Teherán, Irán, 13 de mayo. El control de Irán sobre el estrecho de Ormuz está estrangulando los suministros energéticos del mundo e infligiendo dolor económico global, pero las dificultades de la propia economía de la República Islámica están poniendo a prueba su capacidad para resistir la guerra y desafiar las exigencias de Washington.
Los iraníes han sido golpeados por el alza vertiginosa de los precios de los alimentos, los medicamentos y otros productos. Al mismo tiempo, el país ha visto pérdidas masivas de empleos y cierres de negocios causados por los daños de los ataques en industrias clave y por el cierre de internet durante meses por parte del gobierno.
El costo económico de la guerra y del bloqueo naval de Estados Unidos "ha sido muy sustancial y sin precedentes para Irán", afirmó Hadi Kahalzadeh, economista iraní e investigador asociado en la Universidad Brandeis.
Pero Irán ha soportado décadas de presión económica y sanciones, y su capacidad de adaptación no ha sido desmantelada, sostuvo Kahalzadeh.
"Probablemente Irán pueda evitar un colapso económico completo o una escasez total de bienes esenciales, pero a un costo muy alto", señaló. "El principal costo se trasladará a los iraníes comunes mediante una inflación más alta, más pobreza, servicios más débiles y una vida cotidiana mucho más dura".
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha pronosticado que la economía iraní se contraerá en alrededor de 6 puntos porcentuales el próximo año. El centro oficial de estadísticas de Irán informó a mediados de abril que la inflación anual fue del 53.7%, mientras que la inflación de los alimentos superó un 115% en comparación con el mismo periodo del año pasado.
Mientras tanto, la moneda iraní, el rial, ha perdido más de la mitad de su valor en el último año, al caer a un mínimo histórico de 1,9 millones por dólar a finales del mes pasado. Las penurias económicas ayudaron a alimentar protestas masivas que se extendieron por todo el país en enero.
Precios elevados en productos básicos
Estacionado bajo un paso elevado en el centro de Teherán, Hossein Farmani, de 56 años, esperaba junto a otros taxistas a que llegaran clientes. Abrió el maletero de su auto para sacar una tetera antes de servirse un vaso de té. Reflexionó sobre los aumentos descontrolados de precios del último año. Junto con artículos como la leche, el precio del té ha subido más de un 50% desde que comenzó la guerra.
"Si las cosas siguen en esta dirección, vamos a sufrir mucho más", indicó Farmani.
Los precios ya habían subido de manera constante durante los últimos dos años, pero un recorrido de Associated Press por tiendas de comestibles en Teherán encontró grandes saltos desde febrero, antes de que comenzara la guerra: el pollo y el cordero aumentaron un 45%, el arroz un 31% y los huevos un 60%.
Las autoridades iraníes han anunciado medidas para ayudar a los iraníes a sobrellevar los precios asfixiantes. Pero muchas de estas políticas —incluido un aumento de 60% del salario mínimo y programas de cupones para artículos básicos— están avivando la inflación, escribió recientemente Taymur Rahmani, economista de la Universidad de Teherán, en un importante periódico de negocios, Dunya-ye Eqtesad.
Desde que comenzó la guerra, las tarifas gratuitas de autobús y metro en la capital tampoco están ayudando a los taxistas de la ciudad, que atraviesan dificultades.
En medio de la pérdida de empleos, muchos iraníes se están apresurando a encontrar nuevas formas de ganar dinero. Ali Asghar Nahardani, de 32 años, dijo que la aplicación de transporte para la que trabaja no le había pagado en más de un mes. Recurrió a la venta ambulante para cubrir sus gastos de vida.
La guerra contribuye al colapso de la clase media iraní
El cierre del estrecho ha elevado los precios de la energía en todo el mundo. Pero en Irán, la guerra ha marcado otro paso en la ruina de una clase media que alguna vez fue grande y próspera, tras décadas de sanciones.
Para 2019, la clase media de Irán ya se había reducido a alrededor de 55% de la población, explicó Mohammad Farzanegan, profesor de economía de Oriente Medio en la Universidad de Marburgo. Nuevas rondas de sanciones, así como guerras, corrupción y mala gestión económica, han recortado aún más esa cifra, agregó.
La guerra probablemente empujará a varios millones de iraníes por debajo de la línea de pobreza, según un informe publicado por la agencia de desarrollo de la ONU a finales de marzo.
Los líderes instan a la población a resistir
Los líderes de Irán han intentado reforzar el frente interno mostrando empatía y, al mismo tiempo, instando al público a soportar el dolor económico en favor del esfuerzo bélico.
El nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, describió la fase actual del conflicto como un "campo de batalla económico" y pidió a los empleadores "evitar los despidos en la medida de lo posible" en una serie de mensajes en su canal oficial de Telegram el viernes. Se cree que Jamenei resultó herido al inicio de la guerra por ataques israelíes y aún no ha aparecido en público.
El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf —quien ha surgido como un actor clave en el esfuerzo bélico y en las conversaciones con Estados Unidos— instó a los iraníes a "ser austeros" en sus gastos. Señaló en su cuenta oficial de Telegram que los administradores del gobierno y el público "tienen el deber de ayudarse mutuamente" para aliviar los efectos económicos.
El bloqueo de Estados Unidos ha restringido el comercio crucial de Irán en el golfo Pérsico. Más del 90% del comercio iraní, en particular las exportaciones de petróleo que aportan miles de millones de dólares, fluye a través de sus puertos del sur, estimó Farzanegan.

