La Tomatina tiñe de rojo al pueblo español de Buñol

Camiones transportaron 165 toneladas de tomates

Batalla anual de la Tomatina, en Buñol, España.
Foto: AP
Internacional
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Buñol, España, 26 de agosto. Miles de juerguistas se dieron cita en Buñol para la batalla anual de comida de La Tomatina, y tiñeron de rojo este pequeño pueblo del este de España con hasta 165 toneladas de tomates demasiado maduros.

Camiones cargados de frutos avanzaban lentamente entre la multitud mientras quienes iban arriba arrojaban tomates a los fiesteros, que a su vez se los lanzaban unos a otros. Sus camisetas blancas pronto se tornaron rosas y rojas mientras por los altavoces sonaban canciones populares a todo volumen. En un momento dado, la policía pareció usar gas pimienta para dispersar a una multitud, pero el ambiente festivo se reanudó rápidamente.

La caótica refriega dura más de una hora y tiene lugar en las calles del pueblo, donde los edificios se cubren con lonas en la víspera. Los orígenes de la fiesta, que se celebra el último miércoles de agosto, se remontan a una pelea de comida en 1945.

La Tomatina se convirtió en una tradición anual antes de que el dictador Francisco Franco la prohibiera en la década de 1950. La atención de las televisoras en los años 80 ayudó a convertir el festival en un evento a nivel nacional y, con el tiempo, en un atractivo internacional.

Se esperaba que más de 20 mil personas participen este año en la batalla. Alrededor del 40% de los participantes de los últimos tres años son turistas extranjeros, reportó la agencia noticiosa española EFE esta semana.

En los últimos años se ha registrado un notable aumento de visitantes procedentes de India debido a la película de Bollywood "Zindagi N Milegi Dobara" ("Solo se vive una vez"), de 2011, en la que tres amigos hacen un viaje por carretera por España durante una larga despedida de soltero. El filme recreó La Tomatina, dando a conocer la fiesta a muchos indios.

Fue el motivo por el que Romail Khokhar, un joven de 27 años de Mumbai, viajó a Buñol por primera vez. El miércoles por la mañana esperaba ansioso el inicio de la que será su tercera batalla con tomates.

"La verdad es que me siento genial. Es el mejor festival en el que he estado y lo disfruto mucho", afirmó Khokhar, que es dueño de un negocio de ropa.

Se han celebrado eventos similares con tomates en Florida, Londres, Ámsterdam, en el pueblo colombiano de Sutamarchán y Hyderabad, India.

Los asistentes que no son de la localidad pagan 15 euros (17.50 dólares) por un boleto. La primera y única regla: aplastar los tomates antes de arrojarlos para evitar lesiones. Aun así, muchos participantes utilizan gafas de natación y tapones para los oídos para protegerse.

Una vez transcurrida la hora, un cañonazo marca el final de las festividades y la multitud se enjuaga en duchas comunitarias cercanas. Más tarde, las calles del pueblo se limpian con mangueras.

Aunque las manchas en la ropa pueden ser permanentes, el ácido cítrico de los tomates actúa como agente limpiador, por lo que a menudo las calles de Buñol quedan más limpias que antes.

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