SI RUSIA GANA

“El hartazgo frente a la guerra en Ucrania podría llevar a hacerle concesiones excesivas a Moscú”.

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Columnas
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Leo el libro If Russia Wins: A Scenario, de Carlo Masala, un bestseller masivo en Alemania el año pasado y este año en Holanda. Disponible en una buena traducción al inglés, se trata del planteamiento de los escenarios venideros para el sistema internacional en caso de que se consume la victoria rusa en la guerra de Ucrania.

Desde luego, la victoria sería resultado exclusivo del desgaste y fatiga de los gobiernos y electorados de Occidente. Después de años de subsidiar a Ucrania, Estados Unidos y los principales gobiernos de Europa Occidental, obligarían a Volodímir Zelensky a firmar un acuerdo de paz que ceda el territorio perdido a Rusia.

A partir de ese momento, Rusia se envalentonaría para atacar otros territorios, en este caso sí parte de países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Podría empezar con una isla noruega o una pequeña población estoniana, según la interpretación del autor.

Hecho esto, Rusia le transmitiría a Occidente por todos los canales diplomáticos su disposición a usar armas nucleares si alguien se atreve a oponerse a sus aventuras militares. Bajo el pretexto de reanexión de antiguos territorios soviéticos con hablantes rusos, Moscú estaría interesado en conquistar gradualmente una nueva posición imperial.

La división interna en la OTAN, debido a la posición estadunidense, encabezada o no por Donald Trump, pero ciertamente por alguien afín a su apreciación del pacto del Atlántico, produciría el golpe mortal a la organización. Algunos países considerarían que no tiene sentido ir a la guerra por territorios tan insignificantes, mucho menos a una guerra nuclear. Incluso algunos partidos políticos europeos en la oposición podrían pensar lo mismo que sus gobiernos.

Advertencia

El hartazgo frente a la guerra podría llevar a hacerle concesiones excesivas a Moscú. Adicionalmente, China apoyaría a su aliado moscovita mediante la generación de escenarios bélicos potenciales en Asia para distraer la atención y recursos del Ejército o la Marina estadunidense.

En esas condiciones, Rusia podría multiplicar sus posibilidades de éxito a largo plazo en la redefinición del orden mundial. No tiene mucho sentido esperar que Alemania, por ejemplo, defienda la OTANsi Francia no está dispuesta a hacerlo. El mero incumplimiento del Artículo 5 que obliga a defender a cualquier integrante de la organización de toda forma de agresión militar conduciría a la pérdida inmediata de credibilidad de la institución.

Y aquí aplican aquellas famosas palabras de Milan Kundera: “los amores son como los imperios: cuando desaparece la idea sobre la cual han sido construidos, perecen ellos también”. Ocurre lo mismo con las instituciones internacionales. El autor insiste en que su planteamiento no es un pronóstico inequívoco del futuro, sino que precisamente se trata de conjurar la posibilidad de que se produzca.

Escribe, dice, con la finalidad de que se tomen las medidas pertinentes, para evitar la materialización de su escenario. No obstante, a un año de su publicación, el libro parece más una obra profética que un mero escenario.

Si usted quiere leer un texto profesional sobre la evaluación de escenarios políticos, no deje de leer este libro. Encontrará no solamente una advertencia premonitoria, sino un ejercicio de seriedad intelectual en el análisis de la realidad internacional.

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