México está en un curso de colisión con Washington y a pesar de los desplantes nacionalistas de nuestros políticos esto no es una buena noticia para nosotros.
Nadie podrá acusar a Donald Trump de ser una persona razonable o flexible, pero es el presidente de Estados Unidos, nuestro vecino y el país más poderoso del planeta, y está impulsando decisiones que nos afectan. La presidenta Claudia Sheinbaum, a pesar de su inclinación por la izquierda, ha tomado decisiones para quedar bien con Trump que violan nuestras leyes y soberanía, pero esto no ha resuelto los problemas de la relación.
La decisión más notable ha sido la entrega a Estados Unidos de 92 reos mexicanos que se encontraban en cárceles nacionales. Algunos estaban condenados, otros no; algunos estaban sometidos a juicios de extradición sin concluir, otros no; algunos tenían amparos contra su deportación. Pero la presidenta no los extraditó sino que los entregó. Esto es una violación de la legislación nacional, que impediría entregar a un mexicano a la justicia de otro país sin cumplir los requisitos de extradición, pero también de la soberanía nacional, que debería darnos la potestad de juzgar aquí a los criminales nacionales que hayan violado nuestras leyes.
Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos no se ha dado por satisfecho. Trump ha afirmado una y otra vez que México está controlado por los cárteles y que la presidenta, que le cae muy bien y es muy guapa y que tiene muy bonita voz, no se atreve a enfrentarlos. Además, varios funcionarios estadunidenses han mandado mensajes que señalan, como su jefe, que México no ha hecho lo suficiente en el combate contra el narcotráfico.
El comienzo
Yo pienso que Sheinbaum sí ha hecho un esfuerzo importante. Atrás han quedado los abrazos y no balazos de López Obrador. El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, da a conocer constantemente información que subraya que la repudiada guerra contra el narco se ha reactivado. En las mañaneras detalla aprehensiones, abatimientos de presuntos criminales, decomisos de drogas, desmantelamientos de narcolaboratorios.
Trump y su equipo no lo reconocen porque no les conviene. La posición de que México es el país perverso que manda migrantes, criminales y drogas a Estados Unidos le ha servido a Trump políticamente desde su primera campaña presidencial, cuando prometió construir un muro grande y hermoso para mantener a los mexicanos en México.
De nada servirán todos los esfuerzos, sin embargo, si nuestro gobierno no cumple las órdenes de detención para extradición que el Departamento de Justicia de Estados Unidos ha mandado a México contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros nueve coacusados.
La FGR ha rechazado esas peticiones porque dice que no hay “pruebas contundentes”, pero pruebas hay y muchas de que Rocha Moya tuvo un acuerdo con Los Chapitos y que estos operaron en las elecciones de 2021 para favorecerlo. El problema es que Rocha Moya es amigo y colaborador desde hace años de López Obrador, el jefe de la 4T.
Es ingenuo suponer que Trump se quedará cruzado de brazos si el gobierno mexicano no cumple con las peticiones de detención. Una primera respuesta ha sido revisar la operación de los 53 consulados de México en la Unión Americana. Pero falta más. Terry Cole, jefe de la DEA, declaró que la orden de aprehensión contra Rocha Moya es “solo el comienzo de lo que está por venir en México”.

