Ciudad de México, a 28 de junio. Lo que comenzó como una experiencia observada en Bogotá, Colombia, hoy empieza a tomar forma en la Ciudad de México. En la zona de Xochimilco se puso en marcha un programa para formar mujeres de la propia comunidad como operadoras de transporte público, una iniciativa que busca fortalecer la confianza de los usuarios, generar nuevas oportunidades de desarrollo y contribuir a la reconstrucción del tejido social.
El proyecto está inspirado en La Rolita, la operadora distrital de transporte de Bogotá, reconocida internacionalmente por incorporar mujeres sin experiencia previa como conductoras profesionales y convertir la movilidad en un instrumento de inclusión social y desarrollo comunitario.
Lejos de replicar el modelo de manera literal, Grupo CISA, que encabeza Jesús Padilla Zenteno, decidió adaptarlo a la realidad de Xochimilco, una alcaldía ubicada al sureste de la Ciudad de México, donde el arraigo comunitario representa un elemento fundamental para fortalecer la relación entre el transporte público y las personas que diariamente utilizan el servicio.
"Queremos incorporar mujeres conductoras porque son parte de la comunidad a la que servimos y pueden generar una mayor cercanía y confianza con nuestros usuarios, se trata de construir un modelo donde el transporte vuelva a sentirse cercano a la comunidad, donde quienes conducen las unidades sean personas que conocen la realidad de Xochimilco y Tulyehualco y contribuyan a fortalecer los vínculos de confianza entre la empresa y los usuarios, ya que las mujeres aportan cualidades como el cuidado, la responsabilidad y el compromiso con la seguridad ", explicó Óscar Guzmán Pedroza, gerente general de Zonal Xochimilco (Zoxo), empresa filial de Grupo CISA.
Además, la iniciativa responde a la escasez de operadores, uno de los principales desafíos que enfrenta actualmente el transporte público, por lo que se implementó un programa de capacitación para conductoras, aunque nunca antes hubieran conducido un autobús.
El principal rasgo del proyecto es que las participantes provienen de la propia comunidad y representan historias muy distintas. Algunas trabajaban dentro de la empresa lavando autobuses o en áreas de monitoreo; otras acudieron mediante una feria de empleo atraídas por la posibilidad de aprender un oficio nuevo, pero todas comparten un punto de partida: ninguna tenía experiencia conduciendo unidades de transporte público, aunque soñaban hacerlo.
Hoy reciben capacitación especializada para asumir una responsabilidad que hace apenas unos meses parecía lejana. "Yo empecé lavando autobuses y hoy llevo más de un año manejando una unidad, la empresa me enseñó desde cero y me dio la oportunidad de crecer", relató Adriana Olivera Amador, una de las primeras operadoras surgidas del programa.
Para Brenda Noelia Prado Martínez, quien anteriormente trabajaba en el área de monitoreo, aprender a conducir un autobús representa mucho más que adquirir una nueva habilidad. "Me siento orgullosa de poder manejarlo, quiero que mi hijo vea que siempre hay oportunidades para aprender y salir adelante", compartió.
Más allá de incorporar nuevas conductoras, el objetivo es construir un modelo donde quienes operan las unidades conozcan la realidad de su comunidad, para favorecer relaciones de mayor cercanía, respeto y confianza entre operadores y usuarios.
La iniciativa representa además uno de los primeros resultados concretos del intercambio de experiencias impulsado desde el Congreso Internacional de Transporte (CIT), donde el caso de La Rolita fue presentado como un ejemplo de innovación social aplicada a la movilidad urbana, puesto que esa operadora distrital nació cuando ninguna empresa privada quiso prestar servicio en Ciudad Bolívar por considerar inviable la operación.
Frente a ese desafío, las autoridades apostaron por formar mujeres de la propia comunidad como conductoras profesionales y demostraron que un proyecto concebido para resolver un problema de movilidad podía, al mismo tiempo, generar empleo, reconstruir el tejido social, reducir emisiones mediante una flota eléctrica y convertir un sueño que muchos consideraban imposible en un modelo de referencia para América Latina.
Con este proyecto, Grupo CISA reafirma su compromiso con una visión de movilidad centrada en las personas, convencido de que los grandes proyectos no nacen cuando todo es rentable, sino cuando alguien decide creer que vale la pena intentarlo, para generar oportunidades, fortalecer comunidades y contribuir a construir ciudades más seguras, incluyentes y humanas.

