Hallan manifestaciones gráfico-rupestres en Hidalgo

Se trata de 16 petrograbados y pinturas rupestres que datan de la prehistoria y del Posclásico mesoamericano

Manifestaciones gráfico-rupestres
Foto: Gerardo Peña/INAH
Cultura
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Ciudad de México, México, 13 de abril. Durante los trabajos del Proyecto de Salvamento Arqueológico del Tren de Pasajeros Ciudad de México-Querétaro, impulsados por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se hallaron nuevas manifestaciones gráfico-rupestres en el lugar identificado como Sitio 77, El Venado, ubicado en el cerro homónimo.

Se trata de 16 elementos, entre petrograbados y pinturas rupestres que, por sus características estilísticas, datan, posiblemente, de la prehistoria y del periodo Posclásico (900-1521 d.C.). Se localizan en dos acantilados cercanos al río Tula y la presa La Requena, en las inmediaciones de las comunidades de San José Acoculco (Atotonilco de Tula) y Benito Juárez (Tepeji del Río de Ocampo), en Hidalgo.

En las figuras halladas cerca de la presa hay diversos personajes: uno de perfil con una greca escalonada en el pecho y un chimalli (escudo) en la mano; otro de pie con un tocado y anteojeras, como las de Tláloc, y porta lo que parece una macana, y uno más con un penacho y las extremidades extendidas, con un objeto circular entre las piernas; así como un rostro con nariguera y penacho; un cuadrúpedo, quizá, un venado, y una franja blanca al negativo en medio de colores rojos.

En el mismo abrigo rocoso también se observa una figura antropomorfa estilizada, pintada en color rojo, y lo que pudiera ser una serpiente o un rayo que cae, entre otras expresiones gráficas, las cuales están difuminadas debido al paso del tiempo, pero cuya temporalidad se remontaría a la prehistoria (más de 4,000 años).

El coordinador del proyecto del salvamento arqueológico, Víctor Francisco Heredia Guillén, informó que los elementos se hallaron el 3 de enero de 2026. Se presume que las pinturas se elaboraron con pigmentos minerales o vegetales, mientras que los petrograbados están hechos en puntillismo.

Por su parte, el arqueólogo Abel José Romero García, quien también es miembro del equipo de salvamento, añadió que las pinturas se encuentran en buen estado de conservación, y estimó que, en el caso de aquellas de origen prehispánico, posiblemente, tengan relación con la etapa final de Tula.

Tras su localización, se hizo el registro fotográfico y fotogramétrico de las manifestaciones, lo que permitirá estudiarlas a detalle y fecharlas mediante comparaciones con otras expresiones de este tipo encontradas en la región.

El sitio fue registrado en los años 70 del siglo pasado, dentro del Proyecto Arqueológico Tula, coordinado por el investigador emérito del INAH, Eduardo Matos Moctezuma, y en aquella década se halló un elemento pintado alusivo a un venado, a partir del cual se dio nombre al cerro. La ubicación de las manifestaciones responde a un fin mítico-religioso, tal vez, relacionado con fenómenos astronómicos o calendáricos.

Entre las figuras halladas cerca del río Tula se aprecia la representación de un venado y una figura con colmillos, antenas, pechera y anteojeras, similares a las de Tláloc, con patas semejantes a las de un ave, que recuerda a las representaciones hechas por cultura mogollón, la cual habitó el suroeste de lo que hoy es Estados Unidos y el norte de México, y que se han localizado en sitios de Puebla.

Asimismo, se distinguió una figura con cara antropomórfica y cabello, con cuatro patas, semejantes a las de un ave o los cascos de un caballo, la cual, probablemente, se remonte a la época del contacto con los españoles. Estos elementos se localizaron el 15 de mayo de 2025, aunque ya eran conocidos localmente por las comunidades.

El trazo original del Tren México-Querétaro contemplaba el paso de la vía por donde están los elementos de la gráfica rupestre. En octubre de 2025, la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, anunció la modificación de la ruta para conservar este sitio patrimonial, ante la imposibilidad de trasladar las pinturas a un museo.

“Así, a través de acuerdos y negociaciones entre el INAH y la Defensa, se salvan los petrograbados y las pinturas, y la obra ferroviaria se sigue construyendo sin afectar los vestigios”, dijo Heredia Guillén al finalizar que el interés de la mandataria federal por estos elementos contribuirá a sensibilizar a las autoridades estatales y locales acerca de la importancia de preservar los bienes patrimoniales, en concordancia con las obras de infraestructura, ya que pueden coexistir sin afectación directa.

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