IZTAPALAPA Y LA UNESCO: LA TRADICIÓN QUE ALEIDA ALAVEZ PROYECTA AL MUNDO

“Patrimonio cultural de México ante el mundo”.

Aleida Alavez
Columnas
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Asistí a Iztapalapa por invitación de la alcaldesa, Aleida Alavez, para presenciar el Viernes de Crucifixión, una de las representaciones más significativas de la Semana Santa en México, recientemente inscrita como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

La representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa no es solo una escenificación: es una experiencia colectiva que combina fe, memoria e identidad. Cada año millones de personas no solo la observan, la viven.

En su edición número 183 la afluencia superó los dos millones 800 mil asistentes en toda la alcaldía, confirmando la dimensión de una tradición que ha trascendido generaciones y que hoy también convoca a visitantes nacionales e internacionales.

Este reconocimiento internacional es resultado de un proceso de documentación para acreditar su valor histórico y comunitario ante la UNESCO. Al respecto, Alavez explicó que “en toda esta presentación documental que implica inscribirse en esta categoría” participaron autoridades de los tres órdenes de gobierno.

El Viernes de Crucifixión concentra el momento más intenso. El ascenso al cerro, las cruces sobre los hombros y la entrega de quienes participan transforman la representación en una vivencia compartida.

“Hay que ver cómo los nazarenos ya están con sus cruces. Llevan mandas, llevan anhelos, llevan peticiones de cuidado a sus familias. A toda la familia la traen ahí en la cruz”, me compartió la alcaldesa.

Pero hay escenas que no se explican, se sienten. A lo largo del recorrido me encontré con niñas y niños caracterizados ya como nazarenos, ya como romanos, como parte viva de la representación. Vi a niños cargando cruces de tamaño imponente, con una mirada que reflejaba su fe y con pasos firmes, llenos de decisión, acompañados siempre por sus familias. No era solo una caracterización: era la fe puesta sobre los hombros, una forma de habitar el momento y fundirse en él.

También vi a pequeños, vestidos de soldados romanos, caminando con seriedad entre la multitud, sostenidos por la mirada atenta de sus familias. En ellos no había juego, había una comprensión temprana de lo que estaban representando.

Un tesoro

Son escenas que hablan de continuidad. De cómo una tradición no se transmite con palabras, sino con presencia. De cómo se aprende caminando, cargando, acompañando.

Iztapalapa se convierte también en punto de encuentro: visitantes de distintas partes del país y del extranjero, así como figuras públicas con quienes pude conversar, como la alcaldesa de Tlalpan, Gabriela Osorio; la senadora Celeste Ascencio; y la consejera jurídica capitalina, Eréndira Cruzvillegas, quien fue parte muy importante del proceso de documentación e inscripción ante la UNESCO.

Durante la jornada tuve oportunidad de acceder al centro de monitoreo, punto neurálgico del operativo, que se coordinó en tiempo real con apoyo de cámaras, drones y tecnología de punta, permitiendo dar seguimiento puntual al recorrido.

La representación en Iztapalapa se sostiene en su gente, en su organización y en su capacidad de proyectarse como patrimonio cultural de México ante el mundo.

Porque el Viernes de Crucifixión no solo preserva una tradición: la mantiene viva en quienes la caminan desde la infancia. Y es ahí donde encuentra su verdadero significado.

“Iztapalapa ha cumplido con el mundo. Hemos cumplido con la responsabilidad que nos otorgó la UNESCO de resguardar un tesoro que ahora pertenece a toda la humanidad”, me compartió Aleida Alavez.

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