ALTERACIONES GÁSTRICAS Y MENTALES PODRÍAN ALERTAR SOBRE MAL DE PARKINSON

“Debemos romper el mito de que es solo temblor”.

Parkinson
| Actualizado 🕑 14:54
Bienestar
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Especialistas advierten que los casos en México pueden crecer hasta 171% para 2050 debido al envejecimiento de la población, el crecimiento demográfico y la exposición a sustancias tóxicas.

La enfermedad de Parkinson puede tardar años, a veces décadas, en diagnosticarse. A menudo asociada a temblores, existen cerca de 40 síntomas, entre los que se incluyen trastornos cognitivos, alteraciones digestivas, problemas de habla, regulación de la temperatura corporal y alteraciones de la vista.

Existe evidencia médica que indica que la enfermedad de Parkinson presenta alteraciones digestivas años antes de los síntomas motores típicos, como estreñimiento crónico, con evacuaciones poco frecuentes o heces muy duras.

También puede aparecer sensación de vaciamiento incompleto, distensión abdominal, gastroparesia (digestión muy lenta, sensación de llenura precoz) y en algunos casos cambios en el olfato y en la salivación que se relacionan con esta misma vía patológica.

Esta condición afecta igualmente funciones cognitivas (memoria, concentración, habla y sueño) y en general la calidad de vida de los pacientes, por lo que especialistas en neurología, siquiatría, sicología y rehabilitación física recomiendan detectar señales tempranas, reducir la exposición a tóxicos y mantener hábitos saludables para retrasar su avance.

Aumento de casos

Especialistas advierten que los casos de mal de Parkinson en México podrían incrementarse hasta 171% para 2050, una cifra muy por encima del promedio global, según estudios internacionales.

De acuerdo con el informe publicado en la revista científica The BMJ a nivel mundial se proyecta un aumento de 112%, lo que llevaría a más de 25 millones de personas a vivir con esta enfermedad en las próximas décadas.

En el caso de México el incremento sería más acelerado debido al envejecimiento de la población, el crecimiento demográfico y la exposición a sustancias tóxicas como plaguicidas y solventes, factores que especialistas identifican como detonantes.

Por lo anterior, el abordaje multidisciplinario es fundamental para atender la complejidad del Parkinson y garantizar que los tratamientos tengan éxito. “Evaluar y abordar la función cognitiva es un pilar esencial, ya que nos permite optimizar el tratamiento, orientar eficazmente a pacientes y cuidadores, y con ello impactar directamente en su funcionalidad y calidad de vida”, explica el doctor Rodolfo Solís Vivanco, investigador en Ciencias Médicas y líder académico del Laboratorio de Neurofisiología Cognitiva y Clínica en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía (INNN) Manuel Velasco Suárez.

Los síntomas no motores también juegan un papel determinante. “Más allá del movimiento, la depresión, la ansiedad y los trastornos del sueño son prevalentes en el Parkinson y afectan profundamente la adherencia al tratamiento. Un soporte siquiátrico y sicológico integral es vital para el bienestar general y la toma de decisiones terapéuticas”, señala el doctor Ángel Alberto Ruiz Chow, especialista en Siquiatría y Neurosiquiatría, miembro del equipo de expertos del INNN.

“No solo representa un tratamiento de vanguardia para los síntomas motores del Parkinson avanzado, sino que también nos permite replantear la estrategia terapéutica, ofreciendo a los pacientes una mejora significativa en su autonomía y calidad de vida. Identificar a los candidatos adecuados para esta terapia es crucial”, señala.

La rehabilitación física se posiciona como herramienta indispensable en el manejo a largo plazo. “La fisioterapia no es el fin del proceso, sino el inicio de una nueva etapa. Es clave para mantener la movilidad, el equilibrio y la flexibilidad, ayudando a prevenir caídas y preservando la independencia de los pacientes en su día a día”, comenta el doctor Israel Sánchez Villavicencio, médico adscrito en el servicio de Rehabilitación Neurológica del INNN.

Terapia avanzada

Por su lado, la doctora Mayela Rodríguez Violante, médica adscrita en la Clínica de Enfermedad de Parkinson y Trastornos del Movimiento del INNN, destaca que la Estimulación Cerebral Profunda (ECP) es una de las terapias más avanzadas y ha demostrado reducir hasta en 70% los temblores, mejorar significativamente la movilidad y disminuir la dependencia de medicamentos.

“No solo representa un tratamiento de vanguardia para los síntomas motores del Parkinson avanzado, sino que también permite replantear la estrategia terapéutica, ofreciendo a los pacientes una mejora significativa en su autonomía y calidad de vida. Identificar a los candidatos adecuados para esta terapia es crucial”, puntualiza la especialista.

“Debemos romper el mito de que el Parkinson es ‘solo temblor’. Los síntomas que se presentan suelen dividirse en dos grandes grupos: motores y no motores. Lo más cardinal es la bradicinesia (lentitud de movimiento). Los pacientes lo notan en actividades cotidianas, como tardar más en abotonarse una camisa, escribir con letra cada vez más pequeña (micrografía) o arrastrar los pies al caminar. Por otra parte, están los no motores. Los cuales son incluso invisibles. Son muy importantes, porque pueden aparecer años antes del temblor. Incluyen estreñimiento persistente, trastornos del sueño, depresión, ansiedad y pérdida del olfato”, menciona Rodríguez Violante.

“La ECP es un procedimiento avanzado que consiste en implantar electrodos en áreas específicas del cerebro, conectados a un generador (similar a un marcapasos). Su función es enviar señales eléctricas que modulan los circuitos que regulan el movimiento. Es muy eficaz para reducir el temblor severo, la rigidez y las fluctuaciones motoras que ya no responden bien a los medicamentos solos, permitiendo que el paciente recupere fluidez en su vida diaria”, concluye la especialista.

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