Se abre una oportunidad histórica para generar desarrollo económico, creación de empleos y atracción de inversiones, así como para terminar con la dependencia de México en el suministro de gas.
La riqueza de una nación y de manera consecuente la elevada calidad de vida de sus ciudadanos depende fundamentalmente de contar con empresas orientadas a las actividades secundarias, es decir, las que se dedican a transformar materias primas en productos elaborados, bienes de consumo y maquinaria, por ejemplo.
Para que la industria de la transformación funcione se requiere de la energía y desde hace décadas y aún más en la actualidad, ella se obtiene principalmente del petróleo y el gas, recursos naturales con los que cuenta México, pero no son suficientemente aprovechados.
De ahí la importancia de que el país aproveche sus reservas de hidrocarburos, en particular el gas natural, para lo cual será necesario utilizar la tecnología conocida como fracturación hidráulica o fracking.
La instrumentación de dicha práctica impulsará la economía, como bien señalan diversos líderes de opinión, entre los que destaca Ricardo Salinas Pliego, presidente y fundador de Grupo Salinas.
Hidrocarburos y riqueza
En el mundo actual el poder económico de las naciones ya no depende exclusivamente de su capacidad militar, sino también del aprovechamiento de los recursos energéticos.
Distintos reportes del Banco Mundial (BM), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y otros organismos internacionales dan cuenta de que los países con mayor riqueza económica tienen como una de sus características la producción, consumo y comercialización de sus recursos energéticos.
La relación entre riqueza, economía y energía es clara: Estados Unidos se caracteriza por su alta producción de energía; China es líder mundial en consumo energético; Alemania es líder en eficiencia y transición energética en Europa; Japón e India se ubican asimismo entre las economías más fuertes por el aprovechamiento de sus recursos energéticos.
Todos ellos, aunados a otras naciones de la Unión Europea (UE), como Francia e Italia, tienen economías con mayor estabilidad y su Producto Interno Bruto (PIB) mantiene un mejor desempeño, en comparación con las llamadas economías emergentes, como México.
Los reportes de los organismos financieros internacionales son claros: los combustibles fósiles siguen marcando el ritmo de las decisiones económicas y energéticas en todo el mundo. El mercado mundial de hidrocarburos continúa siendo gigantesco y con perspectivas de expansión.
Por otro lado, existe el hecho de que “las 47 naciones menos adelantadas del mundo están quedándose cada vez más rezagadas —con relación a los países en vías de desarrollo— en la obtención de energía para los hogares y las empresas”.
Ese fue uno de los hallazgos de un informe sobre esos países publicado recientemente por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).
“Todo el mundo, menos México, practica el fracking”.
El estudio indica que “la falta de acceso a la energía tiene graves consecuencias en el desarrollo del sector industrial de esos países”.
Es un hecho que en los próximos años (40 o 50, de acuerdo con estimaciones de expertos, entre ellos los integrantes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP) los hidrocarburos mantendrán su relevancia en la economía mundial. En este mundo globalizado, el sector energético está ligado a los acontecimientos internacionales que puedan alterar el orden mundial, por ejemplo, la pandemia de Covid-19 hace unos años, o bien conflictos bélicos como la guerra de Rusia contra Ucrania y particularmente la que sostienen Estados Unidos e Israel contra Irán.

Dicho conflicto genera problemas directos para transportar hidrocarburos por las rutas tradicionales, como el conocido estrecho de Ormuz, por donde circula más de 20% del gas natural licuado del mundo.
Cuando el suministro energético se interrumpe, las consecuencias son inmediatas: aumentan los precios, se desaceleran las economías y se tensan las cadenas de producción.
“¡Basta de ideologías retrógradas que frenan el desarrollo!”
Dependencia del gas
Autoridades del gobierno federal destacaron que México cuenta con reservas importantes de gas natural, “combustible que se caracteriza por ser altamente eficiente en la producción de energía eléctrica y, a diferencia de otros combustibles como el carbón o el combustóleo, genera energía con una menor cantidad de emisiones contaminantes”.
El gas natural “es muy versátil. Se utiliza para procesos industriales que requieren calor y es también utilizado incluso en los hogares”.
También dieron cuenta de que actualmente “consumimos nueve mil millones de pies cúbicos de gas natural al día. De estos, dos mil 300 millones los produce Petróleos Mexicanos y seis mil 800 millones son importados”.
En este sentido, reconocieron que “hoy México enfrenta una alta dependencia de gas natural proveniente del extranjero. Y esta situación se ha incrementado a partir de 2010, cuando comenzó un proceso de declinación, que fue sostenido hasta 2018”.
