EL INTERMINABLE PROBLEMA CUBANO

“El tránsito de regímenes comunistas a capitalistas no siempre es fácil”.

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Columnas
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A la vista del fracaso en la aventura iraní, la Casa Blanca ya se concentró, para bien de la región latinoamericana, en poner contra la pared al régimen dictatorial cubano: el video que subió Marco Rubio y la ofensiva legal contra Raúl Castro ilustran el grado de vehemencia al que están dispuestos a llegar en el gobierno de Washington para obtener una resonante victoria internacional.

Sí, todo eso es verdad y ninguna persona de bien puede menos que celebrar cualquier ofensiva contra la tiranía caribeña que ha empobrecido y esclavizado al pueblo cubano.

Muchos cubanos residentes en la isla, pero sobre todo la comunidad exiliada, deben ser los primeros interesados en que Washington actúe contra la dictadura. No solamente como un acto de liberación política, sino incluso a manera de restitución de bienes confiscados por la revolución cubana en su momento. Hasta ahí, todo suena como un acto de justicia histórica merecido y necesario.

El problema empieza cuando uno trata de pensar escenarios posteriores a la caída de la dictadura. Ya he dicho aquí que el tránsito de regímenes comunistas a capitalistas no siempre es fácil ni exitoso. Ahí está el fracaso ruso para atestiguar cómo se puede pasar de Guatemala a Guatepeor. Adicionalmente, no sabemos si hay un plan para enfrentar el futuro de los servidores públicos en el inmenso aparato de inteligencia de la dictadura castrista. Tienen emisarios en todos los países de América Latina y son gente entrenada y capacitada en las artes más oscuras. ¿A qué se dedicarían si cae la dictadura? ¿De qué van a vivir?

Escenarios

Aquí viene la liga con México. Como ha señalado Luis Rubio, ¿qué pasa si esos espías y exservidores de la dictadura deciden establecer ligas con el crimen organizado latinoamericano? Los narcotraficantes mexicanos serían los primeros interesados en darles la bienvenida. La información y formación de la gente en los servicios de inteligencia cubana resultaría invaluable para los cárteles, particularmente en la coyuntura actual de enfrentamiento de éstos últimos con Estados Unidos.

Nuestro país necesita evaluar escenarios de contingencia para lidiar con el éxodo cubano que se produciría de manera inmediata a la caída de la dictadura. Pero también haría falta prever cómo enfrentar una eventual asociación delictiva entre exfuncionarios cubanos y los cárteles de la droga mexicanos.

Todo esto suena a película policiaca, pero los servicios de inteligencia son responsables de imaginar todo tipo de escenarios.

Finalmente, el optimismo que produce la esperanza del derrocamiento de la dictadura cubana no debe hacernos olvidar que también puede darse un escenario como el venezolano. Es decir, la sobrevivencia de la dictadura con todo su aparato represivo siempre y cuando muestre disposición de someterse a los dictados de Washington.

Estamos en un momento histórico de grandes cambios en el que todo puede pasar, pero México no está mostrando músculo para anticiparse a nada.

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