Puerto San Carlos, Baja California Sur, 28 de septiembre. El agua comenzó a inundar las calles de Baja California Sur, horas después de que los residentes protegieran sus viviendas y trabajadores trasladaran tierra y escombros para reforzar diques, mientras el huracán Polo se abatía el lunes sobre la península, trayendo consigo la amenaza de vientos fuertes, inundaciones y deslaves.
En Puerto San Carlos, un pueblo pesquero de unos cinco mil 700 habitantes, las mareas altas y el fuerte oleaje de Polo ya estaban rebasando las barreras marinas mientras los residentes se preocupaban por sus viviendas en el pueblo, que se encontraba en gran medida vacío. Cientos de personas en la región evacuaron, resguardándose en refugios cercanos en escuelas y otras instalaciones .
"Protección Civil dijo que evacuáramos aquí, los sancarleños, porque era zona de riesgo por los bordos, por las mareas altas que hay ahorita, y el oleaje que se espera, el viento, va a reventar, no iban a aguantar los bordos de tierra que levantaron", comentó Rocío Sánchez, una pescadora local.
Polo se dirige a toda velocidad hacia la península de Baja California
Polo era una tormenta de categoría 3 con vientos máximos sostenidos de 185 km/h (115 mph) el lunes, informó el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC, por sus siglas en inglés). Los meteorólogos señalaron que impactará el territorio continental mexicano tras azotar Baja California Sur con fuertes precipitaciones, y que "se espera que ocurran pronto vientos y crecidas repentinas peligrosos". Podría traer lluvias intensas e inundaciones a partes del suroeste de Estados Unidos más adelante en la semana.
Los residentes del área se preparaban, aquejados por la incertidumbre de lo que estaba por venir. Margarita Bobadilla y su familia se refugiaron en una escuela local, diciendo que era más seguro que resistir la tormenta en su casa de madera.
"Lo material como quiera va y viene, la familia no. Desde anoche decidimos venirnos, yo y mis hijos, y aquí estamos esperando a ver cómo nos va", manifestó.
Otros permanecían en San Carlos, cruzando los dedos para que las ligeras inundaciones y los fuertes vientos fueran lo peor de Polo.
Laura Velázquez, coordinadora nacional de Protección Civil de México, informó que Polo tocará tierra por la tarde. Mientras Polo se acercaba a México, la Marina Armada mexicana informó que ha reunido personal y ayuda humanitaria en toda la costa norte del Pacífico y desplegó tres embarcaciones que podrían transportar ayuda a comunidades costeras aisladas por la tormenta. Autoridades locales a lo largo de la península de Baja California dijeron que tenían refugios listos.
En una conferencia de prensa durante la mañana, Velázques instó a los residentes a mantenerse fuera de las calles y buscar refugio si sus viviendas están en riesgo. Dijo que se suspenderán los viajes en el área donde se esperaba que el huracán tocara tierra y que los puertos en toda la región serán cerrados.
Al mismo tiempo, la tormenta tropical Rachel se formaba frente a la costa suroeste de México. El NHC indicó el lunes que Rachel tenía vientos máximos sostenidos de 85 km/h (50 mph) y se ubicaba a unos 365 kilómetros (225 millas) al sur-suroeste de Acapulco. No había avisos preventivos para la costa.
Una temporada ajetreada para tormentas del Pacífico
El Pacífico ha estado inusualmente activo, según el meteorólogo del Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos Bob Oravec, con actividad de tormentas por encima del promedio durante lo que ya es el pico de la temporada de huracanes. Explicó que ese patrón es congruente con los años de El Niño, cuando el Pacífico suele registrar más tormentas tropicales y huracanes.
Aunque se prevé que Polo se debilite sobre el norte de México, también habrá de asestar un golpe al suroeste de Estados Unidos.
La región ya ha estado saturada por lluvias intensas en los últimos meses, y zonas como Nuevo México y el Gran Cañón fueron golpeadas por inundaciones devastadoras este mes. Ahora, se pronostica que los remanentes de Polo se desplacen hacia el este a través de la región, y se prevé que empapen Arizona, Utah, Nuevo México y Texas con lluvias copiosas.
Eso es una buena parte de los 20 a 30 centímetros (8-12 pulgadas) que el área desértica suele recibir en un año. Ese terreno ya es propicio para crecidas repentinas, torrentes súbitos que pueden bajar por cañones y otras zonas bajas con poco tiempo de advertencia. El nuevo clima tropical añade más riesgo, dijo Andrew Mangham, hidrólogo sénior del Servicio Meteorológico Nacional en Albuquerque.
"Nos estamos poniendo al día aquí en muy, muy poco tiempo", comentó Mangham. "Y eso no es realmente lo que queremos. Queremos lluvias agradables, ya sabe, durante todo el verano".

