¿Alguna vez han pasado por una calle y se han preguntado al ver su nombre por qué se llama de esa manera? Miles de calles componen la Ciudad de México, cada una con su propio nombre, el cual obedece a distintas razones. Saberlo puede ser interesante porque detrás, entre varias cosas, se halla la relación de una sociedad con el espacio que habita.
Cada calle que encontramos, cada avenida, tiene su razón de ser y su historia, por lo que los nombres pueden ser muy reveladores. No solo eso: también el porqué de que se cambien los nombres de las calles y avenidas puede ser muy revelador sobre la historia que hay detrás de una comunidad, una sociedad o hasta un país.
Si hablamos sobre calles o avenidas, todas y todos podemos fácilmente ubicar algunas de las más famosas, como Avenida Revolución, Insurgentes, Paseo de la Reforma y muchas otras. Desde ahí uno se podrá dar cuenta del gran peso que tiene la historia política, hasta el punto de situar conceptos o términos relacionados a ella como puntos de referencia en el espacio de la ciudadanía. Es una manera de mantener (y conmemorar tal vez) el pasado que no obedece a la construcción de estatuas o monumentos.
En 1922 el historiador y cronista de la Ciudad de México Luis González Obregón publicó la obra Las calles de México: leyendas y sucedidos. El libro relata varias historias y sucesos (con un tinte de diversas leyendas, como lo dice su nombre) de la Ciudad de México y de los cuales varios terminaron por ser inmortalizados en las calles para seguir presentes en la actualidad: “La historia de la Ciudad de México, como la historia de todas las ciudades, tiene mucha relación con los nombres de sus calles, históricos unos y legendarios otros”, comenta el historiador.
Polémica
Esto resulta interesante no solo porque en el caso México es verdadero, sino también porque las calles dan de qué hablar y en ocasiones hasta podemos encontrar polémica en ellas: un hecho relacionado con el pasado y la manera de traerlo al presente.
En agosto de 2021, por instrucciones del gobierno, se cambió el nombre de la avenida Puente de Alvarado por el de México-Tenochtitlán. Hubo tanto críticas como apoyo a la decisión, pues algunos no veían necesario el cambio, mientras que otros lo aprobaban debido a la controversial figura del conquistador Pedro de Alvarado.
Curiosamente, el primer relato en la obra de González Obregón se centra en dicha avenida. Narra cómo Pedro de Alvarado realizó un salto prodigioso sobre un foso para escapar del asedio mexica en la calzada de Tlacopan durante la jornada del 30 de junio de 1520, evento que hoy se reivindica como la Noche Victoriosa.
El historiador señala que si bien el salto físico parece una hazaña imposible, el conquistador logró cruzar valiéndose de una viga mientras cubría la retaguardia. Al final, el mito del salto persiste en este tipo de relatos, aunque ya no sea conmemorado en la organización urbana.
¿Qué puede llegar a decir esto sobre la sociedad actual?

