MÓNICA GÜICHO: LAS INFANCIAS ROBADAS DE MÉXICO

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La conversación con la magistrada federal en retiro Mónica Güicho dejó una advertencia contundente: la violencia contra la infancia ya no puede entenderse como un problema aislado o doméstico. Es una crisis estructural que atraviesa la educación, la seguridad, la tecnología, la economía y hasta la capacidad del Estado para proteger a quienes son más vulnerables.

Durante la entrevista Güicho fue clara al señalar que el problema ha escalado hacia nuevas formas de riesgo que muchas veces siguen siendo minimizadas.

“Tenemos violencia en la educación, con el bullying entre niños; tenemos violencia de tipo sexual para niños y niñas; y una vulnerabilidad que los tiempos actuales aceleran a través de la nueva era digital”, afirmó.

La frase retrata una realidad cada vez más visible: hoy las amenazas contra niñas, niños y adolescentes ya no solo están en las calles o dentro de los hogares: también están en plataformas digitales, redes sociales y espacios virtuales donde muchas veces no existen controles suficientes, prevención ni acompañamiento familiar o institucional.

Pero la entrevista fue más allá de la violencia digital: Güicho insistió en que México ha normalizado escenarios profundamente graves. “Nos encontramos a las niñas y a los niños en las esquinas trabajando de forma familiar, contribuyendo al equipo y nosotros a veces lo normalizamos, lo naturalizamos; y ahí está el problema: no podemos permitir la creación de estas infancias robadas”, expresó.

Dinámicas

La reflexión obliga a detenerse. Porque detrás de cada menor trabajando en un crucero, de cada niña fuera de la escuela o de cada adolescente expuesto a violencia familiar existe una falla colectiva que termina abriendo la puerta a problemas todavía más graves.

Y justamente ahí apareció uno de los puntos más delicados de la conversación: el reclutamiento criminal de menores. “Después estas mismas niñas y niños son víctimas del crimen organizado y han sido reclutados (…) Ya estamos hablando de los niños sicarios”, advirtió la magistrada federal en retiro.

La violencia contra la infancia no termina en el abandono social; muchas veces evoluciona hacia dinámicas de explotación, violencia criminal y pérdida total de oportunidades.

Por eso resulta relevante otro de los datos expuestos durante la entrevista. Mónica Güicho recordó que, de acuerdo con indicadores impulsados desde la Organización Internacional del Trabajo para América Latina, distintos países han identificado la necesidad de fortalecer sistemas de prevención infantil y erradicar formas de explotación laboral contra menores.

En este contexto, explicó que destinar alrededor de 0.3% del Producto Interno Bruto (PIB) a políticas de cuidados, educación y protección infantil podría generar resultados importantes en materia de prevención. “Nos cuesta muy poco y nos generará un gran resultado”, sostuvo.

La discusión de fondo no es solamente presupuestal: el verdadero debate es cuánto tiempo más México seguirá reaccionando tarde frente a la violencia que viven niñas, niños y adolescentes.

Porque la descomposición social no comienza cuando aparecen las armas o el crimen organizado. Comienza mucho antes: cuando una sociedad deja de proteger a su infancia.

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