Las autoridades aceptan que si bien a partir de 2018 se ha logrado mantener la producción y detener la tendencia negativa, “la realidad es que al día de hoy estamos importando 75% del gas natural que consumimos en el país”.
Aunado a lo anterior está el hecho de que la demanda de gas natural seguirá creciendo en términos absolutos, aproximadamente 30% en el corto plazo, dadas las necesidades de la industria y del propio gobierno.
Otro dato aportado por el gobierno federal es que el gas natural importado proviene de Estados Unidos, 80% del estado de Texas y 20% de California. Existen en México 22 puntos de internación a lo largo de toda la frontera norte por los que entra este gas natural.
Algo muy revelador para quienes no conocían el dato: “Este gas importado es el llamado gas shale, gas de lutitas, que es extraído con fracturamiento hidráulico (fracking)”.
El gobierno federal aceptó que esta situación “nos hace vulnerables ante modificaciones en el precio internacional; hay riesgos, incluso, climáticos, como pasó en años anteriores, por el congelamiento de ductos en Estados Unidos”.

Otro factor, expusieron, son los conflictos internacionales: “Al depender de otros países para acceder al gas, existe incertidumbre en la garantía del suministro. Y al final, estamos expuestos a decisiones que están fuera de nuestro control y recaen en decisiones de empresas extranjeras, o de otros países, o de situaciones que se pueden presentar a nivel internacional”.
La autoridad planteó que por ello es indispensable aprovechar nuestras “abundantes reservas de gas natural”.
Expuso que tenemos dos tipos de yacimientos: “Los convencionales, que están asociados a la producción petrolera, y los no convencionales, que normalmente los tenemos en las rocas almacenadoras, que son carbonatos normalmente en México, y ahí se acumula el gas”.
Señalaron que “el gas está metido entre las fisuras, entre los interespacios de la roca muy dura, que son lutitas o arenas compactadas, pero se puede aprovechar a través de diferentes desarrollos tecnológicos”.
El objetivo del gobierno es que en los próximos diez años México alcance una producción de 8.6 mil millones de pies cúbicos de producción de gas y por ello la decisión de aceptar el fracking.

También destacó que ya “existe un importante desarrollo tecnológico que permite realizar la extracción de manera eficiente y cuidar el suelo, los mantos acuíferos y con un uso eficiente del agua”.
Y “para reducir el riesgo de la contaminación y proteger los acuíferos se utiliza infraestructura mejorada, con los estándares más altos de cimentación, tuberías y materiales”.
Hace unos días el Ejecutivo federal presentó el Comité de Científicos y Especialistas que analizarán la explotación de gas natural no convencional. Se trata de científicos e investigadores de instituciones educativas como la UNAM, IPN, UAM, UANL e IMTA, así como del Instituto Mexicano del Petróleo.
En aproximadamente dos meses emitirán sus primeras recomendaciones y se procederá a tomar las decisiones correspondientes, informaron las autoridades.
Decálogo
El anuncio del gobierno federal despertó el interés de empresarios que justamente trabajan en este campo, como la Asociación Mexicana de Empresas de Hidrocarburos (AMEXHI), pero sobre todo de aquellos que tienen el firme compromiso de generar Prosperidad Incluyente a través de la creación de fuentes de trabajo, como es el caso de Ricardo Salinas Pliego, quien a través de sus empresas da empleo de manera directa a alrededor de 200 mil personas.
A través de publicaciones en sus redes sociales, el presidente y fundador de Grupo Salinas expresó su apoyo a la iniciativa del Ejecutivo federal, a fin de avanzar en este tema: “México lo necesita urgentemente”.
Al respecto, enumeró diez motivos por los cuales considera que es indispensable utilizar el fracking para explotar nuestros yacimientos de gas natural.
En primer lugar, aseguró que la independencia energética es indispensable para cualquier Estado soberano. Luego, recordó que nuestro país tiene reservas probadas en la Cuenca de Burgos y se encuentran completamente desperdiciadas.
Posteriormente explicó que el crecimiento del país, particularmente en la base industrial del norte, necesita mucha energía.
De manera particular indicó que las nuevas industrias, como los centros de datos de Inteligencia Artificial (IA), demandarán aún más energía.
En quinto lugar, llamó la atención sobre el hecho de que Petróleos Mexicanos (Pemex) es una empresa que “está quebrada y necesita más fuentes de ingresos”, mismos que bien pueden conseguirse a través de la inversión privada.
