NINFA SALINAS SADA LA SOCIEDAD CIVIL TIENE DERECHO A ACTUAR POR LOS QUE MENOS TIENEN

Ninfa Salinas
Nacional
Compartir

La vicepresidenta del Comité Ejecutivo de Grupo Salinas se reúne con representantes
de más de 500 Organizaciones Civiles en México.

Cuando la desigualdad es una barrera difícil de franquear, los derechos un juego a modo y la repartición de justicia un privilegio reservado para unos cuantos, las Organizaciones Civiles (OSC) surgen como auténticas defensoras del ciudadano de a pie: su labor, siempre lejos de los reflectores, transforma la vida de muchos y contribuye a crear una sociedad más justa, inclusiva y, sobre todo, comprometida con la dignidad y el bienestar humano.

Por ello, el pasado 8 de junio los representantes de más de 500 organizaciones, líderes sociales, asociaciones y fundaciones se reunieron en el Encuentro Anual de Organizaciones Civiles en México 2026 de la Red Social por México, con el objetivo de intercambiar estrategias y tejer redes de colaboración frente al panorama convulso para el activismo en nuestro país.

La Red Social por México, que lidera la vicepresidenta del Comité Ejecutivo de Grupo Salinas, Ninfa Salinas Sada, es una plataforma integrada por más de mil 500 organizaciones, que conecta y organiza a las OSC.

Desde su creación busca demostrar que cuando se trabaja en equipo, se comparte el conocimiento y se generan alianzas, el impacto de la sociedad civil puede ser mayor y responder de manera más efectiva a los retos que enfrentan las comunidades.

Al evento asistieron Ninfa Salinas Sada, presidenta de la Red Social por México; Antonio Domínguez Sagols, director de Fundación Azteca; el analista político Ricardo Raphael; y Alexandro Méndez González, director nacional de Red Social por México, quienes deleitaron a los oyentes con inspiradoras conferencias, así como varias organizaciones civiles que contaron con un stand para seguir visibilizando las causas que encabezan.

Héroes silenciosos

Durante el encuentro que preside, Salinas Sada llamó a recuperar el protagonismo de las organizaciones sociales, a cuyos miembros definió como “héroes silenciosos que atienden a los que menos tienen” y que dedican “su vida, su tiempo, su dinero”, a “causas que nos lastiman el corazón a los mexicanos”.

Ustedes, aseguró, “sin pedir nada a cambio”, están todos los días “ofreciendo una mano amiga, haciendo cosas que no siempre se ven: atienden las causas alimentarias, la primera necesidad más importante y básica del ser humano; el tema de la salud y la educación a todos los niveles”.

Esa vocación de servir, afirmó, “es lo que nos caracteriza, a ustedes, las OSC, y a nosotros, los empresarios: una convicción por servir al prójimo para que tenga una vida mejor, con mayor calidad y más tiempo disponible para las cosas que le importan”.

Dicha labor humanitaria que emprenden las OSC es crucial en la época actual, en la que “pareciera que vamos hacia un camino de oscuridad, pues las prioridades del gobierno están en otro lugar”, lo que hace todavía más loable el trabajo de las Organizaciones Civiles.

Mientras se destinan recursos a proyectos controversiales, existen problemáticas urgentes de la ciudadanía que siguen sin respuesta.

ninfa2.jpg

“En los últimos ocho años las OSC han sufrido una embestida tremenda: desaparecieron casi 45 mil organizaciones, el equivalente a casi dos millones de voluntarios, gente que tenía la convicción de donar un poco de su tiempo. A eso hay que agregarle las 270 donatarias que desaparecieron este año. ¿La causa? Tenemos autoridades que no quieren que participemos”.

Al impedir que sea el ciudadano quien se involucre y participe, el mensaje es claro: “Tú no tienes capacidad de hacer nada, no sabes cómo, no puedes ni debes”.

