NARRACIÓN E IMPERIO

“Roma estaba destinada a la grandeza desde su inicio”.

Imperio Romano
Columnas
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Una civilización necesita tener un origen, no uno cualquiera sino uno que aumente la grandeza de esta para poder legitimar su poder. La idea de crear una fundación se puede observar, por ejemplo, durante el Imperio Romano, en el periodo de César Augusto, quien al necesitar legitimar su poder como el primer emperador se sirvió de escritores como Tito Livio y su obra Historia de Roma desde su fundación.

El mito de Rómulo y Remo es de los más conocidos en la historia occidental, pero este es la continuación de una narración fundacional detrás que produjeron historiadores romanos como Tito Livio y Virgilio.

La cultura griega tuvo una gran influencia sobre Roma. Sus ciudades-Estado habían sido grandes y prósperas, con un legado que como se puede comprobar en la actualidad sobrepasó la barrera del tiempo. El Imperio Romano no buscaba ser visto como una copia de Grecia: quería mostrar que su grandeza sobrepasaría la de los griegos, por lo que era necesario crear un origen en el que se mostrara superioridad sobre el mundo griego. Para lograr esto Tito Livio se situó en la Guerra de Troya, desde el bando troyano y el mito de Eneas: “Para empezar, está comúnmente admitido que después de la conquista de Troya hubo un ensañamiento contra todos los troyanos; únicamente dos, Eneas y Antenor, en razón del derecho de una antigua hospitalidad y por haber sido siempre partidarios de la paz y la devolución de Helena, fueron eximidos por los griegos de la aplicación de cualquier ley de guerra”.

Lo que hace Tito Livio es reconocerle a Roma aspectos de la cultura griega, como lo fue la hospitalidad, pero en cuanto Eneas comienza su aventura se va creando un nuevo ente que establecería las raíces de Roma. Tito Livio conoce el mito de la Guerra de Troya, probablemente uno de los más conocidos durante aquella época, por lo que es razonable que la historia de los orígenes de Roma comience con dicho relato, pues la herencia de la cultura griega no era negable. El hecho de relacionar los orígenes de Roma con la Guerra de Troya inserta a la civilización romana en una historia compartida por varios pueblos. De esta forma Roma mostraba su grandeza hacia otros territorios, ya que se adjudicaba un evento famoso para sustentar su poder.

Dioses

El Imperio Romano también necesitaba un soporte divino, lo cual quiere decir que Roma tenía que estar destinada a la grandeza, que su poderío no fue pura coincidencia ni provenía de la nada. Es por eso que Tito Livio narra sobre una ciudad romana con un futuro ya prescrito hacia lo que terminaría siendo, en tiempos del historiador, el poder romano: “Ve y anuncia a los romanos que es voluntad de los dioses que mi Roma sea la capital del orbe; que practiquen por consiguiente el arte militar; que sepan, y así lo transmitan a sus descendientes, que ningún poder humano puede resistir a las armas romanas”. Tito Livio creó una historia en la que Roma estaba destinada a la grandeza desde su inicio.

La historia de los orígenes es algo muy complejo pues los vestigios que se mantienen en pie son pocos debido a la distancia que existe entre la fundación de una civilización y de quien arma su pasado. En Roma ocurrió algo similar. Tito Livio armó una historia fundacional que le diera legitimidad al Imperio Romano de César Augusto. Así se convirtió en un instrumento de la política imperial. Una práctica de la cual salen reminiscencias reflejadas en el accionar de varias naciones que se mantienen de pie.

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