Vergüenza y desinformación de síntomas retrasan atención de menopausia

La disminución de estrógenos afecta múltiples dimensiones de la vida de una mujer

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Cortesía Atha Bienestar
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Ciudad de México, a 16 de julio de 2026. Durante años, la conversación sobre la menopausia se ha concentrado en los bochornos, los cambios hormonales o los tratamientos médicos. Sin embargo, para muchas mujeres esta etapa comienza mucho antes, cuando aparecen molestias íntimas que no saben cómo explicar, síntomas que consideran "normales" o preguntas que nunca se atrevieron a hacer. En el consultorio de la Dra. Natalia Domínguez Alfaro, ginecóloga con práctica enfocada en enfermedades vulvares, hay una realidad que se repite todos los días y que rara vez forma parte de la conversación: la menopausia también produce cambios importantes en la vulva.
 
"Muchas consultas empiezan de la misma manera: 'tengo comezón en la vagina'. Entonces hacemos una pregunta muy sencilla: '¿la molestia la sientes por fuera o por dentro? ¿en la vulva o en la vagina?'. Con mucha frecuencia, la respuesta es el silencio o la duda. Y es ese momento el que nos habla de algo mucho más profundo que una confusión anatómica; nos habla de generaciones de mujeres que crecieron sin conocer plenamente su cuerpo y cuando una mujer no sabe identificar dónde está la molestia, también le resulta más difícil describirla o reconocer cuándo algo no es normal y buscar ayuda a tiempo", explica la Dra. Natalia Domínguez.
 
La vulva y la vagina no son lo mismo. La vulva es la parte externa de los genitales femeninos; la vagina es un conducto interno. Aunque la diferencia parece simple, conocerla tiene un impacto directo en la salud, especialmente durante la transición menopáusica.
 
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que la alfabetización en salud —la capacidad de acceder, comprender y utilizar información para tomar decisiones sobre el cuidado de la salud— es un elemento determinante para la prevención, el diagnóstico oportuno y una mejor calidad de vida. En el caso de las mujeres, este proceso también implica aprender a reconocer los cambios que experimenta su cuerpo a lo largo de la vida, especialmente durante la perimenopausia, la menopausia y la postmenopausia.
 
A medida que disminuyen los niveles de estrógenos, los tejidos genitales experimentan cambios importantes. La piel de la vulva se vuelve más delgada y frágil, disminuye la lubricación natural y pueden aparecer síntomas como resequedad, ardor, comezón, irritación, molestias urinarias o dolor durante las relaciones sexuales. La especialista explica que uno de los principales problemas durante la perimenopausia y la menopausia es que muchas mujeres aprenden a convivir con síntomas que afectan su bienestar diario porque creen que son una consecuencia inevitable de la edad. 
 
"He atendido pacientes que han vivido durante años con síntomas que afectan su sueño, su vida sexual, su autoestima y sus relaciones de pareja porque creen que sufrir es parte de la menopausia. Y no es así. Ninguna mujer debería resignarse a vivir con síntomas genitales que afectan su bienestar."
 
La normalización de estas molestias no solo deteriora la calidad de vida. También puede retrasar el diagnóstico de enfermedades importantes. Una de ellas es el liquen escleroso, una enfermedad inflamatoria crónica que afecta principalmente a mujeres posmenopáusicas y que puede manifestarse con comezón intensa, dolor, fisuras o cambios progresivos en la anatomía vulvar. 
 
"He visto mujeres que pasaron años recibiendo tratamientos para infecciones que nunca tuvieron. Cuando finalmente llegan a consulta, algunas ya presentan alteraciones anatómicas importantes, dolor persistente o dificultades en su vida sexual. En muchos casos, el problema no fue la falta de tratamiento, sino que nadie les enseñó que esos síntomas merecían atención."
 
Para la Dra. Natalia Domínguez Alfaro, la conversación sobre menopausia necesita ampliarse. Hablar de esta etapa no debe limitarse a los bochornos o a los cambios hormonales; también implica hablar de la salud íntima, de la función sexual, del bienestar y de la capacidad de las mujeres para reconocer los cambios de su propio cuerpo.
 
"La menopausia también sucede en la vulva, y todavía hablamos muy poco de ello. La comezón, el ardor, la resequedad o el dolor no son algo que una mujer deba aceptar en silencio ni considerar una parte obligatoria del envejecimiento."
 
La especialista concluye que el primer paso para transformar esta realidad es la educación, por lo tanto, nombrar correctamente la vulva y la vagina puede parecer algo pequeño, pero en realidad es una herramienta de salud. “Una mujer que conoce su cuerpo tiene más posibilidades de identificar un cambio, expresar lo que siente y buscar ayuda oportunamente, eso puede hacer una enorme diferencia en su calidad de vida."
 
La menopausia no comienza cuando aparece el primer bochorno, para muchas mujeres comienza mucho antes, en el momento en que aparecen síntomas que no saben cómo explicar, molestias que creen que son normales y preguntas que nunca se atrevieron a hacer. Y quizá una de las conversaciones más importantes que aún tenemos pendiente es hablar, sin vergüenza, de la vulva.

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