambigüedad política. EU quiere eliminar la capacidad; Irán quiere preservar el derecho. Y eso no se negocia fácil.

Finalmente, las sanciones. Irán exige que desaparezcan. Estados Unidos las usa como palanca. Y ahí está el fondo del problema. Este no es solo un conflicto militar: es un conflicto existencial. ¿Quién cede primero: el que resiste sanciones o el que necesita resultados? Por ahora, nadie. Por eso esta tregua no es un cierre: es un compás de espera.

Y en un mundo sin árbitro las pausas no significan paz… significan que lo más duro todavía no empieza.

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