Al presidente de Grupo Salinas le queda claro que al impulsar el fracking se van a generar miles de empleos en el país.
Está seguro de que se detonará un ciclo positivo de inversión que le urge a nuestro país, lo que a su vez sería un motor para el crecimiento económico y, en consecuencia, contribuiría a elevar los pronósticos macroeconómicos.
Asimismo, criticó lo que calificó como posturas “demagógicas” de algunos sectores ambientalistas, a los que reprochó que frenen el desarrollo del país. En contraste, sostuvo que los avances tecnológicos han permitido reducir significativamente el impacto ambiental de esta técnica: “Hay que derribar las ideas demagógicas y arcaicas con que los seudoambientalistas nos están regresando al pasado. Los mecanismos actuales son tecnológicamente muy avanzados y permiten minimizar el impacto ecológico”, afirmó.
El propio Salinas Pliego enumeró una serie de aspectos técnicos que son amigables con el medio ambiente y que ofrecen seguridad en su operación: la reutilización y reciclaje de agua; fluidos con base en agua y aditivos de menor toxicidad; cementación y diseño de pozo multicapa; monitoreo sísmico en tiempo real; captura y reducción de emisiones fugitivas de metano; perforación horizontal; gestión de residuos sólidos y acuáticos.
El empresario lamentó que esta práctica esté siendo utilizada en todo el mundo, “menos por nosotros”, y remarcó que de hecho el gas que importamos de Estados Unidos proviene 100% de fracking en Texas.
Respaldo unánime
En entrevista con Vértigo, Ramsés Pech, experto en la industria de hidrocarburos, declaró que el fracking “permitirá a nuestro país incrementar la producción en un periodo de diez a 15 años, según los recursos disponibles, el equipo, la infraestructura y las vías de acceso”.
Para él no hay duda de que en caso de concretarse “el proyecto representaría un beneficio para las comunidades donde se implemente, ya que se convertiría en una industria a largo plazo que requerirá servicios, activos e infraestructura. Esto podría impulsar un desarrollo sostenible a futuro”.

—¿A qué se debió la baja en nuestra producción?
—Por 2008 Estados Unidos incursionó en el fracking y con este método sus números aumentaron exponencialmente, al grado de volverse el mayor productor de petróleo y gas en el mundo, superando incluso a Arabia Saudita. En 2015 alcanzaron su máxima cifra con más de 800 mil millones de pies cúbicos. Bajo ese contexto, ¿qué le quedaba a México? Si salía más barato comprarle el gas a Estados Unidos, ya no era conveniente seguir produciéndolo.
Otro de los factores por los que comprar resultó más conveniente —explicó— es por el tipo de gas que se requiere para producir energía: “Pemex no satisface las necesidades que tiene la Comisión Federal de Electricidad (CFE) de un gas seco, o no asociado, pues el que se extrae de las cuencas de Campeche es húmedo y se debe procesar”.
También destacó que a diferencia del gas seco, que cuenta con menores cantidades de “ácido sulfhídrico”, el húmedo —también conocido como asociado— “tiene ciertos líquidos impregnados, y si lo quieres utilizar para generar electricidad tienes que procesarlo. Es decir, si intentas meterlo directamente a una turbina, no funciona”.
Alternativa
—¿De ahí que el gobierno de México considere el fracking?
—Desde los setenta en México se hacían fracturas hidráulicas en Burgos, en Veracruz y en Tabasco, pues hay lugares, como en Burgos, en los que si no se hace la fractura no puedes sacar el petróleo y el gas. La Comisión Nacional de Hidrocarburos lo permitía y Pemex también.
Por ahí de 2009, agrega, “perforamos más de 100 pozos, teníamos como 30 equipos de perforación, pero eran pozos verticales, poco profundos, que no daban más de 100 millones de pies cúbicos diarios. Así que sí hay historia”.
Puntualiza: “Lo que no tenemos son muchos pozos exploratorios no convencionales, donde la excavación es más profunda, de al menos dos mil metros de profundidad; y una vez hecha, se hace otra, pero a 90 grados, de forma horizontal, con una profundidad de entre mil y tres mil metros, para después hacer multifases. Esos pozos son como si hicieras 50 o 60 fracturas al mismo tiempo, y llegan a dar hasta dos mil millones de pies cúbicos. De ese tipo no hemos perforado más de 50”.
—Una de las críticas más severas era su impacto ambiental…
—Existe una confusión al respecto. En sus inicios sí ocurrían cosas, pero actualmente la tecnología ha avanzado. Cuando rompes la roca para hacer un pozo en vertical, lo esperable es que los hidrocarburos fluyan de forma natural a la superficie, pero no siempre pasa. Hay formaciones en las que los poros están muy cerrados, lo que se llama baja permeabilidad, y por eso se hace la fractura hidráulica.
