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22 febrero, 2021
Lucy Bravo
Columnas

EL APAGÓN QUE SE AVECINA

Lo sucedido en Texas la semana pasada podría ser un vistazo a un futuro no muy lejano. Por si no fuera suficiente estar atravesando una pandemia el cambio climático mostró su poderío sin que las autoridades pudieran hacer algo para evitar que millones de estadunidenses perdieran la electricidad y el agua. Así es: en pleno 2021 el estado al que se considera la mayor potencia energética de EU se doblegó ante la madre naturaleza. Y todo parece indicar que los efectos de esta excepcional ola de frío y tormentas invernales apenas comienzan.

Y es que a diferencia del nuevo coronavirus, que provoca millones de muertes en todo el mundo, para el cambio climático no hay vacuna. Llevará décadas desarrollar e implementar toda una estrategia que no solo revierta el daño de las energías fósiles sino que evite que lo sucedido en América del Norte se repita. Porque si algo quedó claro es que cuando se trata del calentamiento global poco importan las divisiones territoriales.

Pero aquí lo sorprendente es que estos cortes de energía ocurren en un estado con abundantes recursos energéticos. Texas produce más electricidad que cualquier otra entidad estadunidense; de hecho casi el doble que Florida, el siguiente más importante en materia energética. El también llamado estado de la estrella solitaria es el principal productor tanto de petróleo crudo como de gas natural, con 41% de la producción petrolera y 25% de gas natural, respectivamente, tan solo en 2019. También es responsable de casi 28% de toda la energía eólica de EU.

Clave

El problema es que Texas no solo es una superpotencia energética sino que tiende a ser un estado de temperatura por encima del promedio. También es una entidad descentralizada de la red nacional. Eso significa que su infraestructura está mal preparada para los estragos de una ola de frío extremo. Muchos inmediatamente quisieron culpar a las energías renovables señalando el congelamiento de las turbinas eólicas, pero estas representan apenas una cuarta parte (23%) de la energía de aquel estado.

La realidad es que las centrales eléctricas de gas natural y carbón necesitan agua para operar. Sin embargo esas instalaciones de agua también se congelaron con las bajas temperaturas. Y eso representa más de la mitad de las fuentes de energía del estado. Pero lo verdaderamente preocupante es que aun con una amplia gama de fuentes de energía, desde combustibles fósiles hasta energías renovables, Texas simplemente no está preparado para un clima mucho más extremo.

Esto debería ser un llamado de alerta para cualquier nación cuyos sistemas no estén diseñados para manejar un pico repentino en la demanda. El clima extremo e impredecible vinculado al calentamiento global probablemente llevará a las redes eléctricas más allá de sus límites. Este desafío solo se profundizará a medida que EU dependa más de la energía eólica y solar, conocidas como fuentes “intermitentes” porque están sujetas a los caprichos del clima y no producen electricidad las 24 horas del día.

Por ello la verdadera clave para combatir el cambio climático y no recaer en las energías fósiles es el almacenamiento. Esta es la única forma en que la electricidad de fuentes renovables se puede acumular y luego liberarse a la red cuando sea necesario. Aunque para que esto suceda se requiere de algo mucho más escaso que la previsión y eso es la voluntad política.

Lexema Se dice que la naturaleza es impredecible, pero incluso en sus expresiones más extremas siempre ha mostrado indicios suficientes de lo que está por venir. Solo que algunos prefieren cerrar los ojos, sin necesidad de un apagón.