MÁS SOBRE LAS RELACIONES CIVILES-MILITARES EN ESTADOS UNIDOS

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La administración estadunidense que inició el 20 de enero de 2025 ha precipitado una transformación fundamental en las relaciones civiles-militares (CMR, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, marcando el fin de la era del control civil objetivo que predominó desde la posguerra, a través de un enfoque que la academia y los estudios denominan control civil subjetivo.

La administración busca activamente modificar la distinción entre la esfera política y la profesional militar, transformando a las Fuerzas Armadas en un actor alineado con la agenda ideológica del Ejecutivo.

Esta reestructuración no solo afecta la jerarquía del Pentágono sino que redefine la misión misma de las fuerzas armadas mediante nombramientos disruptivos, el uso de poderes de emergencia para despliegues internos y cambios constantes en la cúpula militar, en medio de conflictos armados internacionales.

La base teórica de las relaciones civiles-militares en las democracias liberales modernas se ha fundamentado tradicionalmente en la profesionalización de la fuerza: el Estado garantiza autonomía a los militares en su pericia profesional a cambio de su neutralidad política.

Sin embargo, desde el inicio de esta administración en EU se rechaza este modelo, optando por una estructura que prioriza la lealtad personal y el compromiso con la plataforma nacionalista, sobre la pericia técnica tradicional.

Esta tendencia se institucionalizó rápidamente mediante una serie de órdenes ejecutivas y directivas de personal diseñadas para asegurar que el estamento militar no actúe como un contrapeso, o “Estado profundo”, frente a las decisiones presidenciales.

Por ejemplo, el nombramiento de Pete Hegseth como jefe del Pentágono el 24 de enero de 2025, confirmado por el Senado con el voto de desempate del vicepresidente JD Vance, simbolizó esta ruptura.

Hegseth, un comentarista y veterano de la Guardia Nacional, fue seleccionado no por su experiencia en la gestión de la vasta burocracia del Pentágono, sino por sus críticas a lo que la administración denomina wokeness o corrección política en las Fuerzas Armadas.

Su mandato ha estado definido por la restauración de lo que él denomina la “ética del guerrero” (Warrior Ethos), una visión que prioriza la lealtad absoluta y el mérito, mientras elimina sistemáticamente los programas de diversidad, equidad e inclusión (DEI) y las iniciativas de adaptación al cambio climático que habían sido pilares en administraciones anteriores.

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Uno de los hitos más disruptivos en las relaciones civiles-militares fue la firma de la Orden Ejecutiva 14347, el 5 de septiembre de 2025, que autorizó el uso de Departamento de Guerra (Department of War) como título secundario preferente para el Pentágono.

Este cambio, sugerido originalmente por Palmer Luckey, cofundador de Anduril Industries, tiene como objetivo declarado proyectar una imagen de agresividad y resolución frente a los adversarios, rompiendo con la denominación original, plasmada en el Acta de Seguridad Nacional (1947) al concluir la Segunda Guerra Mundial.

El caso más reciente del momento por el que pasan las relaciones civiles-militares en ese país fue el despido, el pasado jueves 22, del secretario de la Marina, John Phelan: si bien es un cargo no táctico operativo, sí revela que las tensiones y disputas en el Pentágono continúan.

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