EL OTRO TRUMP

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No es inusitado, porque le gusta figurar. El expresidente Andrés Manuel López Obrador irrumpió nuevamente en el escenario político el pasado 3 de junio cuando mandó un mensaje desde su rancho en Palenque diciendo que “cambiaron” a Trump: “Por el bien de todos, que regrese el otro Trump”, dijo.

Afirmó que le “llama la atención (…) el sorprendente cambio de actitud del presidente Donald Trump, en especial en la relación con México”. Según él, “mientras fui presidente, (Trump) se abstuvo de hablar mal de los mexicanos y de mencionar el muro; firmamos el nuevo tratado comercial; no puso trabas a las exportaciones con pretextos sanitarios, ambientales o de otra índole (…) Tampoco aumentó los cobros por el envío de remesas; aceptó nuestra propuesta de no incluir el petróleo de México en el tratado (…) Nos ayudó durante la epidemia de Covid; en dos ocasiones me ofreció apoyo de agentes o de fuerzas especiales para el combate a la delincuencia y comprendió mi desacuerdo”.

De hecho, “eran tan buenas las relaciones y había tanta confianza en nuestro gobierno”, que cuando fue detenido en Estados Unidos el general Salvador Cienfuegos, exsecretario de Defensa de nuestro país, Trump accedió a que “se radicara el caso en México”.

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Me da la impresión de que la soledad del rancho está socavando la memoria del expresidente. Quizá ya no recuerda su libro Oye, Trump, de 2016, que criticaba severamente al entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos: “Lo he dicho en otros lugares y lo repito ahora: es una canallada que Trump y sus asesores se expresen de los mexicanos como Hitler y los nazis se referían a los judíos, justo antes de emprender la infame persecución y el abominable exterminio”.

Tampoco recuerda que su primera reacción ante la detención del general Cienfuegos fue decir que era una “prueba de la descomposición y degradación” y una muestra de “la peste de la corrupción” que imperó durante el periodo neoliberal en México. Solo después de que el entonces secretario de la Defensa, Cresencio Sandoval, habló con él cambió su punto de vista.

Al parecer nadie en su equipo le notificó que Trump siguió descalificando a los mexicanos y refiriéndose al muro fronterizo, que dijo sería “hermoso”, para frenar la inmigración ilegal. Desde entonces, de hecho, empezó la construcción.

No hubo un Trump en el sexenio de López Obrador y otro distinto en el actual. El presidente de Estados Unidos ha dicho siempre que el gobierno de México está controlado por el narco. Lo han repetido también muchos de sus funcionarios. La decisión de promover acusaciones penales contra diez presuntos narcopolíticos mexicanos no debería sorprender a nadie.

La presidenta Sheinbaum afirmó el 31 de mayo en el Monumento a la Revolución que las acusaciones presentadas por Estados Unidos contra los políticos de Morena vienen de “sectores de la ultraderecha estadunidense (que) utilizan a nuestro país para posicionarse rumbo a sus elecciones de 2026” y que quizá “pretenden influir en la elección de 2027 en nuestro país”.

Un día después quiso matizar: “Yo no creo que sea el presidente Trump el que ha encabezado esta ofensiva”.

El mensaje de López Obrador, sin embargo, viene a destruir el intento de la mandataria por deslindar a Trump de las acusaciones.

A pesar de lo que dice AMLO, es claro que Trump no ha cambiado. Tampoco el narcotráfico, que sigue operando desde territorio mexicano con la aparente colaboración de muchos políticos de nuestro país. Ese es el problema de fondo.

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