A partir del 17 de mayo el escenario del Foro Shakespeare se convertirá en el espacio de una celebración que poco a poco se fractura desde dentro: bajo la dirección de Clemente Vega, Fiesta de compromiso propone una experiencia escénica donde el cuerpo sustituye a la palabra y los silencios familiares terminan por convertirse en gritos contenidos.
La obra rompe deliberadamente con las convenciones teatrales tradicionales al no existir diálogos entre los personajes. En su lugar, los movimientos, la danza, las acciones físicas y una cuidada atmósfera sonora sostienen una narrativa atravesada por tensiones emocionales, secretos y deseos reprimidos.
Fiesta de compromiso se mueve entre el teatro físico y la danza contemporánea para explorar aquello que muchas veces permanece oculto dentro de las familias, como el resentimiento, la frustración, el miedo y las expectativas sociales que terminan moldeando las relaciones afectivas.
La historia gira alrededor —quién lo diría— de una fiesta de compromiso. Elisabetha Gruener interpreta a la novia, una mujer que se encuentra a punto de formalizar una relación que, como muchas otras, parece responder más a las exigencias sociales que a los deseos personales.
Junto a ella aparece Alberto Quijano, su prometido, quien atraviesa un profundo proceso de autodescubrimiento vinculado con su identidad sexual. Lo que debería ser una celebración se transforma paulatinamente en un espacio de confrontación emocional donde cada integrante de la familia expone sus propias fracturas.
El elenco lo integran, además de Gruener y Quijano, Francisco Mena, Mónica Bejarano, Aida del Río y Gaby Castillejos. Cada personaje encarna una dimensión distinta de los vínculos familiares: los padres que sostienen apariencias, la hermana que vive entre la melancolía y la envidia, la amiga cercana cuya presencia altera la estabilidad del grupo y un novio incapaz de seguir ocultando aquello que verdaderamente desea.
Tensión dramática
En entrevista con Vértigo Elisabetha Gruener explica que uno de los principales atractivos de la puesta fue precisamente la posibilidad de abordar las complejidades familiares desde el cuerpo y no desde la palabra.
La actriz señala que desde 2024 el director, Clemente Vega, le habló sobre la idea de crear una obra de teatro-danza enfocada en “todas esas cuestiones y tensiones que están dentro de las familias y el deber ser, pero que nunca se mencionan o que de pronto explotan”.
Para Gruener la propuesta representó un desafío importante pues nunca antes había trabajado profesionalmente en un montaje de teatro-danza. Sin embargo, también encontró en el proceso una forma distinta de aproximarse a las emociones.
“Creo que todos tenemos problemas familiares y cosas que no se hablan. Todos ocupamos un rol dentro de una familia, aunque ese no sea el rol que queremos tener”, comenta.
En la historia los personajes pueden encontrarse en una reunión aparentemente convencional y, segundos después, revelar impulsos violentos, deseos ocultos o fantasías que rompen la normalidad.
Gruener describe este mecanismo como un tránsito constante entre lo contenido y lo desbordado. “De pronto tienes un tenedor y estás comiendo con él pero luego quieres clavártelo en la cara”, dice la actriz al hablar sobre la lógica emocional del montaje.
Esa convivencia entre lo cotidiano y lo perturbador genera una experiencia en la que el espectador nunca sabe con certeza si lo que ocurre pertenece a la realidad de los personajes o a sus pensamientos más íntimos.
Y es que Fiesta de compromiso apuesta por la interpretación emocional del público. La intención es que los espectadores puedan reconocerse en las dinámicas familiares que aparecen en escena. Gruener considera que el carácter universal de la obra radica precisamente en esa posibilidad de identificación, pues todos conocen las tensiones, silencios y contradicciones que existen al interior de una familia.
Uno de los temas centrales del montaje es el cuestionamiento a las expectativas sociales relacionadas con el matrimonio y la institución familiar. Aunque la sociedad contemporánea ha transformado muchas de sus estructuras, la obra señala que persiste una fuerte presión en torno del “deber ser”.
“Todavía existe esta idea de que naces, creces, consigues trabajo, te casas y tienes hijos”, reflexiona Gruener. Desde esa perspectiva, la puesta escénica se pregunta por qué muchas personas continúan reproduciendo dinámicas que les generan infelicidad o dolor.
La dimensión estética de la obra también juega un papel fundamental. La escenografía se articula alrededor de una mesa, elemento que simboliza tanto la convivencia familiar como los espacios donde suelen emerger las tensiones más profundas.
Por su parte, la música, compuesta a partir de cuerdas, violines, violas y chelos, acompaña el recorrido emocional de los personajes y sustituye en muchos momentos aquello que normalmente sería expresado mediante palabras.
A ello se suma el trabajo coreográfico de Beto Castro, cuyas secuencias de movimiento potencian el lenguaje corporal de los intérpretes y convierten la obra en una experiencia sensorial. La iluminación, a cargo de Daniel Espino, termina de construir una atmósfera donde las emociones y los impulsos internos adquieren forma visual.
De esta manera, Fiesta de compromiso propone una reflexión sobre las máscaras sociales y los mecanismos emocionales que sostienen las relaciones familiares. Recuerde: se presenta los domingos a las 20:30 horas en el Foro Shakespeare hasta el 12 de julio. Puede adquirir los boletos en línea o directamente en taquilla.

