JUANA: UN VIAJE INTERNO PARA RECUPERAR LA VOZ

“Necesitamos espejos incómodos que nos devuelvan la mirada”.

Juana
Columnas
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En el cine, la forma es fondo. Luego de conversar con el actor y ahora director Daniel Giménez Cacho y la productora Regina Solórzano queda claro que su ópera prima, Juana, no busca ser una narrativa digerible sino un ejercicio de realismo punzante.

Como periodista, conectar con este thriller fue inmediato, no solo por los temas que trata sino por la honestidad con la que retrata la construcción del silencio en nuestra profesión.

La película nos presenta a Juana, interpretada por Diana Sedano, una periodista de 45 años que ha hecho de la autocensura su mecanismo de supervivencia. Sin embargo, su historia cambia cuando decide investigar a Pedro Núñez, un político que encarna el sistema de corrupción y que la llevará a un viaje de catarsis frente a su propia realidad.

Más allá de la trama criminal, el valor artístico reside en la mirada de sus creadores. Giménez Cacho me confesó que su prioridad era representar ese viaje de transformación interna: el momento exacto en que una mujer trasciende la condición de víctima para recuperar su cuerpo, su vida y la fuerza necesaria para enfrentar lo que viene. No es la típica heroína de acción: es una mujer recuperando su ser.

Para Regina Solórzano la justicia artística no se encuentra en el artificio sino en la veracidad. Ella es clara: la mejor forma de hablar de la violencia de género y de lo que enfrentamos los periodistas es abordándolo desde la realidad.

Este compromiso con la realidad se traduce en una atmósfera donde el silencio deja de ser una ausencia de sonido para convertirse en un personaje. Según Solórzano el diseño de este silencio busca generar un puente de empatía que revele que estamos ante una herida colectiva, donde el patriarcado nos involucra en roles sistemáticos a hombres y mujeres. Bajo esta visión, hablar del silencio deja de ser un tabú y se convierte en una tarea que nos ocupa a todos.

Refugio

A diferencia de la narrativa comercial que a menudo revictimiza, Juana apuesta por la transformación. En este sentido la oscuridad del filme no es gratuita: tiene el objetivo de acercar la crisis de los feminicidios y la violencia a cada uno de nosotros, desafiando la comodidad de quienes prefieren no voltear a ver una realidad que muchas veces supera a la ficción.

En un mercado saturado de cine hueco que nos anestesia con historias banales, narrativas como la de Juana son el último refugio de lo humano. No necesitamos más distracciones; necesitamos este tipo de espejos incómodos que nos devuelvan la mirada. Giménez Cacho señala que, si bien vivimos en un momento complejo, el arte debe servir para tocar corazones de una forma diferente.

Por ello, Juana se consolida no solo como un filme necesario, sino como una pieza de autor que utiliza la estética del suspenso para recordarnos que recuperar nuestra propia voz es el primer paso hacia una sanación personal, pero también colectiva.

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