¿En qué nos hace pensar la palabra periodismo? Es un hecho que cada concepto evoca una serie de imaginarios. En el caso del periodismo, por ejemplo, puede traer a la mente de quien lo piense alguno de los siguientes términos: información, noticias o el simple acto de estar al tanto de lo que sucede en la sociedad que rodea a uno.
Pero más allá de los mencionados hay unos que rodean (o rodeaban) al periodismo de manera peculiar, pues suelen entrar como características innatas de este, aunque tal vez siempre fueron un ideal y no una realidad de esta profesión: se trata de la objetividad y la imparcialidad.
Precisamente al periodismo se le suelen atribuir estos conceptos, entendiéndose (de una manera muy general) como la simple idea de neutralidad.
Sin embargo, si observamos el pasado de nuestra prensa mexicana, descubriremos que la “objetividad” no siempre fue la brújula que guió esta labor. De hecho, siguiendo el estilo de la prensa de otros países, como la de Estados Unidos, los periódicos mexicanos del siglo XIX se posicionaron como espacios para la circulación de las ideas políticas del momento. En sus planas se moldeaba la opinión pública y se profesaban con orgullo las ideologías de la época. Cabe mencionar que es un fenómeno, en realidad, todavía presente en las editoriales actuales, por más que se quiera dictar lo contrario.
Varios políticos e intelectuales que conformaron estos periódicos con sus plumas los veían más como herramientas para defender sus posturas ideológicas. Así, por ejemplo, tenemos diarios que abrazaron la causa liberal en el México decimonónico como El Siglo XIX, La Reforma, El Monitor Republicano y El Republicano (1855-1856).
Roces
En el siglo XIX el periodismo en México fue, ante todo, político y también, hay que recalcarlo, bastante polémico; al punto que, para un historiador, se vuelve de vez en cuando entretenido leerlo (lo sé por experiencia). De hecho, uno se puede pasar horas leyendo las peleas entre diversos diarios.
No era raro encontrarse con planas de réplica y contrarréplica. Espacios de duelo constante entre liberales y conservadores, o federalistas y centralistas, por mencionar algunos grupos. Incluso entre individuos que, aun cuando abrazaban la misma causa, por cuestiones personales o roces ideológicos terminaban peleados, haciendo del periódico su campo de batalla.
Fue hasta finales del siglo, con la fundación de El Imparcial (mejor nombre, imposible) en 1896, cuando México entró en la era del periodismo informativo e industrial con el énfasis en el acto de informar a sus lectores.
No obstante, qué tan verdaderamente objetivos fueron estos periódicos es una cuestión dudosa ya que, como señaló el historiador Stanley Ross (1965), esto fue posible gracias al subsidio del gobierno de Porfirio Díaz.
Así, pues, esta “objetividad” informativa nacía de la mano del poder, del Estado, demostrando que incluso el dato duro puede tener una intención o una ideología detrás.
Y bueno, como ya lo había mencionado, esto resuena hasta nuestros días. ¡Y vaya que lo hace!

