LAS ARMAS DE LA ILUSIÓN: EL UNIVERSO DE JORDI SOLER

“Transformar los recuerdos en algo más que un archivo personal”.

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Cultura
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Sumergido entre estaciones de radio, entrevistas literarias, movimientos sociales, conciertos de rock y encuentros con personajes que marcaron la historia cultural contemporánea de México, Jordi Soler reconstruye episodios ocurridos entre 1995 y 2014 para convertirlos en una reflexión sobre la memoria, la literatura y las ilusiones colectivas que transformaron a toda una generación.

Publicado este año, Las armas de la ilusión es un volumen que reúne crónicas en las que Soler aparece como director de radio, periodista, escritor, entrevistador e incluso diplomático. Sin embargo, más allá de la diversidad de escenarios el libro tiene un eje claro: la forma en que la experiencia personal se cruza con la historia de México.

“Me pareció que había una serie de capítulos donde un escritor mexicano va floreciendo con el México que lleva en distintos sitios”, explica Soler en entrevista con Vértigo.

“Los dos primeros capítulos son en México, luego hay uno en Irlanda, otro en Bulgaria y otro en Madrid. Además, la interlocución de casi todo el libro es con escritores mexicanos”, agrega.

Lejos de construir una autobiografía convencional, Soler apuesta por una estructura fragmentaria. Los episodios parecen dispersos a primera vista pero están unidos por una misma mirada: la de un narrador que observa cómo las decisiones personales, las amistades, la música y la política terminan configurando toda una época.

Uno de los elementos centrales de Las armas de la ilusión es, claro, la memoria. Soler reconstruye acontecimientos ocurridos décadas atrás y reconoce que recordar es una tarea inevitablemente subjetiva. “Hay que decir que la memoria es un músculo acomodantísimo”, señala. “Recuerdas cosas y luego pasa el tiempo y ya las has modificado. El hecho se modifica según quien lo mira”.

A pesar de ello, asegura que el libro se mantiene sorprendentemente fiel a los acontecimientos originales. Muchos de los personajes que aparecen en las crónicas siguen vivos y ya han leído el texto.

Sobre esto, apunta: “De las personas que lo han leído nadie se ha quejado. Me he dado cuenta de que la memoria fue bastante fiel. He inventado poco, lo cual es todo un logro en un escritor de ficción”.

Sueños colectivos

De entre todos los temas que atraviesan el libro, ninguno ocupa un lugar tan importante como el movimiento zapatista. Las páginas de Las armas de la ilusión recuperan el entusiasmo que despertó el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) entre miles de jóvenes durante los noventa.

En el libro recuerda que dirigía una estación dedicada al rock cuando decidió respaldar públicamente la causa zapatista, una postura que le generó conflictos con los dueños del grupo radiofónico y con las autoridades.

Soler mantiene intacta su admiración por el impacto cultural y político que tuvo el levantamiento de 1994. “Los zapatistas vinieron a despertarnos”, afirma. “Nos enseñaron a mirar el México real, lleno de pueblos indígenas que habían sido sojuzgados durante siglos. Antes del ’94 todo era retórica. De pronto alguien nos dijo: aquí hay gente que se está muriendo de hambre desde hace 500 años. Y todos volteamos hacia allá”.

El título del libro también nace de esa experiencia. Además de aludir a un episodio concreto narrado en las crónicas, funciona como una metáfora de la fuerza simbólica del zapatismo. “Nos ilusionaron con un país que nunca llegó”, reflexiona. “Sin embargo, la ilusión sí la tuvimos. Y esa ilusión ayudó a cambiar muchas cosas. Es el arma más poderosa que existe”.

Si el zapatismo representa una de las grandes corrientes políticas que recorren el libro, el rock encarna su dimensión cultural. Las páginas de Soler están pobladas por bandas como Santa Sabina, Maldita Vecindad, Botellita de Jerez y La Lupita, grupos que marcaron a una generación que encontró en la música una forma de resistencia y de construcción de identidad.

El autor recuerda una Ciudad de México muy distinta a la actual, donde la oferta cultural para los jóvenes era limitada y la vida nocturna estaba fuertemente restringida. “Era una ciudad grisácea”, dice. “No había conciertos internacionales, no había radio como la entendemos ahora. Los Rolling Stones vinieron por primera vez en 1995 y ya habían tocado hasta en Soweto. Era algo escandaloso”.

Como director de radio Soler participó directamente en la promoción de nuevas bandas. Una de las experiencias que más rememora es la primera vez que vio tocar a Santa Sabina. “Fue una de las experiencias más impresionantes de mi vida”, cuenta. “Ver a Rita Guerrero en el escenario era tremendo”.

La música, como ocurre en buena parte del libro, deja de ser únicamente una manifestación artística para convertirse en el reflejo de una época marcada por la búsqueda de nuevas formas de expresión y libertad.

Asimismo, las crónicas de Las armas de la ilusión también funcionan como una galería de encuentros literarios. En ellas aparecen figuras como Elena Poniatowska, Fernando Vallejo y Sergio Pitol, además de referencias constantes a autores como James Joyce y Oscar Wilde.

Soler convierte estas experiencias en relatos llenos de humor y situaciones improbables. En una ocasión entrevista a Fernando Vallejo dentro de una tienda de vestidos de novia; en otra recorre Dublín siguiendo las huellas de Joyce; más adelante termina durmiendo en la casa asociada a Oscar Wilde.

Entre pasamontañas, conciertos, escritores, transmisiones de radio y sueños colectivos Jordi Soler recupera en Las armas de la ilusión una época decisiva para México y la convierte en una crónica vibrante sobre la identidad, la rebeldía y la capacidad de imaginar un país distinto.

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