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21 noviembre, 2020
Tomás Caparroso
Columnas

TIEMPOS DE DEMOCRACIA: MEDIACIÓN ELECTORAL

No todos los conflictos que existen en materia electoral se deben judicializar.

Uno de los principales ejes rectores de un Estado de Derecho es la democracia, en el terreno de los derechos humanos considerado dentro de los derechos políticos, que dota y permite a los sujetos participar en elecciones ya sea como candidatos o ciudadanos.

Como en todo sistema democrático las decisiones que se toman durante los procesos de selección de candidatos dentro de los partidos políticos —o misma decisión que toma el pueblo— pueden generar en una serie de conflictos y la forma clásica de solución es mediante el acceso a la justicia electoral.

Este tipo de justicia, que se lleva a cabo en los tribunales previamente establecidos, no solo busca resolver las controversias de forma eficiente sino también generar la construcción y el fortalecimiento de las autoridades electorales, los partidos políticos, que las decisiones se apeguen a los derechos humanos y una gestión y responsabilidad en la participación de los ciudadanos.

A partir de la reforma a la Constitución del 18 de junio 2008 y la consideración sobre los MASC (mecanismos alternativos de solución de controversias), y en especial la mediación, como una forma de acceso de justicia alternativa nos lleva a reflexionar sobre la utilización de este medio en los procesos electorales; esto con la finalidad de, además de resolver el conflicto, forjar una cultura de la no violencia que permita la inclusión y donde todas las personas podamos tener una oportunidad de hacer las cosas con solidaridad, empatía y fijando los puntos en común que necesitamos trabajar como sociedad.

Recordemos que la mediación es un proceso no adversarial, flexible, voluntario y pacífico, que no solo es entendido dentro de un proceso de solución de controversias sino como una forma de actuar en la vida.

La mediación nos invita a dialogar y negociar con los otros en la búsqueda de alternativas. En materia electoral podrá compaginarse de manera excelente ya que ofrece respuestas más satisfactorias, expeditas y eficaces, además de atender y aplicarse desde diversas perspectivas, desde los conflictos que se dan dentro y entre los partidos políticos, así como entre instituciones y ciudadanos.

Rumbos

La mediación es algo posible; nos debemos dar la oportunidad de aplicarla en beneficio de todas las personas y las instituciones. En este momento nos encontramos en un excelente punto: el próximo año tenemos un proceso electoral para renovar la Cámara de Diputados y diversos cargos en todos los estados.

No todos los conflictos que existen en materia electoral se deben judicializar. Con la mediación encontramos esta alternativa, que además de solucionar la controversia coadyuva a descongestionar la gran cantidad de asuntos que tienen los tribunales electorales.

Consideramos que en todo nuestro sistema de impartición de justicia es momento de voltear a ver y darle oportunidad a la mediación como un procedimiento con resultados por la forma en que se tramita, con diálogo y negociación efectiva, colaboración, responsabilizando a sus intervinientes, así como otorgando garantías de imparcialidad y satisfacción de las partes con la decisión a la que se llega.

La cuestión electoral es una situación que a todas las personas nos atañe ya que en estas decisiones se forjan los rumbos de las sociedades y de las naciones: es dar pie para la bonanza o la crisis.

Al respecto recordemos una frase del abogado y político español Joaquín Ruiz-Jiménez: “Tres notas definen, a mi juicio, la democracia: participación activa de todos los sectores sociales en la tarea del poder; respeto auténtico, no retórico, por los derechos humanos, y superación del nacionalismo belicoso”.