Kiev, Ucrania, 2 de junio de 2026. Rusia lanzó cientos de drones y decenas de misiles contra Kiev, Dnipro y otras ciudades ucranianas durante la madrugada, dejando un saldo de al menos 22 civiles muertos entre ellos menores de edad y 138 heridos. Equipos de rescate han recuperado cuerpos de niños y mujeres de entre los escombros de las zonas residenciales afectadas por la intensa ofensiva.
El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, urgió a Estados Unidos y Europa a redoblar el suministro de sistemas de protección antiaérea. La vulnerabilidad de los civiles ha aumentado debido a la escasez de defensas, situación que el mandatario ruso, Vladímir Putin, busca capitalizar para generar noticias positivas y contrarrestar la presión interna por los reveses en el frente de batalla.
De acuerdo con la fuerza aérea local, Moscú disparó 73 misiles y 656 drones, de los cuales las defensas ucranianas lograron neutralizar 40 y 602, respectivamente. Aunque el Kremlin justificó el bombardeo como una operación dirigida exclusivamente contra instalaciones militar-industriales, las autoridades ucranianas documentaron múltiples impactos directos y devastación en infraestructura civil, residencial y energética.

