Simferópol. Crimea, 12 de junio. Ataques ucranianos con drones contra refinerías, almacenes y oleoductos. Camiones cisterna atacados y en llamas a lo largo del corredor terrestre desde Rusia hasta Crimea. Automovilistas aguardando en largas filas en las gasolineras.
En un nuevo golpe a la narrativa del Kremlin de que Moscú está ganando la guerra de 4 años en Ucrania, las fuerzas de Kiev han atacado los suministros que van a Crimea, lo que ha desencadenado la peor crisis de combustible en la península del mar Negro desde que Rusia se la anexó ilegalmente en 2014.
Los persistentes ataques reflejan la creciente intensidad y eficacia de los golpes ucranianos con drones, y han tomado desprevenido al gobierno ruso, que pasa apuros para responder.
Al momento en que ese país conmemora este viernes el feriado nacional del Día de Rusia, lo que marca el inicio de las vacaciones de verano, la escasez de gasolina amenaza con provocar más trastornos en la región dependiente del turismo, con sus playas y complejos turísticos.
En un inusual reconocimiento público, el Kremlin ha admitido el alcance del problema y ha prometido abordar el asunto con rapidez.
Los éxitos de Ucrania han puesto de relieve su capacidad para infligir daños dolorosos a Rusia y modificar el curso del conflicto, mientras que recientemente Moscú ha dejado de avanzar casi por completo. El jueves, Rusia alcanzó el día mil 569 de su invasión de Ucrania, con lo cual superó la duración de la Primera Guerra Mundial.
Crimea tiene una importancia especial para Rusia
Crimea ha sido una joya en la corona imperial de Rusia desde que fue arrebatada a los tártaros de habla turca en el siglo XVIII, después de que Moscú derrotara al Imperio otomano.
El gobernante soviético Nikita Jrushchov transfirió Crimea de Rusia a Ucrania en 1954, cuando ambas repúblicas formaban parte de la URSS. Al derrumbarse la Unión Soviética en 1991, la península con forma de diamante pasó a formar parte de la Ucrania recién independizada.
Rusia mantuvo una base naval en Sebastopol, y cuando el presidente ucraniano Víktor Yanukóvich —afín a Moscú— fue derrocado en un levantamiento popular en febrero de 2014, el presidente ruso Vladímir Putin envió soldados para tomar Crimea. Semanas después, el Kremlin se anexó la península tras un referendo que la mayor parte del mundo se niega a reconocer.
Poco después, en el este de Ucrania estalló una insurgencia separatista respaldada por Moscú, y los combates allí se prolongaron con intensidad variable hasta la invasión de febrero de 2022. Las fuerzas rusas concentradas en Crimea se apoderaron rápidamente de grandes partes del sur de Ucrania al principio de la guerra, y aseguraron el control de la ruta terrestre hacia la península.
Desde el comienzo del conflicto, Ucrania ha lanzado misiles y drones para intentar quitarle a Moscú el control del territorio. El ejército ucraniano hundió varios buques de guerra rusos en el mar Negro y en sus bases en Crimea, lo que debilitó la capacidad naval del Kremlin y lo obligó a reubicar su flota en Novorossiysk.
Ucrania también atacó sistemáticamente depósitos de municiones, aeródromos y el activo más preciado de Putin, el puente de Kerch, que conecta Crimea con Rusia. El puente fue alcanzado por una bomba colocada en un camión en octubre de 2022, hecho en el que murieron cinco personas, dos secciones del puente volaron y se requirieron meses de reparaciones. En 2023 y 2025 hubo más ataques contra el puente.
De momento no está claro cómo afectarán las interrupciones de combustible a las operaciones militares rusas, pero los residentes de Crimea y otros territorios ocupados están sintiendo las consecuencias con fuerza.
La península ya había sufrido escasez periódica de combustible por ataques ucranianos, pero esta crisis es la peor desde que fue anexada en 2014.

