El teatro siempre ha sido un espacio para cuestionar, reflexionar y replantear lo que la sociedad parece imponer. En este marco, la obra Lo que sabemos de lo que no sabemos del amor (LQSA) trata las relaciones afectivas que constantemente se redefinen: hoy hablamos de una pluralidad de géneros, maneras de vincularse y definirse que antes, aunque existían, no eran nombradas.
Bajo esta premisa LQSA es una propuesta de teatro musical que apuesta por mirar el amor sin idealizaciones ni fórmulas tradicionales.
Además de música original, la obra ofrece una rica narrativa poética y una profunda exploración emocional que hace cuestionarse al público su manera de amar, pero
sin ningún afán de moralizar. Más bien, LQSA reflexiona acerca de los vínculos amorosos (de pareja, de amistad, familiares, etcétera) y cómo estos nos forman desde la niñez hasta la etapa adulta; cómo recibimos el amor y por qué amamos como amamos.
A partir de estos cuestionamientos la trama reúne a cinco personajes que exploran distintas formas de vincularse afectivamente, mostrando contradicciones, deseos, heridas y procesos personales.
Julia, Emilio, Alicia, José y Angie son interpretados por Ana Cecilia Azuela, Axel Santos, Michelle Godet, Chino Sánchez y Manu NNa. Durante la historia, los personajes enfrentan sus propias ideas del amor mientras intentan comprender sus emociones y relaciones.
Cada uno representa una perspectiva distinta sobre los vínculos afectivos. A través de sus interacciones, el musical construye una especie de mosaico emocional que refleja las tensiones de una generación que cuestiona los modelos tradicionales de pareja y se abre a nuevas formas de amar.
La temporada de esta puesta en escena se presenta todos los jueves a las 20:30 horas en el Foro Lucerna del Teatro Milán hasta el 16 de abril. Lejos de ofrecer respuestas definitivas, la obra se dedica a explorar las dudas que rodean a las relaciones humanas.
(D)escribir el amor
Detrás de la obra existe un proceso creativo largo y meticuloso. La actriz y creadora Ana Cecilia Azuela, quien interpreta a Julia en el escenario, explica en entrevista con Vértigo que el proyecto comenzó a tomar forma hace aproximadamente tres años.
Según relata, la idea inicial la presentó el actor y creador Chino Sánchez, quien compartió con ella un primer boceto de la historia. “Lo primero que llegó a nuestras manos fue un planteamiento muy distinto al que hoy vemos en el escenario. En ese momento la idea era hacer un musical de rockola con canciones de una banda que nunca llegó a publicarse”, comenta Azuela.
Pero lo que realmente llamó su atención fue el potencial de la historia y las preguntas que planteaba sobre el amor. A partir de ese momento comenzó un proceso de escritura y reescritura.
Durante aproximadamente dos años el equipo trabajó en el desarrollo del texto invitando a distintos actores a participar en lecturas del guion. Estas sesiones permitieron escuchar reacciones, ajustar personajes y fortalecer la narrativa.
“Nosotros somos actores, no dramaturgos de formación. Por eso quisimos construir el proyecto escuchando a intérpretes, directores y dramaturgos que nos compartieron su mirada. Fue un proceso muy cuidadoso”, explica la actriz.
Conforme la obra evolucionaba el equipo creativo se dio cuenta de que las canciones que originalmente habían elegido ya no respondían a las necesidades de la historia. Fue entonces cuando se integró al proyecto el compositor José Ignacio Martínez, quien propuso desarrollar música original para el musical.
El resultado es una banda sonora que mezcla diversos estilos musicales y evita replicar la estructura tradicional de los musicales. La intención, explica la actriz, era alejarse de fórmulas ya conocidas para construir una propuesta sonora que acompañara la complejidad emocional de la historia.
Otro de los elementos distintivos de la puesta en escena es su lenguaje corporal. La coreografía funge como herramienta narrativa que complementa la música y el texto. Desde el inicio del proyecto Azuela imaginó una propuesta inspirada en el teatro físico y la danza contemporánea.
Entre sus referencias menciona tanto el trabajo coreográfico de musicales como Hamilton, como las propuestas del teatro-danza europeo. Durante un laboratorio escénico los actores exploraron distintas sensaciones corporales para representar acciones cotidianas (como brindar o sostener flores) sin recurrir a objetos reales.
Sobre el proceso creativo, Azuela comparte que fue un trabajo profundamente personal, ya que muchos de los personajes se inspiran en experiencias propias, en personas cercanas o en reflexiones surgidas durante el desarrollo del proyecto.
Julia, su personaje, ocupa un lugar central. Se trata de una figura que, cuenta Azuela, fue concebida pensando en su propia perspectiva sobre el amor. Aunque no todas las experiencias del personaje coinciden con las suyas, reconoce que la forma en que Julia entiende los vínculos afectivos sí refleja su visión personal. “Mi manera de ver el amor está muy presente en Julia”, explica.
El montaje está pensado para que el público pueda identificarse con distintos personajes y situaciones. En especial, la obra invita a reflexionar sobre cuánto de nuestras ideas provienen de experiencias propias y cuánto responde a creencias heredadas. Al respecto, la actriz afirma: “Nos gustaría que las personas se cuestionen por qué aman como aman”.
Más que una historia, Lo que sabemos de lo que no sabemos del amor es una mirada hacia el mundo que habita tanto dentro como fuera de nosotros. Es una sacudida a lo que tenemos asentado, incluso en cuanto a teatro se refiere. Si no es amante de los musicales y los “tiempos de ahora” le resultan extraños, esta obra podrá dejarle más dudas, pero saldrá con la sensación de estar más vivo que nunca.

