OLMECAS Y ÁFRICA: UNA CRÍTICA

Olmecas
Columnas
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En 1976 se publicó la obra Vinieron antes que Colón: la presencia africana en la antigua América (They Came Before Columbus: The African Presence in Ancient America), del lingüista y pensador especializado en estudios africanos Ivan Van Sertima. Desde el título, la premisa resultaba sugerente: su tesis pretendía demostrar que las civilizaciones americanas mantuvieron un vínculo con África antes de la llegada de los europeos. Las diversas portadas de sus ediciones suelen presentar una cabeza colosal olmeca, pues constituye una de las principales pruebas del autor para sostener que sus constructores provenían de África.

Ahora bien, Van Sertima no se refería a un origen remoto vinculado a la aparición del ser humano en dicho continente, sino a que civilizaciones africanas (como egipcios y nubios) arribaron por vía marítima a Mesoamérica, se establecieron e instruyeron a los nativos en la fundación de una civilización.

Van Sertima hace especial énfasis en los olmecas y fundamenta su evidencia en los rasgos faciales de las esculturas monumentales, la existencia de pirámides en ambos continentes, la supuesta presencia de momias y el cultivo del acocote en ambas orillas del Atlántico, entre otros elementos.

No obstante, estos argumentos pueden ser refutados con facilidad por historiadores y arqueólogos.

El problema de la obra radica en una lectura errónea y sumamente selectiva de las fuentes, tanto primarias como secundarias, así como en la inexistencia de pruebas materiales que corroboren dicha presencia. Hasta la fecha, no se ha hallado un solo vestigio de las culturas africanas que, según la cronología de Van Sertima, deberían haber llegado a la región.

En última instancia, su análisis incurre en un sesgo de confirmación: el autor buscaba hallar a África en la cultura olmeca y, por consiguiente, seleccionó únicamente aquellos elementos que parecían sustentar su preconcepción.

Alarmante

A pesar de las críticas suscitadas entre historiadores, arqueólogos y antropólogos, el libro fue un éxito de ventas y se consolidó, especialmente, en la comunidad afroamericana de Estados Unidos.

Hasta la fecha, por ejemplo, basta leer las reseñas de su obra en Goodreads para encontrar múltiples comentarios que aclaman el libro por revelar los orígenes africanos de las culturas americanas.

Sin embargo, el aspecto más crítico de la obra de Van Sertima es cómo su profundo impacto ha terminado por invisibilizar a los pueblos originarios de América. Otro punto alarmante de esta teoría, y de su persistencia, es que parte de una concepción racial limitada, pues asume que solo existe un tipo de “cara africana”, la representada en las cabezas olmecas, e ignora las características faciales propias de los pueblos nativos del continente.

Van Sertima observó labios gruesos y narices anchas, y asumió de inmediato que debían ser facciones negroides, en un ejercicio de pensamiento que difiere poco de las ciencias raciales del siglo XIX.

Su tesis cae en concepciones similares a las de Occidente, al retratar a los nativos americanos como sociedades que requerían de agentes externos para alcanzar la civilización, ignorando su capacidad intrínseca para fundar culturas complejas. La diferencia radica en que, en este caso, la civilización habría llegado de África y no de Europa; no obstante, el argumento sigue operando bajo la misma epistemología imperialista que le dio origen.

Aunque Van Sertima no fue el primero en proponer esta teoría, fue sin duda quien la popularizó. No debe pasarse por alto que, sobre todo en Estados Unidos, permanece vigente una narrativa seudohistórica que no hace más que desplazar a los pueblos originarios de su propio protagonismo en la historia.

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