El problema con eso, argumentó, es que “no solo no hacen nada para mejorar la situación, sino que dejan que los problemas crezcan”, lo que calificó como “la receta perfecta para el desmantelamiento total de nuestra sociedad”.

Poder ciudadano

Ante tales dificultades, Salinas Sada les recordó a los representantes de las más de 500 organizaciones asistentes que en tanto ciudadanos “tenemos derecho a organizarnos por lo que más nos duele” y que “la vida de un país comienza desde el ciudadano cuando puede soñar qué hace, crea y participa en la edificación de mejores espacios para él y para otros”.

ninfa3.jpg

Y con miras a seguir construyendo “un foco de gente que crea que sí puede, un tanque de oxígeno” en medio de tanta oscuridad, les dio algunas recomendaciones.

La primera, y más relevante, fue apostar por la capacitación, pues “la mayoría de las organizaciones está en condiciones de supervivencia” y en tal situación “uno no puede ser estratégico ni claro”.

La capacitación es clave para salir de ese estado de vulnerabilidad. “Nadie nos enseña a defendernos del SAT, a argumentar ni a construir una estrategia de persuasión de fondos, a escribir proyectos que podamos presentar a fondos internacionales para que inviertan en México”.

Para la vicepresidenta del Comité Ejecutivo de Grupo Salinas, ese fortalecimiento ocurrirá no solo a través de la capacitación sino también de la unión: “Necesitamos estar fuertes, compartir conocimiento y fuerzas. Es más fácil atacar a 45 mil organizaciones divididas que juntas, levantando la voz. Entonces, unámonos, construyamos una organización difícil de ignorar, que tenga presencia en los años venideros y que tenga una sola voz, para que podamos defendernos”.

Finalmente, a través de la Red Social por México, Ninfa Salinas Sada les ofreció visibilizar sus causas e historias, transmitirlas por televisión y a través de las redes sociales, para que más personas empaticen con ellos y se les unan.

También se comprometió a vincularlos con otras organizaciones. “Cuentan conmigo, les ofrezco mi ayuda y compromiso. Y estoy segura de que en unos años nos vamos a ver y vamos a decir: ‘¡Qué bueno que lo hicimos!’”

Dos tipos de ayuda

Por su lado, Antonio Domínguez Sagols, director general de Fundación Azteca, hizo un llamado a fortalecer el papel de la sociedad civil como motor de transformación social, al tiempo que defendió la educación y el mérito en la generación de oportunidades.

Al iniciar su intervención, titulada El mérito como motor del desarrollo humano, destacó la cercanía que siente con las organizaciones sociales, pues Fundación Azteca comparte con ellas diversos retos y problemáticas similares.

Desde esa empatía expresó la responsabilidad de contribuir al fortalecimiento del tejido social y de construir una ciudadanía más participativa y crítica. “Estoy comprometido con contribuir en lo que esté al alcance de Fundación Azteca para fortalecer a la sociedad civil”.

Uno de los ejes centrales de su mensaje fue la importancia de “formar personas con pensamiento crítico”.

Explicó que la reflexión —misma que trata de propiciar en la fundación que preside— permite construir argumentos sólidos, cuestionar realidades y defender convicciones, una capacidad que consideró indispensable para quienes trabajan en favor de sus comunidades, “para no ser borregos” de nadie.

“Al reflexionar los temas a fondo puedes tener mayores argumentos para convencer a los voluntarios, beneficiarios; y sin eso no podemos convencer a nadie sobre la visión que tenemos y queremos sobre México”.

¿Cuántos de ustedes conocen a una persona que salió adelante por sí sola?, preguntó al auditorio que escuchaba con atención.

Esa persona, aseguró, “es de la que quiero hablar, pues algo que une a la humanidad es el gusto por el progreso. A los humanos nos gusta lograr cosas y que nuestro esfuerzo sea reconocido”.

Sin embargo, “cuando ese proceso —mientras más trabajo, más me reconozco y más logro— nos es arrebatado”, sucede lo que hoy vemos: “Empiezas a creer que no puedes por ti solo”.