—¿Qué nuevas tecnologías se implementaron para contaminar menos?
—Los avances se han concentrado en varias áreas. A nivel de superficie, donde están los equipos y el personal encargado de las perforaciones, se ha minimizado el número de unidades para realizar el trabajo, lo que reduce el volumen de combustible y las emisiones de dióxido de carbono. Actualmente se están desarrollando motores con base en gas natural, que funcionan mediante turbinas, y hasta eléctricos.
En el subsuelo, indica Ramsés Pech, “cada vez se utiliza menor cantidad de agua para transportar la arena y los químicos, pues esta se recicla, recuperando entre 50 y 60% de ella. Además, cada pozo es aislado con tubería de acero y cemento, evitando el contacto directo con los mantos freáticos o formaciones”.
—Además del tema ambiental, ¿qué otros retos enfrenta México?
—La contaminación es el problema menor. Nuestro país debe aumentar su capacidad de producción a más de nueve mil millones de pies cúbicos de gas y petróleo. Para lograrlo en los próximos diez o 15 años se deben perforar alrededor de unos 32 mil pozos —Pemex no tiene más de 200— con un costo estimado de entre doce y 15 mil millones de dólares cada uno, lo que significa una inversión anual de entre 35 mil y 50 mil millones de dólares.
—¿Qué requiere el gobierno?
—Lo que hace falta es abrirse a la iniciativa privada. Será necesaria una inversión que permita contar con entre 100 y 120 equipos de perforación; y en la actualidad Pemex no tiene más de 25 equipos terrestres.
—¿Bajo qué criterios habría que abrirse a la IP?
—El problema es que el esquema mixto que plantea Pemex podría no ser tan atractivo para las empresas extranjeras, sobre todo para las estadunidenses, que son las que nos quedan más cerca y quienes dominan la tecnología de la fractura hidráulica. Habría también que modificar los plazos de pago. Si un pozo queda listo en 20 días y según los contratos de Pemex el pago llegará 180 días después, ¡en ese tiempo ya se habrían hecho al menos nueve pozos! Sobre todo, teniendo en cuenta que en Estados Unidos el pago es expedito.
Además, los inversionistas demandan “contratos de utilidad compartida, donde sea la IP la que asuma los riesgos, pero a la vez se beneficie al Estado. También flexibilizar los impuestos al gas, pues a los pozos hay que invertirles dinero cada cuatro o seis meses en mantenimiento”.
En segundo lugar, “dar certeza jurídica y de libre tránsito a lo largo y ancho del país, pues para transportar el equipo de Estados Unidos a México, entre una frontera y otra, se necesitan unos 20 o 30 camiones, sin contar los sets de perforación. En la cuenca de Burgos, por poner un ejemplo, se tiene que andar en camino de terracería. ¿Usted cree que la delincuencia nos va a respetar después de las seis de la tarde? Esas son las cosas que tendrían que resolver”.
Marco jurídico
Miguel García Reyes, director general del Centro de Investigaciones Geopolíticas en Energía y Medio Ambiente y académico de la UNAM, dijo a Vértigo que siendo México, después de Medio Oriente, “la segunda cuenca petrolera más grande del mundo”, la prohibición del fracking resulta “una cuestión más política que técnica”, que “tarde o temprano se tiene que aceptar”.
Sin embargo, eso no implica que el camino esté libre de retos. A los ya mencionados por Pech, García sumó otros, como la implementación de reglamentos.
Y es que uno de los principales vacíos es la ausencia de una ley que regule todas las etapas de la fracturación hidráulica. Las disposiciones existentes, como la Ley de Hidrocarburos, ofrecen lineamientos generales, pero no prevén normas técnicas detalladas sobre perforación, uso de químicos, manejo de residuos o cierre de pozos, lo que podría generar incertidumbre tanto para las empresas como para las autoridades encargadas de supervisar.
Esto se debe a que, pese a que la técnica estaba prohibida en México, tal negativa nunca quedó reflejada en una legislación. En las cámaras hubo un total de siete iniciativas para desarrollar leyes secundarias, pero todas fueron desechadas.
Conclusión
Luego de constatar la estrecha relación entre riqueza-prosperidad y aprovechamiento de la energía, así como de la importancia geopolítica de las potencias que controlan el mercado de hidrocarburos, es evidente que México debe aprovechar sus recursos, en particular las reservas de gas natural no asociado, motor del crecimiento económico. Y para esto es necesario poner en práctica el fracking.
