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10 junio 2021
Hector González
Columnas

“LA FUNCIÓN DEL PERIODISTA ES SER CRÍTICO ANTE QUIENES EJERCEN EL PODER”

Sergio Sarmiento

Todo comenzó el 11 de junio de 1971, un día después del Jueves de Corpus. Sergio Sarmiento (1953), entonces estudiante de 17 años, entrevistó a compañeros que asistieron a la manifestación también conocida como el Halconazo y que recuerda por la represión que ejerció la policía contra decenas de adolescentes.

Con aquellos testimonios el estudiante de la Preparatoria 8 armó un artículo que publicó José Emilio Pacheco en el suplemento cultural que dirigía. “Ahí descubrí mi vocación”, recuerda.

Este 2021 el periodista, analista político y colaborador de este semanario está de manteles largos: además de que su programa La entrevista con Sarmiento cumple 24 años al aire por TV Azteca, también celebra 50 años dentro de un oficio que hoy lo tiene como referente de la prensa en México.

Abierto el diálogo y defensor a rajatabla de la libertad, el también director de Caminos de la Libertad hace un recuento de sus años dentro de una profesión que, asegura, atraviesa uno de los momentos más álgidos que le ha tocado ver.

—Cincuenta años de periodista se dice fácil, pero es bastante tiempo. ¿Cómo se dio el tránsito de trabajar en la Enciclopedia Británica a este oficio?

—Fui director de la Enciclopedia Británica en Latinoamérica y España durante 16 años, pero empecé como periodista a los 17 años, cuando era estudiante de preparatoria. Mi primer artículo fue sobre el Halconazo del 10 de junio de 1971. Entrevisté a mis compañeros que fueron a la manifestación y se lo enseñé a un periodista a quien respetaba mucho, Federico Campbell. Él se lo pasó al entonces director del suplemento cultural de la revista Siempre!, José Emilio Pacheco, quien decidió publicarlo. Ese momento fue muy importante no solo porque me pagaron 150 pesos sino porque descubrí mi vocación.

Un par de meses después, añade Sarmiento, “conseguí mi primera columna en el periódico El Día; era sobre literatura extranjera y la mantuve de 1971 a 1976. Entré a la Enciclopedia Británica al terminar mi licenciatura en Filosofía y tras llegar de Estados Unidos, a donde me fui de ilegal. Buscaban un redactor y conseguí el puesto con 22 años. Dos años después me nombraron director editorial. Estuve ahí hasta 1995, cuando empecé a trabajar de tiempo completo en TV Azteca. Mientras tanto seguí haciendo cosas periodísticas. Fui editor de la página editorial de El Financiero, donde también tuve una columna. De ahí me fui al Reforma. Hoy mis artículos se publican en más de 20 periódicos y colaboro en radio, televisión y revistas como Vértigo.

—Tuvo un gran padrino, Federico Campbell, y un primer gran editor, José Emilio Pacheco. Además estudió filosofía. ¿Su formación humanística qué aportó a su perspectiva periodística?

—Estudié filosofía con el sueño de ser un intelectual público. Admiraba a colaboradores del Excélsior de entonces, como Emilio García Riera o Jorge Ibargüengoitia. Me parecía que la filosofía podría aportarle rigor a mis argumentos como articulista de opinión.

Rebelde

—Su primer artículo fue sobre el Halconazo; era otro México, más represivo. Como joven era simpatizante de los movimientos estudiantiles y tal vez de izquierda; no obstante con el tiempo giró hacia otras ideologías...

—He sido siempre un rebelde y lo fui ante el gobierno de Luis Echeverría. Ahora lo soy frente a ideologías que atentan contra la libertad personal y económica. Mi camino hacia el liberalismo comenzó por lo político. Al principio me parecía importante construir una democracia en México y mis artículos manifestaban ese punto de vista. La primera vez que voté fue en 1976. Ganó López Portillo con 100% de los votos oficiales. Yo voté por el único candidato de oposición, Valentín Campa, postulado por el Partido Comunista, entonces ilegal. Es decir, mi voto fue anulado. Para mí eso era inaceptable.

Al vivir en Canadá y Estados Unidos, añade, “descubrí la democracia liberal y me pareció un sistema más sano. En la universidad leía a Robert Nozick, cuyo libro Anarquía, Estado y utopía me enseñó que el marxismo no tenía razón de ser. Estoy en desacuerdo con que el gobierno diga qué puedes o no consumir y con la función moralista de la Iglesia o la familia”.

—Como periodista le tocó un periodo donde no había libertad de expresión. ¿Padeció censura?

—Por supuesto. En prensa escrita había más o menos libertad durante los setenta y ochenta, pero no en los medios electrónicos, donde comencé a trabajar en 1983. Me tocó lidiar con la Secretaría de Gobernación de Manuel Bartlett. En una ocasión cité un estudio secreto de la Secretaría del Trabajo. Mientras que en El Financiero no pasó nada, en la estación donde trabajaba, Expresión 790 de Grupo Radio Centro, sí hubo un llamado de atención. Cuando entré a la televisión ya estaba en marcha una transición clara. Cuando empecé La entrevista con Sarmiento en 1997 el mandato de Ricardo Salinas era entrevistar a todos, tanto integrantes del gobierno como de la oposición. Así lo hicimos. Entrevistamos a Andrés Manuel López Obrador cuando nadie se atrevía.

