El debate sobre las armas ha sido una prolongada batalla en Estados Unidos. Para una nación cuya identidad política, social y cultural está profundamente ligada a la idea de contar con una pistola, representada en su Segunda Enmienda, este rasgo colisiona con la realidad de forma recurrente.
El resultado suele ser predecible: o se cierran filas para redoblar la defensa casi religiosa (como un creyente defiende su fe) de este derecho, o se exige la regulación, cuando no la eliminación de que cualquiera pueda adquirir un arma.
¿Qué establece exactamente la Segunda Enmienda a la Constitución de Estados Unidos? Este precepto, tan relevante en la sociedad estadunidense, dicta lo siguiente: “Siendo necesaria para la seguridad de un Estado libre una milicia bien organizada, no se deberá coartar el derecho del pueblo a poseer y portar armas”.
A lo largo de más de dos siglos esta enmienda ha ejercido un peso determinante en la vida y la muerte de los estadunidenses.
El reciente asesinato de un ciudadano estadunidense a manos de agentes del ICE ha dado una nueva dimensión al debate sobre el derecho a portar armas, evidenciando las contradicciones de este país. En Minneapolis, la presencia del ICE, que comenzó a inicios del año como parte de los esfuerzos de la administración para atrapar inmigrantes, ha generado un clima de caos e indignación entre la población.
La tensión escaló tras el asesinato de la poeta Renee Good el 7 de enero, lo que provocó fuertes protestas. El pasado sábado 24 de enero, durante estos enfrentamientos, agentes enmascarados detuvieron al enfermero Alex Pretti. Luego de una confrontación en la que fue golpeado por varios encapuchados, cuyo rostro cubierto al estilo paramilitar es ya un rasgo distintivo de estos agentes, uno de ellos lo asesinó con su arma de fuego. Posteriormente, la respuesta oficial de las autoridades y de la administración Trump fue que Pretti se encontraba armado.
Percepciones
La presencia del arma resultó determinante, pues se ha criticado el peso retórico que el Estado y sus arduos defensores otorgaron a la pistola de Pretti para justificar lo que, en realidad, fue una ejecución. Cabe destacar que el enfermero nunca intentó utilizarla.
Ciertamente se halla una profunda contradicción. Aunque los sectores conservadores suelen defender la Segunda Enmienda, la observación del pasado puede llegar a mostrar que la definición de “pueblo” no ha sido universal.
Un caso ilustrativo ocurrió durante la lucha por los derechos civiles, cuando los integrantes de las Panteras Negras comenzaron a patrullar armados en Oakland para proteger a su comunidad de los abusos policiales. Esta acción alarmó a gran parte de la sociedad, aterrorizada de ver a una organización conformada por minorías ejerciendo su derecho. Como respuesta, el gobierno de California aprobó en 1967 el Acta Mulford, la cual prohibió portar armas en público sin permiso.
De esta manera se limitó el accionar de las Panteras Negras, demostrando que el derecho constitucional a poseer armas parece reservado solo para los grupos aceptados por el poder.
Ante los recientes asesinatos del ICE cabe preguntarse a quiénes considera la administración actual parte de ese “pueblo” protegido y quiénes, en cambio, son percibidos como una amenaza por ejercer ese mismo derecho.

