Circula en estos días el libro Lecciones de la Historia, ¿podemos aprender de nuestro pasado? Se trata de la obra más reciente del reconocido filósofo francés Edgar Morin. A diferencia de sus confusos y complejos libros de filosofía, este breve ensayo de bolsillo constituye una síntesis valiosísima de los aprendizajes que ha extraído de una vida estudiando la historia universal.
Cada capítulo presenta un brevísimo texto explicando una lección. Para efectos de este artículo, me llama la atención una de las primeras lecciones, “el efecto de una acción puede ser contrario al deseado”. Esa circunstancia, repetida una y otra vez a lo largo de la historia universal, parece reproducirse en la actual crisis de Estados Unidos con Irán.
Lo más seguro es que una de las motivaciones principales de Washington para lanzar un ataque frontal tan contundente contra Irán haya sido nada menos que la necesidad de levantar los números del Partido Republicano de cara a las elecciones intermedias en Estados Unidos. Todo parece indicar que sucederá exactamente lo contrario. El así llamado operativo militar, luego guerra, luego no guerra y quién sabe qué otras cosas, ha evidenciado un desorden conceptual, logístico y hasta estratégico más o menos permanente.
En principio, debo reconocer que yo supuse que se trataba de un acierto muy bien planeado por parte de la Casa Blanca. Lo presentaron como un ataque quirúrgico sin el involucramiento duradero de tropas norteamericanas en el territorio iraní. Parecía que lo habían logrado. Hubiera sido un golpe magistral y una condena durísima de la política exterior de Obama y Biden, quienes no se atrevieron a lanzar ataques tan severos contra Irán. Todo indica que la impresión inicial estaba enteramente equivocada. No se tuvo la capacidad de vencer por completo al Estado iraní, a pesar de haber liquidado a sus altos mandos. No solo eso, se echaron en contra a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y los países europeos en general, quienes se negaron a participar en su “operativo” contra Irán.
Recursos fiscales
Israel consiguió arrastrar al gobierno estadunidense en apoyo de su aventura militar, pero da la impresión que a largo plazo incrementó los brotes de antisemitismo en el mundo, y peor aún, entre la población estadunidense. La imagen internacional de Israel voló en pedazos por los aires desde hace meses y no se ve cómo puedan repararla en lo inmediato.
Todo parece indicar que el votante norteamericano percibe todo el operativo como una suerte de reedición de los fracasos en Irak y en Afganistán. Es decir, otra guerra en un país remoto, al cual no puede ubicar en el mapa y donde las ganancias para Estados Unidos no han quedado claras. Parece que van a cobrarlo caro en las urnas, debido al drenado de recursos fiscales que la intervención en Irán supone.
Al electorado gringo lo que más le duele es el bolsillo y el mal uso de sus impuestos en el exterior. Por su parte, Irán va camino de lograr su presentación mediática como una víctima del nuevo imperialismo estadunidense. Lo dicho, lecciones de la historia en voz de Edgar Morin, “el efecto de una acción puede ser contrario al deseado”.