Para ejemplificar, el director general de Fundación Azteca contrastó dos formas de ayuda social, aquella que impulsa a las personas a desarrollarse y aquella que genera dependencia. “Existen dos tipos de ayuda: la que te salva y la que te ata”, dijo.

A su juicio, las políticas y programas más exitosos son los que permiten que las personas adquieran herramientas para salir adelante por sí mismas y no aquellos que las mantienen permanentemente sujetas a la asistencia.

Para ilustrar su planteamiento compartió una experiencia reciente en una escuela de Fundación Azteca. Durante la entrega de libros a un centro de reinserción para jóvenes, observó a dos adolescentes de contextos similares: uno, estudiante destacado de la fundación, con una beca universitaria; el otro, interno en un centro de rehabilitación. La diferencia, reflexionó, no estaba en sus capacidades sino en las oportunidades.

“Cuando uno le entrega el libro al otro me doy cuenta de que eran físicamente igualitos. Al preguntarme por la diferencia entre ellos me di cuenta de que mientras que uno tuvo una oportunidad, la tomó y le sacó provecho —tan es así que está a punto de despegar a la Luna—, el otro no”.

Cultura de superación

En su exposición también defendió el valor del mérito como un principio de dignidad humana. “Lo que recibes corresponde a lo que das”, resumió, al señalar que el reconocimiento al esfuerzo fortalece la autoestima y la confianza de las personas para alcanzar nuevas metas.

“El resultado de funcionar a través del mérito es la dignidad. Cuando trabajas y te ganas las cosas por ti mismo, te genera una corona de la dignidad. Yo trabajé, lo logré. Y, contrario a lo que se piensa, lo opuesto al mérito no es la igualdad sino la mediocridad”.

Además, pidió “romper ese discurso que ha permeado en la sociedad” que se pronuncia contra la “ambición” y el “aspiracionismo”: “Nos han hecho creer que ser ambicioso está mal. Pero es inherente a todo ser humano querer más, querer crecer y estar mejor. Jamás hay que avergonzarnos de ello. Al contrario, eso habla del hambre que tenemos por progresar para tener un mejor país”.

Finalmente, convocó a las Organizaciones Civiles a convertirse en promotoras de una cultura de superación, responsabilidad y aspiración a estar mejor.

Afirmó que a diferencia de otros sectores la sociedad civil posee una “legitimidad única” por su trabajo directo con las comunidades y concluyó con una invitación a creer en la capacidad de los ciudadanos para transformar su realidad: “El mejor futuro no lo construye el gobierno que da más sino la sociedad que más cree en sí misma”, y ustedes, dijo señalando a su público, “son esa sociedad”.

Espíritu de servicio

Entre esos incansables que se ponen al frente de una causa para darle voz a miles de personas, destacó el stand de la fundación Viendo te entiendo.

La asociación visibiliza una de las discapacidades que pasan más desapercibidas a los ojos: la sordera. “A diferencia de las personas con discapacidad visual, por ejemplo, que usan bastón, la gente que no escucha es más difícil de identificar”, mencionó Sofía Salafranca, una de las fundadoras.

La organización —integrada por cinco personas, tres de ellas con discapacidad auditiva y dos oyentes— surgió luego de la pandemia, cuando decidieron crear un cubrebocas con ventana transparente para que las personas sordas pudieran leer los labios.

Luego de ese primer invento vinieron otros: joyería en lenguaje de señas; eventos en los que leen cuentos para niños, también en lenguaje de señas; y su más reciente creación, un chaleco sensorial con el que pueden sentir la música.

Gracias a ese ingenioso instrumento que funciona a través de vibraciones y frecuencias cientos de personas con debilidad auditiva han podido asistir al primer concierto de sus vidas.

