La fiscal general Ernestina Godoy lo ha descrito como el líder de “la más grande red de contrabando de combustible detectada hasta el momento”. Según la Fiscalía General de la República (FGR), Ernesto Ruffo, el exgobernador de Baja California, causó un daño al erario por cuatro mil 456 millones de pesos. El problema es que muchos elementos de la investigación no cuadran a pesar de que una juez del Bienestar lo vinculó formalmente a proceso el 23 de julio.
El llamado huachicol fiscal ofrece márgenes muy altos de rentabilidad porque aprovecha el diferencial de precios entre la gasolina en México, muy cara, y la de Estados Unidos, mucho más barata. Sin embargo, el negocio para funcionar requiere de una amplia red de complicidades.
Primero hay que comprar la gasolina barata en Estados Unidos, lo cual es legal; pero como son compras muy fuertes, dejan huellas financieras y fiscales difíciles de borrar. El combustible debe trasladarse a la frontera y cruzarse sin que se percaten los funcionarios de las aduanas. Como esto es imposible en cargamentos de cientos de miles o millones de litros, es necesario sobornar no solo a los inspectores aduanales sino a sus jefes.
A veces el cohecho no es suficiente. Se necesita protección para que todos los responsables se hagan de la vista gorda. Se requiere también apoyo en las carreteras o las vías de ferrocarril. Hay que sobornar a muchos en la Guardia Nacional (GN), pero esto es imposible sin tener amigos o cómplices en altos lugares del poder.
El negocio requiere una extensa infraestructura. Se necesitan camiones cisterna en Estados Unidos y México, vagones de ferrocarril, grandes tanques de almacenamiento, capacidad de transporte y distribución a gasolineras en distintos puntos del país. No cualquiera tiene todo eso.
Misterios
Resulta curioso que el gran capo del huachicol en México sea un adulto mayor de 74 años, gobernador de oposición en Baja California hace más de 30 años, virtualmente retirado y sin antecedentes penales. Más curioso es que cuando las autoridades le notificaron que lo estaban investigando a él y a una empresa de la que es socio minoritario, Ruffo, en lugar de evadirse, se presentó para entregar toda la documentación pertinente.
Desde su hogar en Ensenada, una casa de clase media alta, que ni siquiera tiene alberca como la de José Ramón López Beltrán en Houston, este adulto mayor controlaba a la Agencia Nacional de Aduanas y a la GN. ¿Cómo adquirió tanto poder un gobernador de oposición que estuvo en funciones hace tres décadas? Es uno de los grandes misterios de la investigación.
La detención de Ruffo le ha servido al gobierno para reafirmar que todos los delitos de corrupción son responsabilidad de los anteriores gobiernos neoliberales. El actual régimen, que llegó al poder hace ocho años, ya limpió el país, como se barren las escaleras, de arriba abajo. Lo demostró el expresidente López Obrador al sacar tantas veces su pañuelo blanco y limpio en sus mañaneras. La única corrupción hoy es la que dejaron los prianistas.
Estos perversos, sin embargo, dicen que la verdad es mentira, que no son corruptos. Es verdad que no se les nota el dinero, pero es porque lo saben esconder muy bien (aunque mi abuela decía que el dinero y lo pendejo no se pueden ocultar). Los políticos en el poder tienen ropas de diseñador y relojes caros, casas de lujo y viajes al extranjero, pero es porque eran ricos antes, porque han sabido ahorrar o porque “la señora tiene dinero”. Hoy controlan las aduanas y la GN, pero no son responsables de nada. La culpa es siempre de los neoliberales.