—¿Hay liberalismo de izquierda y derecha?

—El liberalismo plantea que el Estado debe respetar las libertades individuales. Carlos Salinas de Gortari usaba el término liberalismo social para defender una economía de mercado y a la vez mantener programas de apoyo social, como fue Solidaridad. Estoy de acuerdo con este tipo de iniciativas siempre y cuando respeten los derechos individuales. De hecho el presidente López Obrador de una forma u otra ha recuperado uno de los preceptos más importantes de uno de los grandes liberales del mundo, Milton Friedman, quien sostenía que para aplicar programas sociales de ayuda a los pobres no se necesitan grandes aparatos burocráticos sino dar el dinero directamente. Eso es lo que hace López Obrador. Podré estar de acuerdo o en desacuerdo; sin embargo es interesante que un presidente de izquierda recupere a uno de los economistas liberales más importantes.

Prueba de fuego para el periodismo

—¿Cómo evalúa la actual relación entre el presidente y los medios de comunicación?

—Tenemos un presidente que cuestiona constantemente a los medios. A mí, que no soy el más importante, me ha criticado con nombre y apellido seis veces en sus mañaneras. Sin embargo me parece que no toma decisiones de censura. Es verdad que me despidieron de Grupo Radio Centro después de 34 años de trabajar ahí y contrataron a un conjunto de periodistas cercanos a la ideología del presidente pensando que así tendrían más publicidad oficial. Me pareció una decisión válida, aunque al final no ocurrió así. El presidente en esos términos es bastante austero. Los dueños de los medios de comunicación tienen derecho a decidir su perfil ideológico. En lo personal prefiero que un medio refleje distintos puntos de vista y eso es lo que he hecho durante los 24 años de La entrevista con Sarmiento.

—¿Qué tipo de relación se debe establecer entre el gobierno y los medios en términos de publicidad?

—Yo colaboro en medios cuya parte de sus ingresos proviene de la publicidad gubernamental. En lo personal creo que no debería existir, porque ocasiona una situación lesiva. De existir debe ejercerse a partir de su circulación e influencia y no por la cercanía ideológica. Yo nunca he aceptado un cargo en el gobierno. Me han ofrecido en tres ocasiones ser embajador y algunos partidos candidaturas, pero no me interesa. Es muy importante entender la diferencia entre ser funcionario público y periodista.

—Otra transición que le ha tocado vivir es la del periodismo a los formatos digitales…

—Estamos viendo un cambio de fondo. Es muy posible que en los próximos años desaparezcan los medios que no tengan capacidad de reacción. Necesitamos digitalizarnos. Tengo 728 mil seguidores en Twitter y creo que la cifra es superior a la circulación de todos los periódicos en la Ciudad de México. En lo personal no vendo publicidad sino únicamente mi trabajo. Necesitamos adecuarnos a los cambios en la forma en que la gente recibe la información.

—¿Cómo no sacrificar la profundidad en el análisis por la inmediatez?

—El reto es enorme. Los 280 caracteres de Twitter no te permiten conocer ningún tema a profundidad. Las propias plataformas se dan cuenta de lo complicado que es nuestro negocio. Hasta hace unos días Facebook censuraba cualquier tipo de afirmación que planteara la posibilidad de que el coronavirus se había creado en un laboratorio. Lo hacía porque lo dijo Donald Trump. Sin embargo cuando lo señaló Biden eliminó la prohibición. Como liberal mi punto de vista es que no debería ser decisión de la plataforma señalar qué es o no verdad. Es muy importante escuchar todos los puntos de vista. Por eso estoy en contra de la censura a Trump, no obstante que estuve en desacuerdo con casi todas sus políticas. La función del periodista es ser crítico ante quienes ejercen el poder.

Mercado

—Un tema es también la supuesta “gratuidad” de la información.

—Nada es gratis. The Huffington Post no pagaba a sus colaboradores bajo el argumento de que no cobraba a sus lectores, pero esto no quería decir que no comercializara el contenido. Había un ingreso oculto que solo llegaba a los dueños. Lo mismo pasa en Facebook y Twitter: son aparentemente gratuitos pero hay un ingreso real.

—En Australia ha habido intentos por regular el uso que hace Facebook de la información generada por algunos medios.

—Sí, aunque entonces Facebook decidió no usar la información del medio. Al final llegó a un acuerdo con The Australian, periódico de Rupert Murdoch. Ahora la plataforma solo publica la información de uno de los principales empresarios de la información y no de los medios independientes. Hay que tener mucho cuidado con este tipo de legislaciones.

—¿A nivel global es el momento más álgido del periodismo que le ha tocado ver?

—Sí, pero creo que al final el buen periodismo sobrevivirá. Ahora se cobra la publicidad y se dan contenidos exclusivos a los suscriptores. No creo que la solución atraviese por que Facebook o Twitter paguen una comisión. Debe ser el mercado quien decida y quienes vivimos de esto necesitamos encontrar formas de monetizar nuestro trabajo.