EMOCIÓN POR PROXY

“El verdadero peligro es la pérdida de una opinión propia”.

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Columnas
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Hubo un tiempo en que para forjar una postura propia estábamos dispuestos a defenderla ante el mundo. Hoy ese músculo de la reacción individual parece haberse atrofiado por completo: en la era de la hiperconectividad y el escrutinio digital, a las personas les da un pánico absoluto expresar lo que verdaderamente piensan. La tiranía de la “funa” y la cultura de la cancelación han convertido el espacio público en un campo minado, provocando que la sociedad prefiera la autocensura antes que arriesgarse a exponerse y recibir críticas.

El problema de fondo no es superficial y responde a una profunda inseguridad colectiva y a un tejido emocional profundamente trastornado por las dinámicas de las redes sociales.

Nos hemos vuelto tan dependientes de la aprobación exterior, que las personas ahora requieren de señales externas para descifrar si es “apropiado” o “conveniente” opinar sobre alguna película, un nuevo álbum musical, y ya no se diga de una postura ideológica o política.

Parece que ya no confiamos en nuestro propio criterio, pues nos da terror descubrir que aquello que nos apasionó o nos incomodó entra en conflicto con la moralidad líquida impuesta por los demás.

Rebeldía

Ahora hay una triangulación de la emoción, pues en lugar de experimentar algo de forma directa y asumir el riesgo de que la opinión pueda no ser bien recibida, delegan esa función en figuras de “autoridad” digital. Acuden a youtubers, streamers o influencers para buscar un soporte ideológico; básicamente se esperan a que alguien más se lance primero para ver desde qué tan alto estaría la caída.

Al adoptar la opinión de un influencer para protegernos de la masa renunciamos a la libertad de pensamiento y aceptamos convertirnos en un ladrillo idéntico y predecible dentro del mundo virtual… Another brick in the wall!

En mis columnas anteriores he insistido en que negarse a buscar nuevos horizontes es aceptar la muerte de la conciencia; hoy afirmo que permitir que un tercero filtre lo que debes pensar o sentir es un fracaso absoluto como personas libres. Actualmente la juventud parece perder la noción de que el verdadero peligro no es la crítica ajena o el ser vulnerable, sino el silencio cómodo y la pérdida de una opinión propia.

La verdadera rebeldía contemporánea ya no radica en sumarse al coro de jueces virtuales ni en repetir el linchamiento público del día bajo un estandarte de falsa superioridad moral. El verdadero acto de resistencia es atreverse a cultivar un gusto incómodo, sostener una postura propia y defenderla a capa y espada, incluso cuando el algoritmo entero te esté diciendo que estás equivocado.

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