Las razones expuestas por el empresario Ricardo Salinas Pliego son respaldadas tanto por expertos como por representantes de la iniciativa privada e incluso por autoridades: aprovechar la significativa cantidad de reservas de gas natural; impulsar el crecimiento económico; atraer inversiones; generar empleos; capitalizar Pemex; impulsar la industria en el norte del país; adaptarse a las nuevas tecnologías en el campo energético; concretar la independencia energética, “indispensable para cualquier Estado soberano”.
Asimismo, son de destacar los puntos expuestos por el presidente y fundador de Grupo Salinas en cuanto al aprovechamiento de las nuevas tecnologías para el fracking para contar con una industria eficiente y amigable con el medio ambiente: reciclaje del agua; uso de aditivos de menor toxicidad; diseño de pozo multiplaca; reducción de emisiones fugitivas de metano; gestión de residuos acuáticos; y perforación horizontal.
En efecto, hay otros aspectos a tomar en cuenta, como la actualización de la legislación para garantizar la certeza jurídica; por ejemplo, permitiendo los contratos privados o las concesiones, admitiendo que los “contratos mixtos” (inversión pública y privada) no resultan muy atractivos.
También es importante acercarse a los empresarios que dominan los aspectos técnicos del fracking, una de las actividades con mayor innovación; por ejemplo, para que sea rentable se debe contar con los nuevos equipos de perforación y, sobre todo, las técnicas de mapeo del subsuelo, considerablemente costosas y que demandan una alta precisión para detectar los yacimientos.
Luego de considerar todos los aspectos es momento de actuar. “Todo el mundo lo está haciendo”, subrayó Ricardo Salinas Pliego, quien agregó: “¡Basta de ideologías retrógradas que frenan el desarrollo de México!”
¿Qué es el fracking?
Es una técnica para extraer hidrocarburos contenidos en rocas —lutitas bituminosas u oil shale o tight, como se les conoce en inglés— que no se pueden explotar de forma común debido a su baja o nula permeabilidad.
Esto es, que los poros de esas piedras están tan cerrados, que no basta con perforar un pozo común para que el petróleo o el gas emerjan desde el subsuelo, como sí sucede en los pozos convencionales.
Para aliviar esa presión contenida en las rocas que impide el paso del petróleo o el gas de forma natural se introduce una tubería vertical a varios miles de metros de profundidad y posteriormente se realizan varias perforaciones horizontales, que pueden extenderse varios kilómetros en múltiples direcciones.
Una vez trazados los ductos se hace una mezcla —también llamada gel— con base de agua, arena y algunos químicos. Esta se introduce por la tubería para fracturar la roca en diversos canales —similares a unas microfisuras— de no más de 200 metros de longitud y de apenas unos milímetros de espesor, con el objetivo de mejorar su permeabilidad, permitiendo la separación de las rocas de manera artificial para que los hidrocarburos ahí contenidos puedan salir.
Para realizar un solo pozo se requieren entre diez y 20 millones de litros de agua, miles de toneladas de arena, equipos especializados en sitio y cientos de viajes de camiones.
Ricardo Salinas Pliego: Diez motivos para el fracking en yacimientos de gas natural
1. La independencia energética es indispensable para cualquier Estado soberano.
2. Tenemos reservas probadas en la Cuenca de Burgos y están completamente desperdiciadas.
3. El crecimiento del país, particularmente en la base industrial del norte, necesita mucha energía.
4. Las nuevas industrias, como los centros de datos de IA, demandarán aún más energía.
5. Pemex está quebrada y necesita más fuentes de ingreso.
6. Se van a generar miles de empleos en el país.
7. Detonará un ciclo positivo de inversión que le urge a nuestro país.
8. Sería un motor para el crecimiento económico y contribuiría a elevar los pronósticos macroeconómicos.
9. Hay que derribar las ideas demagógicas y arcaicas con que seudoambientalistas nos están regresando al pasado. Los mecanismos actuales son tecnológicamente muy avanzados y permiten minimizar el impacto ecológico, entre ellos: la reutilización y reciclaje de agua; fluidos con base en agua y aditivos de menor toxicidad; cementación y diseño de pozo multicapa; monitoreo sísmico en tiempo real; captura y reducción de emisiones fugitivas de metano; perforación horizontal; gestión de residuos sólidos y acuáticos.
10. Todo el mundo lo está haciendo menos nosotros. De hecho, el gas que importamos de Estados Unidos proviene 100% del fracking en Texas.

