Sin duda, lo más importante y doloroso es la pérdida y afectación de vidas humanas. Sobre todo, de la población civil, que en la enorme mayoría de los casos no tiene ninguna responsabilidad ni menos aún, intereses específicos que defender o promover.
Luego está la destrucción de infraestructura, viviendas, fábricas, escuelas, hospitales, carreteras, aeropuertos, entre una larga lista de afectaciones que llegan a durar dácadas una vez concluido el conflicto.
También y muy importante para las lentas reconstrucciones, están las pérdidas económicas. La muy vieja y dramática sentencia de “sabemos cómo y por qué empieza una guerra, pero nadie sabe cómo y cuándo termina”, nos recuerda la vigencia de una actividad inherente a la especie humana, como es la guerra.
Esta muy breve reflexión viene a cuento debido a que, por el calendario fiscal en los Estados Unidos, han comenzado las comparecencias de funcionarias y funcionarios para explicar, justificar y, en lo posible, ampliar los presupuestos asignados por las Comisiones de trabajo tanto de la Cámara de Representantes como la del Senado.
Dependiendo de las atribuciones de las áreas de la burocracia federal, se logran los acuerdos para ser aplicados a partir del uno de enero del siguiente año.
En diversos medios de comunicación estadunidenses se dio cuenta que, entre el martes y el miércoles de hace un par de semanas, el Departamento de Defensa —denominado por la Casa Blanca como Departamento de Guerra, aunque sin la aprobación del mismo Congreso—, comenzó el cabildeo para buscar un sustancial aumento en el presupuesto militar del país.
No solo es la asignación anual correspondiente, sino la aplicación de gastos ante la eventualidad del surgimiento de un conflicto, es decir, de forma notable, la guerra no declarada pero en curso, contra Irán.
Desplazamientos de muy potentes unidades navales, entre ellas, portaaviones, vuelos de cazabombarderos, uso de cientos, quizás miles, de bombas y proyectiles, amén de los gastos que implica el desplazamiento de miles de soldados y su manutención.
Gasto militar
Un caso paradigmático es la invasión de Rusia a Ucrania. La inesperada prolongación de la guerra conlleva para el bando y gobierno rusos, la aplicación de un formidable gasto militar, mismo que ha afectado a otras áreas de la administración y servicios públicos del Estado.
Han transcurrido poco más de cuatro años y medio sin visos de una solución. No obstante, el empleo de armas como los drones y otros sistemas de navegación aérea y marítima, solo presagian el grave y triste escenario de la población civil, sobre todo la ucraniana (más no solamente la de Ucrania), así como la sistemática destrucción y demolición de ciudades, seguirán generando secuelas.
Siguiendo el planteamiento de la obra clásica de Luigi Bonante, La guerra, cualquiera que sea la clasificación, orígenes, consecuencias y conclusiones, lo cierto es que causan y causarán hondas repercusiones a la humanidad.
De ahí que la animosidad con la que el presidente de los Estados Unidos esté utilizando el poder militar de la primera potencia mundial, es la fuerza acumulada a lo largo de las décadas, claramente desde el inicio de la Guerra Fría.
Sin embargo, de ninguna manera será suficiente para someter a sus prioridades económicas y comerciales los destinos del escenario mundial. Los efectos de los diversos frentes bélicos abiertos por Donald Trump de manera simultánea, requieren de un sustancial e histórico presupuesto, lo que desde luego, ya afecta a la economía doméstica.
Actualmente vivimos más conflictos armados que en el peor momento de la Guerra Fría. Las consecuencias para el gasto mundial son evidentes. A partir de datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), publicados en 2025, existen 60 conflictos internacionales y 60 internos, es decir, 120 escenarios distribuidos en todo el mundo, en los que el uso de armas es un gasto indispensable.
PD Muy sugerente el discurso del consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Stephen Miller, en la entrega de la Medalla por Servicio en la Frontera Mexicana, el 28 de julio. De nueva cuenta arremetió en contra de nuestro gobierno y reiteró el uso de la necesidad de la fuerza militar para liquidar a los narcoterroristas mexicanos. Ahí queda.