“Mi hermano, que es sordo desde niño y quien dio vida a todo esto, quería ir a un concierto: investigamos cómo y salió este chaleco. Gracias al chaleco la gente que nunca creyó que podría asistir a un concierto ya quiere no solo ir sino estar hasta adelante, bailar… Porque sí, los cantantes también tienen fans sordos”, puntualizó.

Inspirada también por un profundo espíritu de servicio, la asociación Enfermos Renales y Trasplantados Puebla se dedica por su lado desde hace años a promover la cultura de donación de órganos y dar acompañamiento a quienes están por comenzar ese proceso.

“Cuando me detectaron insuficiencia renal en etapa terminal, hace 18 años, era un tema desconocido de atención en Puebla, no había nadie que pudiera ayudarme, ni siquiera existía alguna asociación. Había información, pero era de otros países”, afirmó Beatriz Adriana Rodríguez, presidenta y fundadora de la asociación. En 2015, cuando comenzó, iniciaron con apenas 40 pacientes, pero hoy son ya más de 500.

Además, consiguen medicamentos gracias a su colaboración con algunos laboratorios, así como tratamientos de diálisis y hemodiálisis a bajo costo, realizan campañas de detección de enfermedades renales y organizan un encuentro de pacientes renales una vez al año en Puebla, Oaxaca y Tlaxcala.

Ayudando a los más vulnerables

Pensando en el desarrollo social y personal de los más pequeños e indefensos, la fundación Un milagro llamado Mateo, a cargo de Rubí López, lleva a viajar a niños huérfanos, con discapacidad y de escasos recursos.

“Tenía una agencia de viajes y cuando fui a un albergue con niños que nacieron con VIH y supieron a lo que me dedicaba, me dijeron: ‘¿Nos vas a llevar a viajar?’ Y pensé, ¿por qué no? Aunque la gente no lo considera algo primordial, no deja de ser un derecho; la gente que puede pagarlo perfecto, pero ¿qué pasa con los que no?”

Han pasado tres años desde entonces, periodo en el que aproximadamente 40 niños han conocido el mar.

Y así como hay quienes piensan en el desarrollo de la infancia, existen otros dedicados al bienestar de los más grandes, como el Centro Adultos Mayores Aprendiendo (AMA), una escuela con enfoque gerontológico donde los estudiantes pueden aprender habilidades de cinco áreas del conocimiento: humanidades, tecnología, fortalecimiento físico, emocional y artes manuales.

Según Denisse Ugalde, presidenta del Centro AMA, a través del aprendizaje los alumnos “fortalecen el área emocional, cognitiva y física, útiles para prevenir el aislamiento, la depresión y otros problemas que enfrentan en la última etapa de la vida”.

En Tlalnepantla, donde se ubica la escuela, hay una población importante de adultos mayores. “Mientras que a nivel nacional tenemos 11% y a nivel estatal 12%, en Tlalnepantla tenemos 16% de adultos mayores. La escuela surgió con la idea de romper el estereotipo de que una persona mayor ya no tiene nada que aportar a la sociedad, mas que estar en su casa sentada con su gatito en las piernas”.

Y pensando en fortalecer el campo de acción de las OSC, Appleseed México es una fundación binacional con Estados Unidos, con 20 años de antigüedad, que ofrece asesoría legal gratuita a organizaciones de la sociedad civil.

“Buscamos ser un puente entre los abogados y las OSC. Sabemos que muchas quieren resolver alguna problemática social, pero pocas veces piensan en cumplir con el marco normativo. Nuestro objetivo es fortalecerlas en materia legal, en temas como derecho corporativo, prevención de lavado de dinero, protección de datos personales y obligaciones fiscales”, afirmó Margarita Sánchez, la gerente de alianzas y proyectos de la fundación.

Sin duda este evento fue un tanque de oxígeno, tan necesario en la época actual, para que las más de 500 organizaciones que participaron sigan sumando fuerzas y encauzando su lucha hacia la construcción de un mejor México. ¡Enhorabuena!

×