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Las llamas que consumieron la mayor parte de la histórica ciudad de Lahai
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La Secretaría del Trabajo realizó 3 mil acciones de inspección en materia de subcontratación laboralSe han impuesto multas por 27 millones de pesos a empresas que han incumplido la normatividad aplicable
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“Ponemos en el centro a las personas y nunca más a los costos-beneficios, el costo en términos de vida, sana, saludable para las personas”: Zoé Robledo
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“El uso de drones y de IA pueden potencializar su éxito”.
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“La nube de la recesión en EU no se disipa del todo”.
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Los males se remedian con los bienes. En esta aseveración pueril se contiene la esencia de un principio que resulta de probanza científica: la carencia no es deseable y la forma más eficiente de una sociedad para salir de la pobreza es precisamente generando riqueza y oportunidades de progreso y desarrollo. Contrario a tal lógica, en un polo ajeno de esta postura, se encuentran aquellos que optan por la “romantización” de la pobreza como una condición justificada e incluso por momentos deseable. Pero la realidad dura, siempre va a demostrar que la pobreza no es una condición ni romántica ni deseable, y que por mucho resulta peligroso por el encono y polarización que generalmente se crea a partir de un antagonismo entre los “buenos” pobres y los “malos” ricos. La pobreza por definición entraña carencia, falta de oportunidades para sostener una vida digna y con posibilidad de acceder a distintos satisfactores que promuevan el desarrollo personal. En ningún caso será “bueno” el que alguien no se encuentre en suficiencia para contar con una alimentación sana, con una educación de calidad o con un empleo bien remunerado; por ello, el romantizar la pobreza, generalmente constituye una estrategia dirigida a conveniencia, a efecto de capitalizar el enojo y la frustración en réditos electorales o políticos.
