SOCIEDADES “ATRASADAS” Y “AVANZADAS”

“El peso del siglo XIX sigue presente”.

Civilizaciones
Columnas
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En la actualidad, luego de innumerables planteamientos historiográficos y una vasta producción académica, el peso del siglo XIX sigue presente. No aludo a una cuestión de larga duración o a una continuidad despojada de contexto, pero lo cierto es que ciertas ideas surgidas de aquel siglo (emblema de la modernidad) aún persisten en el imaginario de no pocas personas. Esto ocurre a pesar de que la disciplina histórica las ha cuestionado y, en no pocos casos, refutado. Una de ellas es la creencia de que evolución, historia y progreso van de la mano, atados entre los tres.

El propósito de este texto no es realizar un repaso histórico de tales nociones, tarea que requeriría un estudio de mayor aliento. No obstante, conviene puntualizar algunas cosas: durante el siglo XIX surgieron diversas teorías en distintos campos del saber; entre ellas destaca la de la evolución y la selección natural de Charles Darwin. En términos generales, esta propone que las especies se transforman a partir de sus ancestros y que los descendientes se reproducen de manera diferencial para adaptarse a su entorno y aumentar sus probabilidades de supervivencia, puesto que de lo contrario la especie se extingue.

Ahora bien, este postulado se trasladó a otros ámbitos, como las ciencias sociales (un ejemplo es Herbert Spencer, quien ya trabajaba ideas similares previamente). Eventualmente, algunos intérpretes mezclaron estas ideas con conceptos de progreso, sociedad y raza, dando paso a teorías (hoy consideradas seudocientíficas y seudohistóricas) que dividieron a las sociedades en “avanzadas” o “atrasadas” bajo supuestos sustentos científicos.

Cabe mencionar que la creencia en diferentes tipos de civilizaciones, bajo categorías como “civilizadas” y “bárbaras”, proviene de mucho tiempo atrás; sin embargo, en el siglo XIX tales diferenciaciones se revistieron con las formalidades que otorgaba el conocimiento científico de la época.

Valoración

Lo aquí expuesto es un esbozo general que no pretende abordar las complejidades y contradicciones de tal mentalidad, aunque sí ofrecer un panorama de ciertas perspectivas y actitudes.

Así, diversas sociedades, tanto contemporáneas como del pasado, comenzaron a ser observadas bajo una mirada temporal que seguía el orden de una escala, donde las naciones (sobre todo las occidentales) avanzaban hacia la cima: el progreso, concebido como el estadio más alto de la humanidad.

Bajo tal esquema, los nativos americanos, las comunidades africanas o los pobladores originarios fueron considerados grupos “atrasados” o perdidos en el tiempo, cuya existencia, sin la influencia occidental, representaba un estorbo para el avance social.

Uno de los exponentes de este pensamiento fue Edward Tylor, quien con base en los estadios de la humanidad de Augusto Comte propuso las etapas de salvajismo, barbarie y civilización como fases por las que atraviesan todas las sociedades. Para él, por ejemplo, los pueblos originarios se encontraban en fases evolutivas inferiores a las europeas, aunque eventualmente podrían alcanzarlas.

Con el tiempo estas teorías perdieron relevancia en la academia, pero no así en las creencias de varias personas. Todavía persiste la creencia de que existen sociedades más “atrasadas” que otras a pesar de ser contemporáneas y de que Europa representó el auge de la civilización con base en una valoración donde la tecnología occidental es sinónimo de avance y, por ende, de superioridad.

Es peligroso que esta narrativa persista y, peor aún, que sus portavoces sigan contando con espacios de difusión masiva.

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