En cuestión de días, en México vamos a desayunar, comer y cenar futbol. No habrá sobremesa, reunión familiar o charla entre amigos donde no aparezca la Copa Mundial de la FIFA 2026 TM. Nos guste poco o mucho, el tema va a monopolizar conversaciones, portadas y hasta estados de ánimo. ¡Ya verá!
Y aunque sigo insistiendo en que este campeonato no genera la misma emoción que otros mundiales, es imposible mantenerse al margen cuando el torneo se juega en casa y la expectativa vuelve a ponerse sobre la Selección Mexicana.
Así entonces, la gran pregunta inevitable es: ¿cómo le irá a México?
Hace meses decía en este mismo espacio que el panorama no lucía particularmente alentador y, honestamente, sigo pensando lo mismo. Pero si hay alguien que todavía puede cambiar el rumbo de esta historia, ese es Javier Aguirre.
Sí, El Vasco, el eterno bombero de la Selección Mexicana, el hombre al que siempre recurren cuando el barco parece hundirse.
Aguirre vivirá su tercer proceso mundialista al frente del Tri y quizás esta sea, definitivamente, la última gran oportunidad para cambiar la narrativa que lo ha acompañado durante años.
Porque siendo sinceros, ni en Corea-Japón 2002 ni en Sudáfrica 2010 logró dar ese salto que tanto se esperaba. México compitió, sí, pero volvió a quedarse atrapado en la misma frontera de siempre: los octavos de final. Ese muro sicológico que al mismo tiempo se ha convertido en símbolo del conformismo futbolístico nacional.
La diferencia ahora es que el contexto es otro. México será anfitrión y eso obliga a mucho más que simplemente “hacer un papel digno”. La exigencia cambia. La presión aumenta. Y también la responsabilidad.
Además, creo que la base de jugadores que ha conformado para la Copa Mundial de la FIFA 2026 TM, luce competitiva, quizá bastante más de lo que muchos reconocen. Claro, no estamos hablando de una generación brillante ni histórica, pero sí de un grupo capaz de competir seriamente y, por lo menos, superar el desastre que fue Qatar 2022, donde México hizo el ridículo quedando fuera en fase de grupos.
A cuartos
Por eso, Javier Aguirre no puede conformarse con lo mínimo. Ya no alcanza con “ordenar” al equipo o recuperar estabilidad. Si realmente quiere ser recordado como un técnico exitoso en la historia del futbol mexicano necesita romper la barrera histórica y llevar a México más allá de lo que estamos acostumbrados.
Suena sencillo. No lo es.
Porque llegar a cuartos de final implica competir contra selecciones de élite; implica tomar decisiones valientes, dejar de lado compromisos políticos y elegir a los jugadores por actualidad y funcionamiento, no por nombre o presión mediática. Requerirá carácter, inteligencia y mucha congruencia.
La realidad es que Aguirre no solo se juega un torneo: se juega su prestigio definitivo con la Selección Mexicana.
Y quizá, también, la última oportunidad de que el futbol mexicano deje de vivir únicamente de expectativas.

