Antes de subir al escenario Leiden ya había encontrado una forma de narrar el mundo: socióloga de formación, cantautora por vocación y promotora de proyectos comunitarios, la artista cubano-mexicana ha construido una trayectoria donde la música dialoga con la justicia social, la migración y los derechos de las mujeres.
En entrevista con Vértigo reflexiona sobre los desafíos de abrirse paso en la industria musical, la importancia de crear redes entre mujeres y el poder transformador del arte para amplificar voces históricamente silenciadas.
—¿Cómo nació su relación con la música y en qué momento se convirtió en un proyecto de vida?
—Crecí en un entorno artístico. Mi familia cubana siempre estuvo vinculada a la creación literaria y para mí el arte era algo natural. Cuando llegué a México, a los nueve años, la música también se convirtió en una forma de acompañarme y expresarme. Sin embargo, no fue hasta después de estudiar Sociología cuando comencé a escribir mis propias canciones. Ahí descubrí que la canción era la herramienta más clara que tenía para comunicarme y contar historias.
—¿Qué busca provocar en el público?
—Busco el encuentro. Creo que una canción se completa cuando se comparte. La música tiene la capacidad de crear comunidad y de conectar a personas que quizá nunca se conocerán. También me interesa la vulnerabilidad, tanto de quien cuenta una historia como de quien se permite escucharla. Ahí ocurre algo profundamente humano.
—¿En qué momento asumió una postura vinculada al feminismo?
—Fue una mezcla entre convicción y experiencia. Crecí en una familia con una fuerte conciencia social y siempre tuve una preocupación por la justicia. Con el tiempo entendí que ser congruente conmigo misma implicaba también defender causas relacionadas con los derechos de las mujeres y señalar las desigualdades que seguimos enfrentando.
Esperanza y resistencia
—¿Qué desafíos ha encontrado como mujer en la industria musical?
—Son varios. Primero, elegir el arte como proyecto de vida en una sociedad que muchas veces no lo considera una prioridad. Después, hacerlo desde la independencia. Y finalmente, abrirse camino en una industria que históricamente ha estado dominada por hombres.
Afortunadamente, dice Leiden, “las cosas están cambiando, pero todavía tenemos que trabajar para transformar muchos espacios y construir condiciones más equitativas”.
—Esa necesidad de crear espacios propios dio origen a Jueves Music. ¿Cómo surgió el proyecto?
—Durante la pandemia, junto con Adriana Marroquín, nos preguntamos cómo era posible que no existiera un sello discográfico de mujeres para mujeres en México. Decidimos crearlo no solo como una plataforma musical sino también como una red de apoyo y colaboración. Hoy participan artistas de distintos países de América Latina y hemos demostrado que también se puede construir industria desde la comunidad y no desde la competencia.
—Otro de sus proyectos emblemáticos es Volver al Corazón, desarrollado con mujeres privadas de la libertad. ¿Qué le dejó esa experiencia?
—Me confirmó que todas las personas somos capaces de crear. Trabajar con mujeres en prisión me permitió ver cómo el arte puede convertirse en una forma de liberación, incluso en contextos muy adversos. Muchas de ellas encontraron en la composición una manera de recuperar su voz y reconstruir su historia. Para mí fue una lección de esperanza y resistencia.
—¿Qué sigue para Leiden?
—Seguir creando. La música continúa siendo mi bandera, pero también quiero expandir la metodología de canción testimonial que he desarrollado con distintos grupos. Mi apuesta sigue siendo la misma: utilizar el arte para conectar personas, generar comunidad y abrir espacios donde más mujeres puedan contar sus propias historias.

